Manifiesto de Carúpano | Ángel Omar García González

Simón Bolívar-Manifiesto de Carúpano

Amigas y amigos, constructores de sueños, forjadores de esperanzas: En el amplio repertorio de los documentos escritos por Simón Bolívar, el Manifiesto redactado en Carúpano, el 7 de septiembre de 1814, resulta poco conocido. Quizás haya contribuido a ello la poca referencia que de él hacen los historiadores. El texto, que no está incluido en las Obras Completas compiladas por Vicente Lecuna, puede encontrarse en el tomo 13 de las Memorias del General O’Leary.

El escrito, que marca la derrota de la llamada Segunda República, resulta particularmente interesante porque permite apreciar la dimensión dialéctica que experimentó el pensamiento del Libertador. El líder que lo escribe aun lleva la impronta de la clase social a la que perteneció.

La atalaya desde donde analizó las causas que condujeron a la nueva derrota del ensayo republicano, le impidió comprender el carácter elitista que para entonces tenía el proyecto emancipador; por eso juzgó muy severamente la actuación de los sectores populares y esclavizados. Una visión que cambiará tras el desembarco de la llamada expedición de Los Cayos en 1816.

 

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«Quise ir a buscar fortuna»

Con la entrada de Bolívar a Caracas, el 6 de agosto de 1813, comenzó el intento de restaurar el gobierno que había colapsado un año antes. El triunfo arrollador en la llamada Campaña Admirable, aunado al avance no menos exitoso del Ejército en el Oriente liderado por Santiago Mariño, brindaba optimismo a la causa republicana. Sin embargo, la predica de odio social y sanguinaria actuación de José Tomás Boves, resultaron letales en la nueva derrota republicana.

Boves, que no era un hombre de la aristocracia terrateniente y comercial, supo reconocer las aspiraciones populares y comprender que el proyecto emancipatorio republicano no se traducía en un cambio de la estructura social y los derechos de clase prevalecientes desde la colonia, sino tan solo la sustitución de una élite por otra. Promovió, entonces, un discurso de odio que se concretó en una práctica de tierra  arrasada, en la que asesinar a los hombres mantuanos, violar a sus madres, esposas e hijas y saquear sus propiedades, se convirtió en una forma de reivindicación social.

La anécdota, recogida por Vallenilla Lanz en su célebre texto Cesarismo Democrático, ilustra meridianamente lo señalado. Cuando Bolívar conoció al célebre “Negro Primero”, luego a saludarlo con afecto y congratularse con él, le preguntó:

 

¿Qué le movió a usted a servir en las filas de nuestros enemigos?—a lo que el negro respondió:

—Señor, la codicia.

—¿Cómo  así?—Respondió Bolívar

—Yo había notado —continuó el negro— que todo el mundo iba a la guerra sin camisa y sin una peseta y volvía después vestido con un uniforme muy bonito y con dinero en el bolsillo. Entonces yo quise ir también a buscar fortuna, y más que nada a conseguir tres aperos de plata: uno para el negro Mindola, otro para Juan Rafael y otro para mí.

 

La guerra de colores promovida y estimulada por Boves tuvo mayor repercusión que los escritos de libertad e independencia plasmados en las proclamas republicanas. Para los negros esclavizados, los campesinos y los sectores pobres y excluidos, la verdadera liberación no era zafarse del yugo español, era emanciparse del blanco criollo que lo sometía directamente. Era la lucha por justicia, libertad y propiedad de quienes producción la riqueza en base a la opresión, explotación, crueles maltrato y todo tipo de vejaciones, infringidas por una clase social privilegiada.

La anécdota recogida por Vallenilla también arroja luces sobre la idiosincrasia de los sectores sociales de entonces. Mientras la aristocracia criolla se esforzó durante la colonia en una competencia por exhibir quien poseía mejor estatus social, abolengo y privilegio; el testimonio del “Negro Primero” es mucho más humano y solidario. Él no buscaba solo el beneficio personal, también lucha por sus compañeros.

Esta dimensión política, económica y sociológica de la gesta emancipadora era incomprendida por el Bolívar que en septiembre de 1814 realiza un nuevo balance del proceso independentista y juzga duramente la actuación de los sectores populares. Una visión que cambiará en los próximos años conforme conozca otras experiencias políticas y realice nuevas reflexiones sobre el proceso emancipador.

Es el Bolívar dialéctico que encontramos posteriormente en múltiples ocasiones para hacer frente a las vicisitudes políticas: en 1817, ante el fusilamiento de Piar; en 1820, entrevistándose con Pablo Morillo para firmar el Armisticio y Tratado de Regularización de la Guerra; en 1826, otorgando una amnistía a Páez para evitar la guerra civil; o en 1828, conmutando la sentencia de muerte por destierro a Santander, también para evitar la guerra civil.

 

Vuestros hermanos han derramado vuestra sangre

Del Manifiesto de Carúpano pueden hacerse varias consideraciones básicas. En primer lugar, refleja en el respeto y la importancia que Bolívar tuvo hacia lo que, para entonces, podía entenderse como opinión pública. Tal como lo hizo en Cartagena, el escrito pretende hacer un balance de lo acontecido y ofrecer explicaciones de la derrota, además de solicitar indulgencia en las valoraciones que sobre las causas de la debacle puedan atribuirse a su desempeño, destacando el valeroso desempeño de los soldados neogranadinos que lo acompañaron desde la Campaña Admirable.

En segundo lugar, a diferencia del Manifiesto de Cartagena donde atribuye la derrota republicana a la implantación del sistema federal de gobierno, la impunidad de los delitos, el establecimiento de un papel moneda rechazado por los comerciantes por falta de respaldo y los efectos del terremoto de 1812; en Carúpano, Bolívar ve como principal y casi única causa de la derrota la incomprensión del pueblo ante la lucha republicana. El señalamiento es lapidario: la derrota patriota fue el resultado de “seres fanáticos cuya depravación de espíritu les hace amar las cadenas como los vínculos sociales”.

La República no se perdió nuevamente por la incapacidad de combate patriota, la falta de pertrechos o la ejecución de una desacertada estrategia de guerra, sino porque:

 

Vuestros hermanos y no los españoles han desgarrado vuestro seno, derramando vuestra sangre, incendiando vuestros hogares, y los han condenado a la expatriación. Vuestros clamores deben dirigirse contra esos ciegos esclavos que pretenden ligaros a las cadenas que ellos mismos arrastran; y no os indignéis contra los mártires que fervorosos defensores de vuestra libertad han prodigado su sangre en todos los campos, han arrostrado todos los peligros, y se han olvidado de sí mismos para salvaros de la muerte o de la ignominia.

 

El Bolívar que así se expresa todavía piensa en los términos del mantuanaje criollo. Para él, la causa de la derrota está en la incomprensión que, hacia la justa lucha emancipadora, han mostrado los sectores populares y esclavizados.

Sin embargo, a pesar de la dureza con la que más adelante continúa juzgando la actuación del pueblo pobre, su espíritu guerrero no claudica. Agradece el título de Libertador con que lo honró Caracas y ratifica la continuidad de la lucha: “Yo os juro que libertador o muerto, mereceré siempre el honor que me habéis hecho, sin que haya protestad humana sobre la tierra que detenga el curso que me he propuesto seguir hasta volver segundamente a libertaros”.

Las reflexiones que hace en el exilio, el conocimiento que tuvo de la experiencia política haitina y la propia dinámica de la guerra, producen un vuelco en su pensamiento. Por eso, el primer decreto de 1816, en Carúpano, tras el desembarco de la Expedición de Los Cayos, es ofrecer la libertad a los esclavizados. Planteamiento que ratificó en el discurso ante el Congreso de Angostura en 1819 y que incluye en la Constitución boliviana en 1826.

El Bolívar que piensa dialécticamente en este tiempo histórico entiende la dimensión política y social de la gesta emancipadora, comprende que el pueblo excluido es un factor fundamental en la nueva República, y que ella no puede existir mientras persistan las desigualdades e injusticias del pasado.

Es la transformación del Hombre de las Dificultades que da cuenta de la grandeza de su pensamiento y su acción política. Analizar su obra en términos dialécticos nos permite tener una valoración más humana y real de su vida, acción y pensamiento.

 

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"La Campaña de Oriente de 1813", por Ángel Omar García

Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.

 

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Ciudad Valencia/RN