Cuando el canal de agua sucia devino en bulevar

Una pareja de ancianos plácidamente pasea con serenidad por el bulevar de La Isabelica, caminan despacio, sus pasos, aunque lentos tienen la firmeza que da el amor compartido durante muchos años. La escena para muchos resultará cotidiana, pero no siempre fue así.

La Urbanización La Isabelica, un conjunto Residencial de casas y apartamentos fundado en 1965 por el antiguo Banco Obrero, durante muchos años mantuvo dos extensos canales que recogían aguas pluviales, basura, gatos y perros muertos, entre otras inmundicias, y no faltó el distraído conductor que rodó con sus cuatro ruedas hasta el fondo del abismo.

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El primero de estos canales se extendía desde la Avenida Industrial troncal 11 dividiendo la avenida este oeste 1 hasta llegar a la entrada de la comunidad de Bello Monte, lugar mejor conocido como «La frontera» El segundo iniciaba adyacente a lo que hoy es el elevado del Paseo de las Industrias y dividía la avenida este oeste 4 hasta llegar a la avenida norte sur 4 cruce con Avenida Sequicentenaria, con la cual empalmaba continuando su nauseabundo recorrido.

No fue sino hasta el año 1999, durante la administración del alcalde Francisco «Paco» Cabrera, que se inicia el embaulamiento de ambos canales, empezando por la avenida este oeste 1 o primera entrada a la urbanización en sentido norte sur.

La construcción de lo que luego se llamaría «El bulevar» o «boulevard» (para los más afrancesados) no estuvo exenta de críticas y señalamientos por parte de vecinos y líderes sociales de la comunidad, entre los más destacados tenemos al Señor Pedro «Toto» García, viejo militante de la Revolución, y al abogado Gustavo Vázquez.

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Esta obra, ejecutada por la Alcaldía de Valencia, estuvo a cargo de un ingeniero residente de nombre Leandro Sosa. La inversión del proyecto de embaulamiento se elevó a la bicoca de 7 millones de dólares, lo cual fue señalado como un exagerado sobreprecio.

De igual manera, se hicieron observaciones referentes a la mala calidad de los materiales empleados y demás fallas estructurales, también los denunciantes acudieron al Colegio de ingenieros del Estado Carabobo, el cual emitió un informe corroborando lo denunciado, todo lo cual se constató meses más tarde con el desplome de varios tramos del bulevar.

El bulevar mas caro del mundo

En el imaginario colectivo quedó estampada la idea de que este era el bulevar más caro del mundo, sucesivas administraciones municipales restauraron algunas zonas que evidenciaban franco deterioro. Algunos daños fueron ocasionados con motivos de las protestas violentas denominadas guarimbas en 2014 y 2017, sobre todo en lo relativo a las luminarias, los bancos de concreto y demás ornamentos como las grandes esferas o bolas de cemento ubicadas en las esquinas de la obra, algunas de las cuales fueron utilizadas como barricadas.

Las luminarias originales fueron sustituidas por otras de mayor potencia y altura, así como también la Gobernación del Estado Carabobo presidida por Rafael Lacava, procedió a pintarlo de varios colores quizás con el objeto de ponerlo a tono con el plan de rehabilitación de la urbanización, que exhibe los bloques de apartamentos revestidos de múltiples matices.

Si bien el colorido bulevar representa hoy en día un espacio para el esparcimiento, donde vecinos y visitantes hacen uso de las caminerías y bancos de descanso, aún a pesar de la escasa sombra brindada por las pocas palmeras que sobreviven, el mismo constituye en el imaginario colectivo un símbolo de derroche y malversación de los recursos de la municipalidad y, por ende, del bolsillo de los contribuyentes.

Esta es la historia del bulevar más caro del mundo.

 

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Foto: Nelson Maya