Bad Bunny marca un sonoro “touchdown” rompiendo las redes. Colocó el acento en el Super Tazón (Bowl). En el español de algunos países de nuestra América romper tiene como acepción destacar, hacer algo extraordinario, dejar a todos sorprendidos, superar las expectativas; romperla -Argentina y otros países-, tener un nivel superior; matar la liga -Puerto Rico-, alcanzar un éxito arrollador. En Venezuela, decimos romper la liga, sobresalir; en los países en cuestión, el término viene del mundo del deporte.
Y la viene rompiendo el conejo, no solo en la final deportiva, sino que ha venido transitando transformaciones rítmicas, contenidos y denuncias contra ICE en la entrega de los Grammy. Producir un álbum cuyo sello es: “…está dedicado a los puertorriqueños de todo el mundo”, me rememora al querido Tite Curet Alonso, con su betún amable y temas que tocan la identidad boricua. En el espectáculo de medio tiempo, portar la bandera originaria, con su azul claro -del mismo azul del vestido de Lady Gaga-, y no el azul de la bandera actual impuesta como colonia, mostrar al campesino, obrero, mujer albañil, comerciante, músico, boxeadores y beisbolistas; resaltar la nostalgia de un país obligado a emigrar, las vivencias familiares y comunitarias -la música tradicional, la comida autóctona, el carrito de coco-. Toda la vida transversalizada por la alegría, el baile, el dominó; una foto ampliada de cualquier calle de un pueblo de la América india, negra, mestiza que lucha contra la dominación, el abandono, un ejemplo: los postes explotando y el apagón. Y uno se pregunta, si Puerto Rico es un estado libre asociado de los Estados Unidos, cómo es que sufren de la falta de energía eléctrica, entre otros problemas.
Una producción artística que presenta rasgos de un estudio y proceso de elaboración etnográfico: historias de vida y formas de interacción cultural, simbólicas y discursivas del Puerto Rico adentro, del barrio, de la calle y la plena, no el Puerto Rico turístico y novelesco de la TV, de grandes hoteles. Y claro, la moneda tiene otra cara la cual debemos mirar con criterio y seriedad, la moneda de la industria del espectáculo, Bad Bunny da “en el centro, de la mitad del medio”, donde Estados Unidos vive y se desarrolla en la pantalla, y que llega a otras latitudes. Finalmente, no se escapa que deje grandes ganancias. No sabemos cuánto aportará Benito a PR.
Su espectáculo en la final desató polémicas, las cuales están en pleno desarrollo como nos dice nuestro querido Walter Martínez, destacándose las declaraciones del pervertido que habita la Casa Blanca y que no vale la pena comentar: continente y contenido; forma y fondo. Creo que les molestó escuchar a Ricky Martin: Lo que le pasó a Hawái.
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Aquí se habla orgullosamente español y sin permiso
El español en América es la lengua de los invasores, los conquistadores de la península ibérica que impusieron las variedades idiomáticas -fundamentalmente de Andalucía y Canarias en un primer momento- y que entraron “en contacto” con las lenguas de los pueblos originarios de estas tierras -también se le denomina sustrato- y luego se mezclaron con las variedades lingüísticas de los africanos que fueron desarraigados y esclavizados. Se fue y se sigue gestando el español de América, (de lo cual hay mucho que contar, pero no será en este artículo).
Las palabras, los acentos, las estructuras gramaticales, los morfemas y fonemas, lo que se denomina variantes lingüísticas, de acuerdo con los sustratos, por ejemplo: del taíno (Caribe), del náhuatl, del guaraní, del quechua/aimara, es así como cada proceso lingüístico, cada interacción social, va forjando más variedades en consonancia con el crecimiento de pueblos y ciudades.
Las variantes lingüísticas del África subsaharianas que tuvieron más influencia en América fueron las del grupo niger-congo, lenguas bantúes (Venezuela) y las lenguas del África occidental. Lucumí (Cuba y Brasil), Ewe (Caribe, Cuba y Haití) y Mandinga (Antillas y Caribe Continental), del Kimbundu lengua angoleña (Brasil y Venezuela). Palabras como chévere, mucama, bongo, conga, malanga, milonga, quimbombó, quilombo vienen de estas lenguas.
Las lenguas no permanecen inalteradas, viven algún grado de variación por diferentes factores: fenómenos migratorios, préstamos lingüísticos, influjos de la tecnología y la mediática (incluso lo que se conoce como latín muerto). El español de América continúa en la dinámica de las trasformaciones conforme suceden procesos políticos, sociales, culturales y económicos. Por ejemplo, el español hablado en los Estados Unidos, que es el segundo país con más hablantes de esta lengua, responde a las variantes de las lenguas maternas de donde proceden los migrantes y si es hablante de primera o segunda generación.
El espectáculo de Bad Bunny reivindicó el continente americano, sus orígenes, sus historias, nombró a todos los países, cantó en español, en la variedad boricua del español (Velda, NuevaYol). América es un continente con naciones, territorio, gente, estructura jurídica, lenguas (esto lo tenía muy claro Andrés Bello), no es un país, tampoco es el país del multimillonario y pedófilo anaranjado. Fue un mensaje claro: la memoria colectiva es resistencia, la de defender lo que somos, cómo somos y cómo hablamos nos hace grandes, unidos somos más fuertes contra el odio y la barbarie.
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María Auxiliadora Castillo Espinoza (Valencia, Carabobo) es docente e investigadora de la Universidad de Carabobo (UC). Exrectora de la Universidad Politécnica Territorial de Valencia. Comunicadora social y productora y conductora del programa radial Verdiras y Mentades (RNV Región Central 90.5 FM).
Magister en Investigación Educativa y estudios de Postgrado en Lingüística; Doctora en Educación por la Universidad de Carabobo, ha llevado a cabo estudios postdoctorales en investigación y Especialización en Gerencia Pública.
Ciudad Valencia/RM












