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«Aforismos pedagógicos (VIII)» por Arnaldo Jiménez

Divagaciones - Arnaldo Jiménez - Apuntes generales sobre la cultura

Dios se encuentra presente en cada aula de clases, cuando en ellas se comunican las almas.

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La fenomenología de un aula  consiste en una mezcla indiferenciada de múltiples efectos. En esta fenomenología de las máscaras el maestro no está excluido, podría estarlo si su interés por los alumnos fuera tal que él mismo no importara y sus acciones se dirigieran a las causas. Las causas son hilos que nos llevan desde el alma del alumno al alma del hogar. No se logra mucho con eso, tan solo constatar las limitaciones de nuestra función y actuar en consecuencia.

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El camino sale del pecho, sin huellas, sin destino. El ritmo de los días nos dice hacia dónde vamos. La firmeza está en cada paso.

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Las posibilidades y las potencialidades de cada alumno duermen en el fondo de sus almas, la maestría de despertarlas y enseñárselas luego, es la esencia de la pedagogía.

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De alguna manera enseñar es atraer el futuro y tenderlo como una alfombra a los pies de nuestros alumnos, pero siempre hay quienes creen que el presente solo es presente o, la más de las veces, un pasado que rápidamente cae en la oscuridad de lo que no importa. Cuando una de esas personas es un docente, sus palabras nacen y mueren en el momento en que las pronuncia, el calor de sus actos se evapora como burbuja, y él no es más que una efímera presencia que cruzó por la vida de otros seres sin incubarse en sus corazones. En el caso de que sea un alumno, su vida carecerá de un impulso vital dado a tiempo, y lo más probable es que divague por sus inseguridades, trastrabillando en un tiempo que se le impone como un enorme animal que le impide el paso.

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Trabajar con lo que un niño va a ser, construir imágenes que sean tan flexibles como el agua y tan rígidas como una roca, de tal manera que metidos dentro de ellas los alumnos vayan despojándose de lo que creen ser y se acepten con sus contradicciones.

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Preparar para el trabajo no es un atractivo para los alumnos, y ciertamente es una educación mutilada en lo que más importa: ofrecer un mundo espiritual rico con el que pueda inmiscuirse en la materialidad de la vida económica y no sentirse fuera de sí.

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El espíritu de un docente no puede girar en torno a dar y a dar, también debe pedir, exigir, halar, soltar, sabiendo que lo que está afuera una vez estuvo adentro

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Al unir a Freud con Vigotsky se alza una paradoja: las construcciones que tejen el desarrollo y el aprendizaje, construcciones de conocimientos, tienen como base una negación del objeto al interior del sujeto, la forja de una ausencia de objeto, su edificación por descontrucción dado que el objeto es imposible de conocer. Luego, las posteriores construcciones son al mismo tiempo una búsqueda. Las primeras quedan como ámbitos y funciones del sistema percepción- conciencia, la segunda, para la zona donde no llega la palabra: el inconsciente. Sin embargo, en su marcha, hay un constante entrecruzamiento, a lo cual le debe su vida la inconclusividad del lenguaje, del aprendizaje y del deseo, es decir, de la historia.

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Las metodologías existen para quien nada tiene que investigar, las recetas de amor para quien no tiene amor que entregar y los programas de cómo impartir clases para quien nada tiene que enseñar.

 

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Para nuestras etnias indígenas el conocimiento del ser se obtiene del conocimiento de las cosas. Para la ciencia positivista ambos seres son distintos, pero hay un predominio de las cosas sobre el ser. Por eso, en sus efectos, no le importa destruirlas ya que no hay dioses ni prolongaciones humanas en ellas. La religión debe ser la esencia de la ecología, y ambas, deben presentársele al hombre a edades tempranas.

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Ser estudiante es un proceso que envuelve la vida misma, es bueno no olvidar esta vieja verdad de la pedagogía, de tal manera que nuestra tendencia sea asimilar lo más posible nuestra cualidad de estudiante a nuestro yo más escondido y borroso.

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El estado ideal de un salón de clase es el silencio.

 

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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde el 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.

Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).

Ha publicado:

En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).

En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021).

(Tomado de eldienteroto.org)

 

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