Desde la mirada de la educación en patrimonio cultural que transmite, documenta, promociona y enriquece, hablaré del municipio Alberto Arvelo Torrealba, estado Barinas y sus elementos asociados, declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, Gaceta Oficial N° 38.234 del 22-07-2005. Toda vez, como Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14-05-2025).
Tierra de Florentino: El Latir Poético de Alberto Arvelo Torrealba
Hay tierras en la geografía venezolana que parecen esculpidas con el barro de la leyenda y el susurro infinito del viento. Al noroeste del majestuoso estado Barinas, donde las estribaciones de la cordillera andina se rinden suavemente ante la inmensidad del llano, emerge el territorio que hoy honra la memoria de Alberto Arvelo Torrealba. Esta explanada de horizonte abierto, abrazada por las corrientes cantarinas de los ríos Boconó y Masparro, fue moldeada desde tiempos remotos como una campiña despejada de arboledas densas, vestida de verde gramínea y arbustos silvestres que los antiguos moradores bautizaron con el entrañable diminutivo de sabanetas.
Hacia las postrimerías del siglo XVIII, específicamente en las décadas finales de los mil setecientos, el flujo migratorio proveniente de la antigua ciudad de Barinas, de la altiva Guanare y de la lejana Santiago de León de Caracas comenzó a tejer un entramado humano de profunda vocación agrícola y ganadera. Fue en ese horizonte sin fronteras donde, tras la histórica visita pastoral del obispo Mariano Martí hacia 1780 para otorgar la cura de almas a sus pobladores, se erigió formalmente la villa de Nuestra Señora del Rosario de la Sabaneta; un rincón de fe y trabajo que para 1787 ya resguardaba en sus más de ciento sesenta casas el latido vital de casi dos mil almas comprometidas con el cultivo de la tierra y la cría del ganado.

De villa colonial a crisol de la historia nacional
Lo que nació como un humilde asentamiento agrícola flanqueado por caños y sabanotones se transformó, con el discurrir de los siglos, en una encrucijada fundamental para la memoria colectiva e histórica de Venezuela. En el año 1975, en reconocimiento a su arraigo geográfico y a la densidad cultural de sus campos, la antigua estructura distrital dio paso a la creación del municipio Alberto Arvelo Torrealba, designando a Sabaneta como su capital inalienable. Pero Sabaneta no solo guarda en sus cimientos el olor a tierra mojada y a caña de azúcar; esta cuna llanera es también el suelo natal de figuras que marcaron el devenir político y social de la nación en la contemporaneidad. De sus calles anchas y sus casas de zaguán florecieron raíces profundas como las de la familia Chávez; destacando la figura del expresidente de la República Hugo Rafael Chávez Frías. Además de otras personalidades, convirtiendo a esta pequeña villa en un punto de referencia ineludible para el estudio de la historiografía venezolana.
El bardo del llano y el canto del cuatro universal
Hablar de este municipio es invocar al mismo tiempo la esencia más pura de la poesía telúrica y la erudición académica de Venezuela. Nacido el 4 de septiembre de 1905 en la ciudad de Barinas, este abogado, educador y ensayista encarnó como nadie el espíritu de los célebres “Aedas del Llano”, logrando traducir el paisaje, el calor y la mitología llanera a una métrica perfecta y de refinada belleza. Formado en sus primeros años en la tierra natal y luego graduado de bachiller en el Liceo Caracas en 1927, Arvelo Torrealba obtuvo el título de abogado y el doctorado en Ciencias Políticas por la Universidad Central de Venezuela en 1935.
Su andar lírico floreció tempranamente con la publicación de su primer poemario, Música de cuatro, en 1928, marcando el inicio de una vocación intelectual que combinaría con maestría a lo largo de su vida con la docencia en la asignatura de castellano y literatura en prestigiosos planteles capitalinos como el Liceo Andrés Bello y el Fermín Toro, la inspección técnica educativa en el Distrito Federal y el ejercicio de cargos de alta responsabilidad pública en los llanos occidentales.
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De las glosas populares al mito inmortal de Florentino
La vida política y literaria de Alberto Arvelo Torrealba se entrelazó indeleblemente con el desarrollo social de la región. Siendo secretario de gobierno en Portuguesa y posteriormente presidente del estado Barinas entre 1941 y 1944, desplegó una visión progresista al sanear los cauces de los ríos Pagüey y Masparro, devolviendo la navegabilidad y el dinamismo comercial a las rutas fluviales del occidente.
Sin embargo, fue en el ámbito de las letras donde su genio alcanzó la inmortalidad: en 1940, con la publicación de sus célebres Glosas al cancionero, vio la luz la primera versión de su obra cumbre, Florentino y el diablo, la épica contienda en verso octosílabo donde la astucia del coplero criollo vence al Mandinga a fuerza de canto, improvisación y fe. Su trayectoria como embajador en Bolivia e Italia, ministro de Agricultura y Cría, traductor de poetas de la talla de Giuseppe Ungaretti y estudioso de la obra de Francisco Lazo Martí culminó con su incorporación como Individuo de Número a la Academia Venezolana de la Lengua en 1968, consolidando un legado que Orlando Araujo inmortalizaría en su ensayo Contrapunto de la vida y la muerte, y que hoy constituye el alma poética del municipio que orgullosamente lleva su nombre.
El laberinto verde y monumental de la Plaza Bolívar
En el corazón palpitante de Sabaneta, la Plaza Bolívar se erige como un monumento vivo al encuentro comunitario y una de las joyas urbanas más deslumbrantes de la geografía llanera. Su traza geométrica, concebida como un sobrio cuadrado que se despliega en armoniosos redondeles de grama y plantas ornamentales, invita a la contemplación bajo la sombra benigna de sus árboles frondosos.
Caminerías de pulcro cemento, enlazadas por el marco cálido de cadenas de ladrillo rojo, guían los pasos hacia el centro de la plaza, donde un gran redondel recubierto en baldosas de granito abraza un pequeño muro que sostiene cuatro puentecillos ornamentales de barandillas oscuras. Sobre este cuerpo central, los arcos y puentes se reflejan serenamente en un espejo de agua, elevando el pedestal desde el cual la figura pedestre del Libertador Simón Bolívar vigila el devenir del pueblo, sosteniendo su espada orientada hacia la tierra en ademán de paz. Esta cuidada simbiosis entre la arquitectura civil, el frescor de sus aguas y la exuberancia floral convierte a la plaza no solo en un tributo al Padre de la Patria, sino en el oasis imprescindible donde la memoria de los sabanetenses se reúne al caer la tarde.
Misticismo mozárabe y la cantera de la juventud
Apenas a unos pasos de este espacio público, en la esquina contigua que abraza el horizonte del pueblo, emerge imponente la Iglesia Católica Nuestra Señora del Rosario, custodia espiritual y baluarte del patrimonio arquitectónico de la ciudad. Edificada en un expresivo ladrillo rojo requemado, la silueta de este templo rinde un singular homenaje a las influencias mozárabes mediante un pórtico circular que cobija la esquina sobre seis majestuosas columnas unidas por arcos, las cuales encuadran la puerta principal y sostienen con elegancia los extremos del techo.
La fachada se corona con una elevada torre campanario, cuyas paredes se abren en los brazos de una amplia cruz que permite el paso del aire y de la luz, llamando a los feligreses a congregarse para dar gracias y venerar a su Santa Patrona. En consonancia con este espíritu de fe y renovación, la vida comunitaria de Sabaneta honra también el ímpetu de sus nuevas generaciones a través de la Plaza del Estudiante, espacio semicircular erigido tras el decreto municipal de noviembre de 2003, cuyo piso de concreto con detalles en arcilla roja y su placa de bronce negro rinden tributo eterno a la juventud estudiosa que germina en esta tierra.
Las primeras boticas y las bodegas de bahareque
La historia de Sabaneta no solo se escribe en sus monumentos mayores, sino también en el mostrador humilde y constante de sus comercios pioneros. En la memoria viva del pueblo resuena con especial afecto la Bodega Capri, fundada en 1957 por don Federico Paredes en un inmueble adquirido tres años antes. Lo que nació como una modesta estructura de bahareque se transformó con el tiempo en una edificación de bloque, piso de cemento, techo de zinc y sencillas santamarías que aún preservan en sus más de cuarenta metros cuadrados la esencia del abastecimiento tradicional.
Paralelamente, la salud y el alivio del vecindario encontraron su primer refugio el 17 de junio de 1967 con la apertura del Expendio de Medicinas San Pedro, la primera botica del lugar establecida por don Pedro Valero y doña Genoveva de Valero. Proveniente de Ciudad de Nutrias pero sabanetense por convicción y por la noble premisa de que «se es de donde se luche», don Pedro y su esposa mantuvieron abiertas las puertas de esta farmacia histórica que permanece como testimonio de constancia, trabajo honrado y entrega abnegada al bienestar de su gente.
Zaguanes de madera y la reliquia del caballito
Pasear por las calles del municipio es también descubrir el testimonio silencioso de sus casas antiguas, aquellas nobles viviendas fabricadas en tablas de árboles autóctonos y coronadas por techos de palma tejida a mano que, en muchos casos, fueron dando paso a las láminas de zinc sin perder su fisonomía tradicional.
Dentro de esta atmósfera de nostalgia y tradición, resplandece una pieza verdaderamente entrañable: la legendaria silla de barbería infantil traída al pueblo en 1952. Adquirida a un barbero colombiano por su actual custodio, este mueble singular, conformado por una estructura metálica de columna circular, respaldar acolchado en símil cuero vino tinto y una expresiva cabeza de caballo blanco incrustada en el frente, sirvió de trono juguetón a innumerables niños que, sentados sobre el lomo del caballito de madera, recibieron sus primeros cortes de cabello mientras soñaban con cabalgar por la sabana, convirtiéndose en el símbolo nostálgico de la infancia y del crecimiento de todo un pueblo.
La trinidad sonora del llano: arpa, cuatro y la entrañable bandola
El alma musical resuena en la vibración inmortal de sus cordófonos tradicionales, donde la historia y el folclor se abrazan en un mismo compás. Entre ellos resplandece con fuerza propia la bandola llanera, heredera de los antiguos laúdes hispano-árabes llegados en el siglo XVI, que a diferencia de la oriental posee una caja de resonancia más pequeña y cuatro cuerdas simples, convirtiéndose en Barinas en la voz solista por excelencia capaz de sustituir o rivalizar con el arpa al ejecutar golpes, pasajes y corridos. Esta riqueza melódica se sustenta sobre la columna vertebral de nuestra identidad, el cuatro criollo, infaltable compañero de cuerdas cuya sonoridad abarca toda la geografía nacional, y se consagra con la majestad del arpa llanera, instrumento diatónico de noble arraigo colonial que pasó de los salones del siglo XVIII a convertirse en el corazón de la fiesta criolla. Es en la conjunción de estos instrumentos, acompañados por el chasquido universal de las maracas, donde el joropo encuentra su expresión más pura y el llano proclama su identidad ante el mundo.
Las venas de agua y la canoa fluvial
La vida en el municipio Alberto Arvelo Torrealba es un diálogo eterno con sus corrientes fluviales, donde el agua no solo nutre la tierra, sino que moldea el alma y la cotidianeidad de su gente. En este escenario hídrico, la canoa, tallada con maestría artesanal del tronco único de los árboles autóctonos o moldeada en noble metal, se alza como el vehículo vital e insustituible para el transporte, la faena pesquera y el esparcimiento por las riberas del Boconó y el Masparro.
Es a lo largo de estos cauces generosos donde la comunidad ha sabido fundar sus rincones de encuentro y devoción estival, dando vida a balnearios emblemáticos como El Último Tango, el fresco Paso de Peña, acondicionado en 1942 por la visión del inolvidable pescador Ciro Antonio González, «El Negro Peña», y el carismático Paso Chirinos, punto de referencia erigido en 1997 en honor al vecino afable que brindaba orientación a los viajeros a orillas del Boconó. Esta red de remansos se enriquece con la serenidad del Paso de Justo Moreno en el sector Baronero, la ancestral y cristalina vertiente del balneario La Madre Vieja, antiguo brazo de agua que nutrió a la Villa del Rosario colonial y la fértil Laguna de Desintoxicación de Veguitas, espacio construido en 1993 que hoy renace como santuario de peces y promesa de futuro paseo turístico para el deleite de las familias barinesas.
Ríos de leyenda y la huella de Zamora
Más allá del disfrute recreativo, la cuenca hidrográfica de Sabaneta constituye la arteria económica, la memoria histórica y el motor agrícola de la región. El majestuoso río Masparro, que en antaño albergó el histórico puerto El Cambur para conectar el comercio fluvial con Nutrias y San Fernando, ostenta hoy su imponente represa con sistema de compuertas para regular las sequías, garantizar el riego y proyectar la soberanía energética. Esta vocación agrícola se fortaleció decisivamente a mediados del siglo XX con la edificación del gran Canal de Riego y la imponente estructura metálica del Puente Páez sobre el río Boconó, obras de envergadura construidas bajo el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, las cuales no solo unieron estratégicamente a Barinas con Portuguesa, sino que hicieron germinar los campos con abundantes cosechas de caña de azúcar, maíz, yuca, ocumo y tomate.
Pero entre todas estas aguas, es el histórico Paso Baronero el que guarda el latido más profundo de la patria: un cruce ceremonial del antiguo río Chorroco a seis kilómetros de Sabaneta donde amarraban los carros de mulas cargados de sal y papelón, y por cuyas playas abrieron paso las tropas patriotas del General del Pueblo Soberano, Ezequiel Zamora, en su heroica marcha hacia la gloriosa Batalla de Santa Inés el 10 de diciembre de 1859, inmortalizando a estas tierras como testigo indispensable de la libertad venezolana.
La fe festiva y el tributo al Camoruco legendario
El alma fecunda de Sabaneta se manifiesta en el ritmo de sus tradiciones, donde el trabajo del campo y la alegría popular entrelazan sus raíces más profundas. Motor indiscutible de su desarrollo desde tiempos inmemoriales, la vocación agrícola de los arveleanos hace florecer la tierra con extensas siembras de maíz, plátano, yuca y caña de azúcar, mientras que en las corrientes de sus ríos la pesca del imponente bagre rayado nutre la mesa tradicional con el sabor genuino del llano.
Toda esta fuerza creadora se transforma en fiesta colectiva al ritmo de los alegres desfiles de Carnaval, con sus coloridas comparsas y bicicletas adornadas y alcanza su máxima expresión espiritual el 29 de septiembre con las Fiestas Patronales en honor a Nuestra Señora del Rosario, cuya tradición desde 1720 reúne hasta el 7 de octubre toros coleados, el amanecer llanero y la presencia ancestral de los Diablos Danzantes de San Hipólito.
Como broche de oro de esta identidad, la comunidad celebra la sublime Noche del Camoruco, proyecto cultural ideado por el cultor Ramón Sánchez que convoca a miles de visitantes alrededor del majestuoso árbol de más de cuarenta metros erigido en 1776, convirtiendo su sombra centenaria en un vibrante santuario donde artesanos, poetas y creadores exponen el arte y la gastronomía de una tierra que canta y trabaja con orgullo. ¡Visitemos, preservemos y salvaguardemos, estos elementos y sitios Declarados Bien de Interés Cultural!
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Danfny Esther Velásquez Sosa (1960, Santa Ana, Nueva Esparta) danfnyescritora@gmail.com: Escritora, locutora, maestra pueblo en la Radiodifusión Sonora, productora nacional independiente, cronista comunal, abogada y científica social (doctora en Ciencias de La Educación y en Patrimonio Cultural). Actualmente es la directora interinstitucional de Radio América: R. A. «La Onda de la Alegría» 90.9 FM, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación (G. O. N° 42.670, del 13-07-2023).
Su trayectoria incluye un TSU en Producción de Medios de Comunicación Social (Alternativa, Popular y Comunitaria), una licenciatura en Pedagogía Alternativa, sub-área Registro del Patrimonio Cultural, y un posdoctorado en Corrientes Filosóficas para la Investigación.
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