Municipio Andrés Eloy Blanco

Desde la mirada de la educación en patrimonio cultural que transmite, documenta, promociona y enriquece, hablaré del municipio Andrés Eloy Blanco, estado Barinas y sus elementos asociados, declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, Gaceta Oficial N° 38.234 del 22-07-2005. Toda vez, como Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14-05-2025).

 

El portal del llano indómito y la memoria en Andrés Eloy Blanco

Nos adentramos hoy en el corazón latente de Barinas para descifrar los encantos del municipio Andrés Eloy Blanco, una tierra donde la majestuosidad del llano se abraza con el aliento de los ríos y la calidez insobornable de su gente. Bajo el cielo infinito de esta geografía soberbia se yergue El Cantón, su vibrante capital, un enclave histórico que parece detenido en la pausa poética del tiempo, donde cada esquina murmura leyendas de libertad y los atardeceres tiñen el horizonte de un fuego dorado inolvidable. Recorrer sus senderos es entregarse a una travesía sensorial donde el verdor de la vegetación tropical dialoga con la faena diaria, ofreciendo al viajero un refugio autóctono de paz, tradición y gastronomía criolla que despierta los sentidos. En esta entrega los invito a cruzar los umbrales de este tesoro barinés, a dejarse llevar por el murmullo de sus aguas y a descubrir por qué El Cantón no es solo un destino en el mapa, sino una experiencia lírica que se queda a vivir en la memoria de quien la contempla.

Nacido administrativamente el 17 de abril de 1999, este municipio ostenta una arquitectura territorial bendecida por la abundancia. Dividido en tres parroquias fundamentales, El Cantón como centro político y espiritual, Santa Cruz de Guacas y Puerto Vivas, el territorio constituye una verdadera fortaleza ecológica. Su suelo es custodiado por la imponencia hídrica de los ríos Caparo, Uribante y Doradas, arterias fluviales que alimentan la vida silvestre y económica de la región. Asimismo, la Reserva Forestal de Caparo abraza más de 175.000 hectáreas de bosque denso, hogar de maderas nobles como el pardillo, el saqui-saqui, el cedro, la caoba y el majestuoso samán. Hacia el sector de Puerto Vivas, en el paraje conocido como Pata de Gallina, el subsuelo guarda vetas de arenas silíceas, demostrando la riqueza mineral que coexiste con las viviendas tradicionales de arquitectura criolla que aún engalanan sus caseríos.

 

DE LA MISMA AUTORA: MUNICIPIO ALBERTO ARVELO TORREALBA: ESTADO BARINAS

 

El templo de la Inmaculada Concepción

En el corazón urbano de Santa Cruz de Guacas se alza la Iglesia Inmaculada Concepción, un templo cuya historia se cimentó en la piedad comunitaria a mediados del siglo XX. Fundada hacia 1955 gracias a la generosidad de doña Dilia de García, quien donó parte del solar de su propia vivienda para levantar la casa de Dios, fue posteriormente inaugurada por el recordado párroco Lorenzo Antonio Vivas. Arquitectónicamente, el edificio presenta una rigurosa planta rectangular de tres naves, divididas interiormente por elegantes hileras de arcos de medio punto sostenidos sobre columnas de mampostería. Adosada a su fachada, del lado de la epístola, una imponente torre campanario de tres cuerpos remata en una pirámide truncada coronada por una cruz que otea el horizonte.

El templo destaca por sus soluciones constructivas adaptadas al clima tropical, valiéndose de muros colados a lo largo de las fachadas laterales para permitir un flujo constante de brisa. La fachada principal centra su sobrio atractivo en un pórtico de entrada resguardado por cuatro columnas, un tímpano con molduras lisas y una estructura que fue modernizada en 1998 con apoyo gubernamental, incorporando pisos de granito y mármol. Más allá de su valor estético, la iglesia representa el eje cívico-religioso donde la comunidad celebra sus bautizos, primeras comuniones y misas patronales, reafirmando año tras año la fe que sostiene la identidad local.

 

Plazas y arquitectura del encuentro

Frente a la Escuela Bolivariana General Pedro Briceño Méndez y custodiada por la mirada atenta de sus pobladores, la Plaza Bolívar de El Cantón constituye el epicentro cívico por excelencia. Delimitada por avenidas sombreadas por frondosos árboles nativos, la plaza despliega un trazado de caminerías esquineras y centrales abastecidas con bancos de hierro y concreto. En su centro republicano se erige la estatua pedestre del Libertador Simón Bolívar, un monumento que tras su reciente restauración descansa sobre un pedestal elevado rodeado de áreas verdes adaptadas para el encuentro popular, las festividades patronales y los actos conmemorativos.

Curiosamente, dentro del entramado urbano de esta misma plaza sobrevive un elemento folclórico entrañable: el Palomar de la Plaza Bolívar. Se trata de una estructura artesanal de madera de dos compartimientos, diseñada con múltiples aberturas para el cobijo de palomas. La historia local recuerda que perteneció originalmente a Humberto Vera, emblemático dueño de la farmacia El Cantón, quien la cedió a Omar Ramones; este último, durante su gestión como presidente de la Junta Comunal en 1991, la donó a la plaza para el disfrute visual de las familias que tarde a tarde caminan bajo la sombra de sus árboles.

De igual manera, la Plaza Bolívar de Puerto Vivas ofrece una estampa de frescura y esparcimiento. De planta rectangular y accesible mediante suaves desniveles, cuenta con caminerías de cemento e incrustaciones de ladrillo, bancos decorativos de hierro forjado y un busto en bronce del Libertador. Muy cerca de allí, el Malecón de Puerto Vivas se levanta a orillas del río Doradas como una muralla de ladrillos y rejería adornada con jardineras y samanes, construida para contener las crecidas del cauce y regalar a locales y visitantes un paseo fresco donde contemplar la fuerza del agua.

 

Ingeniería rural y tradición dulce

El desarrollo técnico del municipio conserva monumentos a la tenacidad rural, siendo el Antiguo Acueducto de Santa Cruz de Guacas uno de los más significativos. Levantado en 1962 por la División de Acueductos Rurales del Ministerio de Sanidad junto al Ejecutivo regional, el complejo conserva su caseta de bombas fabricada en bloques de ventilación y sus imponentes tanques de acero de tres metros de diámetro, suspendidos a quince metros de altura sobre reticulados metálicos. Como testimonio de aquella proeza de ingeniería pública, la vecina Dilia García conserva intacta la placa inaugurativa de acero inoxidable traída en su momento por el gobernador Adonai Noguera.

Por su parte, el procesamiento artesanal de los frutos de la tierra tiene su máxima expresión en el trapiche de moler caña de azúcar del sector El Hospital. Apoyado sobre dos gruesas columnas llamadas madrinos, el mecanismo utiliza dos gruesos rodillos de madera conocidos como masas, impulsados por palancas y asegurados con cuñas del mismo material. Popularmente denominados “mata cuatro” debido a que demandan la fuerza coordinada de cuatro hombres: dos para moler, uno para prensar y otro para retirar el bagazo, estos trapiches siguen siendo el motor para la extracción del guarapo fresco y la melaza tradicional que endulza el café de las mañanas barinesas.

 

Santuarios naturales y huellas del pasado

El espectáculo de la naturaleza alcanza niveles sublimes a orillas del río Caparo, una majestuosa corriente de 460 kilómetros que nace en las cumbres andinas de Mérida, atraviesa Táchira y Barinas, y muere en el río Sarare de Apure. En sus márgenes se ubica el afamado Garcero del río Caparo, un santuario ecológico donde desde hace más de cinco décadas miles de garzas blancas nidifican y descansan sobre las copas de los árboles de guamo. Consientes del valor paisajístico de este fenómeno, desde el año 2001 las autoridades locales promovieron la integración de malecones turísticos en las viviendas ribereñas de El Cantón, permitiendo observar la sincronía de las aves al atardecer.

La memoria histórica del municipio hunde sus raíces en relatos ancestrales y vestigios arqueológicos. En Santa Cruz de Guacas perdura el recuerdo del Antiguo Cementerio Indígena, un yacimiento de unos 800 metros cuadrados del cual se extrajo la legendaria primera campana de la iglesia San Miguel Arcángel de El Cantón, reposando hoy en el templo de la Inmaculada Concepción. Asimismo, en el patio de la familia Rangel, en el sector Cantón Viejo, se preservan restos del primer camposanto hispánico de la localidad, destacando una delicada lápida de 1951 tallada con la silueta de un ángel. En este mismo sector se mantiene en pie la casa más antigua de Cantón Viejo, una edificación con más de un siglo de historia que albergó la primera medicatura del pueblo y cuya estructura de muros dobles y planta en L desafía el paso de las décadas.

 

Manos llaneras: Talabartería, madera y redes de agua

El genio creador del habitante de Andrés Eloy Blanco se manifiesta de forma impecable en la talabartería, un oficio artesanal compartido con el vecino municipio Ezequiel Zamora que transforma el cuero en piezas de arte utilitario. Valiéndose de herramientas tradicionales como lesmas, mazarotas, hormas, estampadores y charol, los maestros talabarteros elaboran desde afamadas sillas de montar galápago, aperos, polainas y pecheras, hasta alpargatas, fundas y cintas trenzadas. Es un saber heredado que abastece tanto al peón de brega como a clientes que encargan piezas desde la región andina, el oriente y el centro del país.

El dominio de los ríos exige también destrezas navales y pesqueras únicas. En las riberas del Uribante y el Guacas, los artesanos continúan tallando canoas de madera a partir de un solo tronco de jabillo, empleando hachas, chuetas y barretones curvos para dar forma a embarcaciones de hasta ocho metros de largo. En simultáneo, el tejido de atarrayas constituye una manifestación viva de la cultura pesquera; teñidas en nailon mediante un ajustado nudo cónico emplomado en los bordes, estas redes son confeccionadas por cultores locales de la talla de Diómedes Berrios, Ruperto Molina, Felipe Bolaños, Luz Vera y Olga de Uzcátegui, cuyos productos son reconocidos en todo el estado Barinas como patrimonio tangible.

 

Festividades, café y colecciones

La vida comunitaria del municipio vibra al ritmo de sus efemérides productivas y religiosas. Destaca de manera especial el Día del Pescador, festividad creada el 18 de enero a raíz de una investigación de la Escuela Bolivariana Mateo Sexagésimo Ostos. Cada año, Puerto Vivas reúne a cientos de pescadores y visitantes de Venezuela y Colombia en competencias de pesca con atarraya y anzuelo, acompañadas de coporos asados en vara, danzas folclóricas y música sabanera. De igual forma, cada 15 de mayo las calles se visten de flores para las Fiestas de San Isidro Labrador, donde la imagen del santo recorre los hogares entre cantos y peticiones por la fertilidad de los campos.

El verdadero combustible cotidiano de este pueblo es, sin duda, el cultivo del café. Actividad económica transversal que involucra a la totalidad de las familias, el cafeto se cultiva tanto en pequeños huertos familiares como en extensas hectáreas de montaña y llano. Las plantas, caracterizadas por una asombrosa resistencia a las plagas y la intemperie, producen un grano denso que al ser tostado y molido entrega ese elixir oscuro de aroma penetrante que marca la jornada del venezolano desde el amanecer.

Finalmente, la memoria material se resguarda en testimonios como la Colección de Druzzo Hernández, un valioso archivo privado que alberga una registradora de bronce y níquel de los años 60 traída de San Cristóbal, cámaras fotográficas históricas de las marcas AGFA (años 50), Leodate (años 70) y Kodak (1962), y una tradicional lámpara de gasolina Coleman. Sumado a espacios emblemáticos como la Parada de Santa Cruz de Guacas, punto de encuentro comercial y neurálgico del transporte urbano o la icónica casa fundacional del sector Caño Anarú levantada por Víctor López, el municipio Andrés Eloy Blanco exhibe con orgullo el perfil de una tierra rica, viva y lista para ser redescubierta por el turismo nacional.

 

Sinfonía de flora y fauna

Bajo el manto soberbio del llano barinés, donde el paisaje muta entre el susurro seco del verano y el espejo infinito de las sabanas inundadas por el invierno, la naturaleza despliega un lienzo de belleza desbordante en los municipios Andrés Eloy Blanco y Ezequiel Zamora. Aquí, la tierra respira a través del verdor eterno de los samanes, la elegancia erguida de las palmas llaneras y el estallido dorado del araguaney, tejiendo bosques de galería donde el lirio de agua y la flor de nácar perfuman el cauce de los ríos. En este santuario indómito, el majestuoso jaguar, el chigüire contemplativo y la elusiva danta comparten suelo con la mirada profunda del oso frontino, mientras el cielo se convierte en una fiesta de plumas de colores donde corocoros, guacamayas y turpiales trazan estelas sobre las aguas. Entre el sigilo del caimán del Orinoco y el vuelo pausado de las garzas en los esteros, este rincón de Barinas se revela como un poema vivo, un refugio salvaje y fascinante que palpita con la fuerza pura del alma venezolana.

 

El susurro eterno de El Cantón

Recorrer el municipio Andrés Eloy Blanco es, en última instancia, reconciliarse con la esencia más pura de la venezolanidad, allí donde el tiempo parece detenerse para escuchar el canto de las garzas y el rumor firme de sus ríos. Desde la majestuosidad verde de la Reserva de Caparo hasta el fervor callado de la Inmaculada Concepción, pasando por el chasquido artesanal de los trapiches y la maña noble de los talabarteros, cada rincón de esta tierra barinesa guarda un secreto que merece ser contado y vivido. El Cantón, Santa Cruz de Guacas y Puerto Vivas no son meros puntos cardinales en la geografía del llano, sino portales hacia un modo de vida donde la hospitalidad es ley y la naturaleza, un templo abierto. Al cerrar esta entrega, les aseguro que quien cruza estos caminos y contempla el atardecer dorado desde sus malecones, no solo descubre un destino inolvidable, sino que deja un pedazo de su propia alma sembrado para siempre en el corazón indómito de Barinas. ¡Visitemos, preservemos y salvaguardemos, estos elementos y sitios Declarados Bien de Interés Cultural!

 

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Danfny Velásquez-columna Patrimonio Cultural de Venezuela

Danfny Esther Velásquez Sosa (1960, Santa Ana, Nueva Esparta) danfnyescritora@gmail.com: Escritora, locutora, maestra pueblo en la Radiodifusión Sonora, productora nacional independiente, cronista comunal, abogada y científica social (doctora en Ciencias de La Educación y en Patrimonio Cultural). Actualmente es la directora interinstitucional de Radio América: R. A. «La Onda de la Alegría» 90.9 FM, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación (G. O. N° 42.670, del 13-07-2023).

Su trayectoria incluye un TSU en Producción de Medios de Comunicación Social (Alternativa, Popular y Comunitaria), una licenciatura en Pedagogía Alternativa, sub-área Registro del Patrimonio Cultural, y un posdoctorado en Corrientes Filosóficas para la Investigación.

 

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Ciudad Valencia/RM