«Bárbula, 70 años de la casa del Sombrerero», por Douglas Morales

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Uno de mis primeros contactos con la demencia fue el personaje El Sombrerero Loco de la inigualable obra «Alicia en el país de las Maravillas» (Lewis Carrol, 1951) quien decía: «Si la felicidad es locura, estoy completamente loco».

Luego topé con el lugar donde recluían a los pacientes mentales, El Siquiátrico de Bárbula, una maravillosa ciudadela donde nada faltaba, desde un buen comedor hasta cómodos dormitorios para el personal de salud, incluso llegó a surtir al país de «haraganes» para la limpieza.

Teatro activo con pacientes actuando, cría de gallinas, ganado, servicios religiosos. Las más vistosas piñatas hechas por los pacientes y coordinados, entre otros activos terapistas por las certeras manos de Doña Margarita Sevilla de Pérez. Famosos artistas (Rafa Galindo), deportistas, docentes, miembros de familias adineradas.

El profesor José Antonio Díaz, que incluso llegó a auxiliar en tareas de matemáticas a estudiantes, fueron recuperados en sus espacios o alojados terapéuticamente.

Entre sus médicos destacaban José Solanes y Pedro Téllez Carrasco a quienes, por su sabiduría y humanismo, es necesario erigir, por lo menos, dos estatuas y perpetuar su legado.

La más grande y mejor colonia Siquiátrica de Suramérica con los bosques montañosos del Hilaria como marco. Su excelencia empezó a declinar hacia la década del 80 del pasado siglo. Las causas? «Multifactoriales», diría el excelente médico y mejor amigo Dr. Carlos Rojas Malpica.

Particularmente me atrevería a argumentar con un refrán y perdonen el simplismo: «Medicina Privada mata a medicina Pública» y, claro, todo el proceso decadente impulsado por el manejo partidista sindicalero de los administradores e Intendentes.

Mientras los pacientes fugados eran atropellados en las carreteras cercanas, los sindicalistas de la «Salud» se estrenaban como flamantes diputados en la extinta Asamblea Legislativa. Comenzaron a florecer las «Residencias Privadas», una ellas muy famosa instalada en la carretera vía La Entrada de un médico con apellido alemán.

Se denunció que en una granja situada en La Mora, cruzando a la derecha en la llamada «vuelta del Burro» por la misma vía, se utilizaban pacientes de Bárbula como mano de obra esclava. El Dr. Téllez Carrasco batalló hasta el final por mantener la calidad de vida de los y las pacientes y la operatividad de las instalaciones. Su hijo Pedro Téllez heredó su tarea y heroísmo.

El Siquiátrico de Bárbula bien pudo ser un espacio de turismo científico del país. Ahora, a su 70 aniversario, paso bajo el «Arco de Bárbula» y veo a un paciente vestido con turbante y con guayuco de seda rosada, atravesado el pecho por babas y costras: cataléptico, llorando, silencioso.

 

 

Ciudad Valencia / Douglas Morales P.

 

 

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