En el corazón de Borburata, la primera población fundada en el estado Carabobo en 1548, junio no es simplemente un mes en el calendario, es el espacio donde el tiempo se detiene y la memoria histórica se hace sonido.
Las festividades en honor a San Juan Bautista Infante han vuelto a convocar a un pueblo que se aferra a sus tradiciones con la fuerza de una herencia inquebrantable, en un ciclo ritual que inició formalmente el pasado 31 de mayo con la despedida de la Cruz de Mayo y la aparición de la venerada imagen.
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El color del fuego y el martirio: La simbología de San Juan

La devoción a San Juan Bautista está profundamente ligada al color rojo, una tonalidad que inunda las calles, los altares y las vestimentas de los promeseros durante estas fechas. En la tradición litúrgica y el sincretismo cultural, el rojo posee una dualidad mística: representa el fuego del Espíritu Santo y la pasión de la predicación de Juan, pero también el anuncio del martirio y la sangre derramada por el santo, quien fue decapitado por defender la verdad.
En el contexto afro-caribeño, el rojo se transforma además en un símbolo de fuerza vital, resistencia y la intensa energía creadora que conecta lo terrenal con lo divino a través del baile.
A diferencia del hombre de desierto, penitente, que se vestía con pieles de camello y se alimentaba de miel silvestre para predicar un bautismo de conversión, el San Juan de nuestras costas se ha revestido con la alegría caribeña, vistiendo mantos de un rojo encendido que reflejan el calor de su gente y la vivacidad de una fe que se niega a ser solemne o distante.
Un testimonio vivo desde las entrañas de Borburata

Para los habitantes de esta comarca, la celebración va mucho más allá de la algarabía; es un acto de reconocimiento ancestral. Así lo relata Fran Sandoval, devoto y cronista empírico de la comunidad, quien desentraña el origen de esta comunión entre el santo católico y el tambor africano:
La imagen de San Juan de Borburata data del siglo XVI; es una de las tallas españolas más antiguas de Venezuela y por tal motivo la devoción está arraigada en lo más profundo de la comunidad. Aquí se juntan la fe, la devoción y la cultura de la herencia africana. Este sonar rítmico es símbolo de nuestras raíces, y nosotros, los afrodescendientes, llevamos en las venas la cultura de nuestros ancestros, que fueron traídos de manera abrupta a estas costas para servir de mano de obra en las haciendas coloniales.
El relato de Sandoval revive el momento histórico en el que el tambor, lejos de ser un simple divertimento, se convirtió en una herramienta de supervivencia espiritual: «Nuestros africanos, en sus momentos de ocio, tocaban el tambor para agradecer a sus deidades y transmitir mensajes. Ante esto, los colonos y el cura de la época decidieron que, ya que ese era su lenguaje, se les otorgaría el 23 de junio para que veneraran a San Juan al ritmo de sus cueros. Así nació esta fusión irreversible».
Nueve días de reflexión y tradición

La festividad también se sostiene sobre una sólida base de fe comunitaria a través de las tradicionales novenas, que rememoran la historia bíblica del nacimiento del Bautista. Los cantos e historias locales recuerdan el anuncio del ángel a Zacarías —quien quedó mudo por su incredulidad hasta el nacimiento del niño— y el momento en que se grabó en una tablilla el nombre de Juan, que significa: “Dios es misericordioso”.
«Juan el Bautista no era parrandero, no bebía licor; se había consagrado a Dios en el desierto haciendo penitencia», reflexiona Sandoval, tendiendo un puente entre el texto sagrado y la práctica actual. «Por eso, la finalidad de estas festividades hoy en día sigue siendo la misma: llamarnos a la fe, vincularnos a la espiritualidad y comprender que la parranda es el hermoso legado que nos vino de África, pero que el verdadero sanjuanero conoce y respeta la vida del santo».
Con los tradicionales «golpes de tambor» y los emblemáticos «toques de esquina» resonando con fuerza en la emblemática calle Carabobo, cruce con calle Sucre, Borburata demuestra una vez más que su tradición está más viva que nunca, demostrando que la fe de un pueblo se puede rezar con oraciones, pero también se puede cantar y bailar con el alma.
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Vanileiby Rivas: originaria de Puerto Cabello, Carabobo, Venezuela, es una artista plástica y poeta con formación en el área educativa y artística.
Es licenciada en Educación, Mención Artes Plásticas, egresada de la Universidad de Carabobo (UC).
Ha fortalecido su faceta literaria participando en diversos talleres de poesía en el Departamento de Literatura de la UC y en el Instituto Municipal para la Cultura de Puerto Cabello.
Complementando su perfil artístico, Rivas ha desarrollado habilidades en el campo de la comunicación social, ejerciendo como presentadora en el canal Todo y más TV y como redactora en el periódico Todo y más noticias.
Ciudad Valencia/Vanileiby Rivas/RN













