La luz como vínculo y el retorno como destino
El arte no reside en el acto mecánico de la producción; no es, bajo ninguna circunstancia, simplemente «hacer cosas». Ser artista es, en esencia, desarrollar una ontología de la mirada: aprender a observar el silencio, descifrar el comportamiento de la luz sobre los objetos y desvelar el efecto alquímico que se oculta tras cada pigmento.
En este día, en que Venezuela y el mundo celebran al artista plástico, la memoria se vuelve un lienzo donde convergen los maestros, la disciplina y esa búsqueda mística que nos define.
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El arte de volver: La temporalidad del creador
Como bien enseñaba mi gran maestro Carlos Rojas, el artista habita en una búsqueda constante, un movimiento pendular similar al de las mareas. «Ir y venir para proseguir como las olas del mar», decía con sabiduría. Esta premisa nos revela que en el arte avanzar suele derivar de un regreso que no debe confundirse con el retroceso. Es una danza de precisiones semánticas que definen nuestro lugar en el tiempo: entender que tolerar no es soportar, que perseverar no es insistir y que convencer jamás será vencer.
Esta claridad conceptual es la que ubica al creador en su justa temporalidad, permitiéndole entender que el proceso artístico es un peregrinaje de sentidos donde la voluntad deja de ser una facultad de mando para convertirse en acción pura. Para el artista, el «hacer» y el «pensar» dejan de ser dualidades en conflicto para fundirse en un solo acto de entrega.
Disciplina y la autonomía de la obra

La creación exige una vigilia constante. De la mano del maestro Rojas comprendí que la disciplina no es un yugo, sino el cimiento indispensable para trascender a través de la comunicación. Todo estímulo ingresa por los sentidos, pero es la capacidad de estar despiertos lo que nos permite identificar esa diminuta línea que separa el simple impulso del acto creador consciente.
Existe un momento sagrado en el taller: el instante en que la obra nace porque nosotros, como creadores, finalmente la dejamos ser. Es un ejercicio de humildad donde debemos apartarnos para que ella cobre su propia luz. En esa calma, sin juicios, el proceso se edifica como un ritual donde el pincel, la pintura y el soporte adquieren autonomía propia. En ese diálogo, el artista se ausenta para dar vida; nos vamos y volvemos entre manchas y sombras, perdiéndonos para que la obra se encuentre.

Armando Reverón: La obsesión por la esencia
Esta visión del arte como una entrega mística encuentra su máxima expresión en el maestro Armando Reverón, cuya figura homenajeamos hoy. Para «El Loco de Macuto», el arte no era la representación de objetos, sino una captura obsesiva de la atmósfera.
Reverón nos enseñó que la luz tropical no es un adorno, sino la esencia energética del Caribe. Su obra es el testimonio de un hombre que logró desintegrar la materia para dejar que la luz —esa misma luz que hoy buscamos comprender— fuera la verdadera protagonista.
Hoy celebramos no solo el oficio, sino la capacidad de seguir habitando ese espacio donde la luz y el silencio se encuentran para crear mundo.
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Vanileiby Rivas: originaria de Puerto Cabello, Carabobo, Venezuela, es una artista plástica y poeta con formación en el área educativa y artística.
Es licenciada en Educación, Mención Artes Plásticas, egresada de la Universidad de Carabobo (UC).
Ha fortalecido su faceta literaria participando en diversos talleres de poesía en el Departamento de Literatura de la UC y en el Instituto Municipal para la Cultura de Puerto Cabello.
Complementando su perfil artístico, Rivas ha desarrollado habilidades en el campo de la comunicación social, ejerciendo como presentadora en el canal Todo y más TV y como redactora en el periódico Todo y más noticias.
Ciudad Valencia/RN













