Yara

En la historia oficial de la conquista, la resistencia suele medirse en batallas libradas y territorios perdidos. Sin embargo, existe una forma de resistencia más profunda, sutil e inmortal: la resistencia del espíritu y la identidad. En el corazón de Venezuela, esta fuerza tiene nombre de mujer, ojos de agua y el poder de la montaña. Su nombre es Yara.

Este artículo explora cómo esta figura no es un vestigio del pasado, sino el símbolo más exitoso de la supervivencia de la esencia indígena frente a la colonización.

 

  1. El mito de origen: La divinidad de la tierra

Mucho antes de que el pensamiento europeo llegara a estas tierras, la tradición oral de los pueblos Caquetíos y Jirajaras ya hablaba de Yara. Hija del cacique Yaracuy, nació con una característica que la marcaba como un ser de transición: sus ojos eran claros, verdes como el fondo de los ríos.

La leyenda cuenta que fue consagrada a la Gran Anaconda, el espíritu dueño de las aguas. Pero lejos de ser un sacrificio de muerte, su unión con la serpiente representó una deificación. Yara no murió; se transformó en la dueña de las aguas y los bosques, fusionándose con la geografía misma.

 

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¿Por qué esto es resistencia?

Porque establece que lo sagrado en estas tierras no fue importado. Yara representa una espiritualidad que emana de la tierra, el agua y la selva. Al reconocerla, se valida que el territorio ya tenía su propia soberanía espiritual antes de cualquier mapa o cruz.

 

  1. El Camuflaje cultural: La diosa que se adaptó

La verdadera genialidad de la figura de Yara fue su capacidad de permanecer a través de los siglos. Cuando la colonia intentó borrar las creencias nativas, Yara no desapareció; se transformó.

Yara

Adoptó rasgos que la hicieron transitable en el nuevo mundo, permitiendo que su identidad indígena sobreviviera bajo el nombre de «María Lionza«. Este proceso no fue una derrota, sino una estrategia de supervivencia. Al convertirse en un símbolo mestizo, aseguró que la esencia de la mujer indígena y el respeto por la naturaleza nativa perduraran bajo una capa de protección que los colonizadores no pudieron destruir.

Mientras los templos de piedra se levantaban, Yara seguía siendo la dueña absoluta de la fe en lo natural, recordándonos que las raíces antiguas pueden cambiar de forma para no morir.

 

  1. La soberanía de la naturaleza: El templo verde

Los conquistadores fundaron ciudades y trazaron caminos para dominar el paisaje. Pero la figura de Yara se retiró a la montaña de Sorte, un espacio donde la «civilización» nunca pudo imponerse del todo.

Yara representa la soberanía de lo salvaje. Al hacer de la montaña su morada, estableció un territorio donde la ley humana es secundaria frente a la ley de la naturaleza. En este espacio sagrado:

* La tierra no es una mercancía, sino una madre.

 * El agua no es un recurso, sino la sangre de la Diosa.

Ella es la guardiana ecológica original. Su resistencia consiste en recordarnos que, a pesar de los avances tecnológicos, el ser humano sigue dependiendo del equilibrio de la tierra que Yara protege.

 

  1. La identidad que prevalece

Yara es el símbolo definitivo de la resistencia indígena porque su legado es invicto. Imperios han caído y sistemas políticos han desaparecido, pero su nombre y su conexión con la tierra venezolana siguen intactos.

Ella nos enseña que resistir no siempre es chocar de frente contra el opresor. A veces, resistir es ser como el agua de sus ríos: fluir, adaptarse a las piedras del camino, rodear el obstáculo y, finalmente, seguir su curso hasta que la piedra se desgaste.

Yara vive en cada río y en cada bosque, recordándonos que la memoria ancestral de la tierra es, en última instancia, imposible de conquistar.

 

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Esteban Orlando Rodríguez-columna-arte generativo

Esteban Orlando Rodríguez (Caracas, 1977), ha realizado estudios en la Academia López y Acosta, donde además del comic y el dibujo, tuvo sus primeras experiencias con la pintura al óleo, asimismo se formó en las escuelas de arte Cristóbal Rojas de Caracas y Arturo Michelena de Valencia, hasta culminar estudios en la Academia Giovanni Batista Scalabrini, donde trabajo en el Departamento de Escultura y fue instructor de dibujo y pintura durante varios años. Actualmente participa como tallerista en el área de manga (cómic japonés) en el Museo de Arte Valencia (MUVA).

 

Ciudad Valencia/RM