Salvador Dalí

En esta ciudad que se sueña a sí misma entre relojes blandos y aceras que se derriten al mediodía, aparece Salvador Dalí como un fantasma lúcido, un animal de gala, un escritor que pintaba y un pintor que escribía. No vino a Valencia, pero Valencia lo ha visto. Lo ha visto en los muros que se agrietan con dignidad, en los vitrales que lloran luz, en los niños que dibujan ojos desmesurados en sus cuadernos. Lo ha visto porque Dalí no necesita estar: basta con que exista.

Dalí fue muchas cosas, y todas verdaderas. Pintor, escultor, escenógrafo, cineasta, diseñador, pensador, provocador, escritor. Pero sobre todo, fue un hombre que escribió con imágenes y pintó con palabras. Su prosa, como su pincel, no obedecía a la lógica sino al vértigo. En sus textos, los rinocerontes se aparean con las matemáticas, y los ángeles tienen la forma de una cucharilla de café. En sus cuadros, el tiempo se derrite como un mango en agosto. Y en su vida, Gala.

Gala Éluard, nacida Elena Ivanovna Diakonova, fue más que musa. Fue frontera, fue espejo, fue la que sostuvo la locura para que no se desbordara. Dalí la conoció cuando ella aún era esposa del poeta Paul Éluard, y desde entonces, Gala fue su única mujer, su única obsesión, su única patria. “No me he vuelto loco porque ella ha asumido toda mi locura”, dijo él. Y eso basta. Gala manejaba sus finanzas, sus contratos, sus silencios. Le dio forma al caos, le dio cuerpo al mito. En Cadaqués, en Port Lligat, en el castillo de Púbol, Gala fue el centro de gravedad de un universo que giraba con relojes blandos y bigotes afilados.

Pero Dalí también fue escritor. Publicó ensayos, memorias, manifiestos, cartas, todos con la misma intensidad con la que pintaba. Su libro La vida secreta de Salvador Dalí es un monumento a la exageración lúcida, una autobiografía donde cada página es un cuadro y cada frase una pincelada. En él, Dalí se inventa y se revela, se burla y se confiesa. Es un texto que no se lee: se contempla.

Y en esta ciudad nuestra, donde los relojes no se derriten pero sí se atrasan, donde los bigotes no se curvan pero sí se afilan, Dalí es una presencia que se filtra por las rendijas del asfalto. En cada esquina hay una Gala que sostiene la cordura de un artista, en cada plaza hay un Dalí que escribe con crayones invisibles. Porque la ciudad también es surrealista, aunque no lo sepa. Porque la poesía no siempre rima, pero siempre revela.

 

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Dalí murió en 1989, pero no se fue. Gala lo precedió en 1982, y aún lo espera en el castillo que él le regaló, donde solo podía entrar con invitación escrita. Allí están, juntos, como dos relojes que se derriten en la eternidad. Y nosotros, desde esta Valencia que también sueña, los recordamos no con nostalgia, sino con complicidad.

Porque si algo nos enseñó Dalí, es que la locura puede ser método, que el amor puede ser arquitectura, y que la escritura puede ser pintura. Y en esta columna, que es verso y prosa, que es ciudad y memoria, lo celebramos como se celebra a los que no caben en los márgenes: con palabras que se curvan, con imágenes que respiran, con verdad que se sueña.

Salvador Domingo Felipe Jacinto Dalí i Domènech, nació el 11 de mayo de 1904 en Figueres, Cataluña, España. Fue un artista polifacético y uno de los máximos exponentes del surrealismo, conocido por su estilo provocador, su bigote icónico y su imaginación desbordante.

Fechas clave:

– 1922: Ingresa a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid.

– 1929: Conoce a Gala Éluard, quien se convierte en su musa, compañera y eje vital.

– 1931: Pinta La persistencia de la memoria, su obra más célebre.

– 1934: Se casa civilmente con Gala.

– 1942: Publica su autobiografía La vida secreta de Salvador Dalí.

– 1958: Se casa por la Iglesia con Gala.

– 1974: Inaugura el Teatro-Museo Dalí en Figueres, su última gran obra.

– 10 de junio de 1982: Muere Gala. Ese mismo año, el rey Juan Carlos I le concede a Dalí el título de Marqués de Dalí de Púbol.

– 23 de enero de 1989: Muere en Figueres a los 84 años. Está enterrado en el Teatro-Museo Dalí, bajo la gran cúpula que él mismo diseñó.

 

Frase célebre de Dalí:

“Ella fue mi victoria total. Gala me arrancó del infierno.”

Salvador Dalí Cuadro

El famoso cuadro de Salvador Dalí se llama «Cristo de San Juan de la Cruz« y fue pintado en 1951, inspirándose en un dibujo del místico San Juan de la Cruz y en una visión onírica para representar a Jesús crucificado desde una perspectiva inusual, sin los clavos ni la corona de espinas, buscando la belleza divina más que el sufrimiento.

 

Gala y su Dalí

En la sien del tiempo, Gala borda

un jardín de espejos relojes blandos.

Dalí, con ojos de almendra rota,

le ofrece su cráneo como campo santo.

Ella dice: “Pinta lo que arde,”

él dibuja lunas en carne viva,

cruces sin clavos, cuerpos sin sombra,

porque su amor no cabe en custodia.

JLuisTroconisB.

Salvador Dalí y Gala

La piel de Gala

La piel de Gala era un río

de jazmines en la sombra,

una luna que lloraba

cuando Dalí la nombraba.

 

Tenía sal de Elena

y un temblor de mariposa,

que al roce de su silencio

se volvía rosa rota.

JLTB

 

Gala y Salvador

 

La eternidad según Dalí

El reloj colgaba del olivo como un lagarto dormido. Dalí lo miraba sin pestañear, con la misma devoción con que los niños miran a los santos de yeso. Había extendido un mantel de lino sobre la arena, dispuesto tres pinceles, una copa de vino y un espejo que no reflejaba nada.

— No vengas con parábolas — murmuró, mientras el cielo se abría como una granada madura — Hoy quiero respuestas con bigote.

El viento, que hasta entonces había dormido en las ramas, empezó a girar en espiral sobre su cabeza. Las nubes se recogieron como cortinas de teatro, y una voz sin garganta le ofreció una paleta con colores que no existían.

Dalí sonrió. No por cortesía, sino porque entendía el idioma de los imposibles.

— Entonces es cierto — pensó, mientras el pincel flotaba solo sobre el lienzo

— Dios también pinta en sueños.

Y siguió hablando con Él, como quien conversa con su reflejo en una gota de mercurio.

José Luis Troconis Barazarte

 

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José Luis Troconis Barazarte 1

José Luis Troconis Barazarte es artista, narrador, docente y sembrador de lenguajes. Licenciado y Magíster en Artes Visuales y Escénicas por Strayer College (Washington D.C.), doctor en Historia del Arte por Bircham International University y la Universidad de Salamanca (España), ha hecho de la interdisciplina su firma y de la cultura su morada.

Fue director de Cultura de la Universidad Arturo Michelena y coordinador cultural de la Alianza Francesa de Valencia. Fundó y dirige CEINFOLEIM, un espacio de creación y formación artística donde enseña siete idiomas, música y literatura creativa. Desde allí impulsa movimientos como Cacao Tekisuto, centrados en el mestizaje simbólico y la maduración lenta del arte.

Ha sido premiado en certámenes de relato breve en España, ganador de la Bienal Internacional de Literatura Vicente Gerbasi (2017) y ha publicado los libros Empáticos y Cartas a la Soledad (2025). Su obra circula en más de 30 antologías digitales. 

Interprete de lengua de señas, diseñador digital, guionista, director coral y fundador de FUNDÁCRO, su travesía creativa se nutre de la danza, el relato, la música y como médico de la sanación. 

 

Escribe como quien borda, con barro en los pies

cielo en la lengua, fuego en la voz,

con oído de calle y pulso de viento. 

Poeta que escucha lo que otros callan 

y traduce silencios en tinta viva.

(Reseña de Antonio V. Díaz B.)

 

Ciudad Valencia/RM