Continuamos esta sexta travesía poética de la mano de Eugenio Montejo, pero de entrada haremos un recorrido por su obra desde diferentes perspectivas, En este sentido comenzaremos por citar algunos fragmentos del texto “El diccionario de Eugenio Montejo”, de Rubén Wisotzki, publicado en el Correo del Orinoco hace ya varios atardeceres.
Allí su autor establece una interesante relación respecto al significado de algunas palabras del diccionario y el cambio que se produce, tanto en su sentido como en su sonido, cuando el poeta, a través de la alquimia del verbo, poco a poco las va acercando a los límites del lenguaje hasta extraerles su quintaesencia:
Árbol, según el diccionario … Planta de tronco leñoso y elevado, que se abre en ramas a cierta altura del suelo, y cuyas hojas forman una copa de aspecto característico para cada especie… Según Eugenio Montejo: “Algunos de estos árboles son míos, / algunos de sus troncos renegridos, / -mis manos los sembraron. / Conozco el viento que sopla entre sus hojas, / los ecos que propaga en nuestras voces y el sólido silencio de la estatua”. (Del poema “Plaza Las Delicias”, del libro Partitura de la cigarra).
Nube, según el diccionario… Acumulación de pequeñas gotas de agua o de partículas de hielo que se mantienen en suspensión en el aire y que forman una masa de color variable según su densidad o según la luz… Según Eugenio Montejo: “Las nubes me dispersan por el mundo, / de país en país, de un puerto a otro, / a bordo de sus islas inocentes. / Las horas de mi infancia fueron nubes / entre los árboles de un patio, / el resto se me pierde en las estelas”. (Del poema “Las nubes”, del libro Algunas Palabras).
Río, según el diccionario… Corriente continua de agua, más o menos caudalosa, que desemboca en otra, en un lago o en el mar… Según Eugenio Montejo: “Yo soy mi río, mi claro río que pasa / a tumbos en las piedras. / Me circundan las horas y las ondas, / no sé adónde me arrastran, / desconozco mi fin y mi comienzo, / voy cruzando mi cuerpo como el arco de un puente”. (Del poema “Yo soy mi río”, del libro Terredad).
Voz, según el diccionario… Sonido que produce el aire expulsado de los pulmones al salir de la laringe, haciendo que vibren las cuerdas vocales… Según Eugenio Montejo: “Me valgo de mil voces pero pocas son mías, / pertenecen a seres que no conozco, / las he heredado tal vez hace ya siglos / y ocultas yacen en el fondo de mi sangre”. (Del poema “Voces”, del libro Fábula del escriba).
Seguidamente, continuamos con la transcripción literal de la disertación que el personaje que nos ocupa realizó en los espacios del antiguo Ateneo Municipal de Mariara.

Habla Eugenio Montejo:
Bueno, ahora les voy a leer un poema dedicado a Adriano González León, un poema corto. Voy a leer un par de poemas más para que podamos hablar. Se llama El canto del gallo:
El canto está fuera del gallo,
está cayendo gota a gota entre su cuerpo,
ahora que duerme en el árbol.
Bajo la noche cae, no cesa de caer
desde la sombra entre sus venas y sus alas.
El canto está llenando, incontenible,
al gallo como un cántaro,
llena sus plumas, su cresta, sus espuelas,
hasta que lo desborda y suena inmenso el grito
que a lo largo del mundo sin tregua se derrama.
Después el aleteo retorna a su reposo
y el silencio se vuelve compacto.
El canto de nuevo queda fuera
esparcido a la sombra del aire.
Dentro del gallo solo hay vísceras y sueño
y una gota que cae en la noche profunda,
silenciosamente, al tic-tac de los astros.
Este otro poema es del último libro, Adiós al siglo XX, se llama Tiempo transfigurado:
La casa donde mi padre va a nacer
no está concluida,
le falta una pared que no han hecho mis manos.
Sus pasos que ahora me buscan por la tierra
vienen hacia esta calle.
No logro oírlos, todavía no me alcanzan.
Detrás de aquella puerta se oyen ecos
y voces que a leguas reconozco,
pero son dichas por los retratos.
El rostro que no se ve en ningún espejo
porque tarda en nacer o ya no existe,
puede ser de cualquiera de nosotros,
–a todos se parece.
En esa tumba no están mis huesos
sino los del bisnieto Zacarías,
que usaba bastón y seudónimo.
Mis restos ya se perdieron.
Este poema fue escrito en otro siglo,
por mí, por otro, no recuerdo,
alguna noche junto a un cabo de vela.
El tiempo dio cuenta de la llama
y entre mis manos quedó a oscuras
sin haberlo leído.
Cuando vuelva a alumbrar ya estaré ausente.
Y finalmente les leeré un último poema que está aquí [Eugenio sostiene un libro entre sus manos], un poema amoroso titulado Mi amor, que también se incluye en Adiós al siglo XX, pero no salió en esta edición, va a salir en otra que estoy trabajando. Dice así:

En otro cuerpo va mi amor por esta calle,
siento sus pasos bajo la lluvia,
caminando, soñando, como en mí hace ya tiempo.
Hay ecos de mi voz en sus susurros
puedo reconocerlos.
Tiene ahora una edad que era la mía,
una lámpara que se enciende al encontrarnos.
Mi amor que se embellece con el mal de las horas,
mi amor en la terraza de un café
con un hibisco blanco entre las manos,
vestida a la usanza del nuevo milenio.
Mi amor que seguirá cuando me vaya,
con otra risa y otros ojos,
como una llama que dio un salto entre dos velas
y se quedó alumbrando el azul de la tierra.
Bueno, creo que con esto podemos comenzar a conversar. [Aplausos].
Gumersindo Reza: Yo no lo quise interrumpir cuando estaba leyendo, pero nosotros publicamos [se refiere al Taller Literario Hojas Sueltas], una revista conocida con un nombre muy singular: El Alimento Diario [la muestra al público]. En ella nos tomamos la libertad de publicar dos poemas de su autoría: Güigüe 1918 y Nuestros viejos.
Eugenio Montejo: Muchas gracias.
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G. R.: Es una revista que hacemos en homenaje a los viejos del pueblo, a sus fundadores.
E. M.: De nuevo, muchas gracias. Este es un pueblo que tiene sus conexiones con Güigüe a través de la Laguna de Tacarigua, y mientras más retrocedemos en el tiempo, más conexiones encontraremos.
G.R.: Y para reafirmar eso que usted acaba de decir, voy a leer un relato de un fabulador ya fallecido de nombre Pedro Castro:
“Resulta que una vez tuve que ir a la vega a sacar una yuquita. Cuando llego a la tabla de yuca y comienzo a jalarla y jalarla, me doy de cuenta que estaba dura la condená. Comencé a metele chícura por los laos, y al rato siento que viene una lancha “esbocá” por la laguna, y llegó derechito adonde yo estaba, y se apearon de la lancha el jefe civil y el cura de Güigüe. El jefe civil me dijo: “Mire don, usté está detenío”. Yo le pregunté: “¿Y eso por qué?”. Entonces, él me contestó: “Guá, porque cada vez que usté jala la condená yuca, tiembla la iglesia en Güigüe”. (Risas).
(Continuará). ¡Salud, Poetas!
¡Nos encontramos en Valencia y Puerto Cabello en la 19 Filven-Carabobo, del 3 al 5 de mayo!
***
Mohamed Abí Hassan (El Tigre, 1956). Poeta, artista visual y editor independiente. Licenciado en Educación, Mención Artes Plásticas (cum laude), por la Universidad de Carabobo (UC). Ha ejercido la docencia en la UC y en la Universidad Arturo Michelena. Ha sido colaborador en las revistas Poesía y La Tuna de Oro (UC). Primer Premio II Bienal de Literatura Gustavo Pereira, Mención Poesía 2013; Primer Premio IV Bienal de Literatura José Vicente Abreu, Mención Poesía 2016; Primer Premio Concurso Nacional del II Festival 3.0 de Historias Comunales Ramón Tovar (2022).
Formó parte de la Comisión Rectoral del Encuentro Internacional de Poesía de la UC. Coordinó el Taller de Formación de Cronistas Comunales en Mariara, estado Carabobo, auspiciado por el Minci, la Revista Nacional de Cultura y el Centro Nacional de Historia. Actualmente se desempeña como facilitador de talleres de iniciación en la creación literaria, así como talleres sobre patrimonio histórico.
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