El libro es un formato dentro de otros formatos. Pertenezco a las últimas generaciones impregnadas por el formato papel y la imprenta, que mis nietos, si se lo propusieran, conocerán solo en sus últimas etapas.
Los libros físicos podrán ser leídos en el futuro, pero la industria editorial será radicalmente diferente a la que hemos conocido nosotros en nuestra época y también a varias a las de nuestros antepasados; sin embargo, pese al cambio de formato, la continuidad del libro conocido hoy de una u otra forma estará implícita allí.
La mayoría de formatos de libros impresos anteriores a éste, sin embargo, no tuvieron esa continuidad y no permitieron que fueran leídos de manera directa. La intermediación para decodificar un libro anterior al libro impreso y a la imprenta es muy grande. El individuo alfabetizado del futuro pudiera leer en el idioma que conozca los libros impresos de hoy, pero no así, igual que nosotros, los de formatos tales como las tablillas, cuerdas o pictográficas y petroglíficos. Empero, la posibilidad de digitalización será tan desarrollada que podemos darle curso a la imaginación y acertar sin equivocarnos en lo que llegará a ser su desarrollo.
Hemos publicado recientemente nuestro primer libro exclusivamente en el formato digital. Es una compilación de entregas que hicimos en esta misma columna. Los lectores de esta conocen el trabajo y muchos han estimulado que hiciéramos la primera compilación, puesto que intentaremos continuar nuestra indagación.
Pese a que muchos lo perciben como “antología “este libro, en sentido estricto no lo es. En todo caso es una selección de versos luminosos. La idea, tal como lo he expresado con insistencia, es continuar en esta búsqueda y publicar otras series. En efecto, queremos realizar o estimular la creación de un diccionario de la poesía venezolana del siglo XX y de lo que va del siglo XXI. Agradezco la receptividad de todos, en especial a quienes nos alientan con sus palabras.

Testimonio lector
Juan Medina Figueredo: “Dijeron alguna vez que el genio era el que encontraba una moneda que otros habían pisado sin darse cuenta y es lo que encuentro en esta inusual antología. Maestría la de Inés Feo La Cruz en la presentación y sabía la tuya”.
Josu Landa: “Enhorabuena por la salida de ese cofre de perlas y pepitas de oro titulado En un verso. Me pareció una maravilla, una excelente idea. Aparte del valor en sí de cada perla, está el de ser una grata cartografía de la mejor poesía venezolana. Hago votos porque libro tenga la mejor fortuna en su andadura”.
José Ramón Ortiz: “Excelente trabajo, Luis, ojalá le des continuidad, vale la pena. Me sorprendió el texto de Moisés Moleiro porque sabiendo que era un hombre muy culto y con quien me unía una amistad más allá de la militancia política, solo conocía sus libros de filosofía política. Para mí es una grata sorpresa”.
Rosa Terán Pérez: «Trabajo meticuloso y enjundioso ese de recopilar y seleccionar a tan significativo grupo de poetas venezolanos, que nos conduce a diferentes épocas y escrituras de reconocida calidad. Sin duda, esta iniciativa conlleva al reconocimiento por parte de Poetas y/o lectores que apreciamos el esfuerzo, el estudio y la disciplina del autor para llevar a feliz término tan interesante propuesta”.
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“La poesía venezolana espejo del tiempo y la eternidad”
En el prólogo de En un verso (2025), la antología de versos compilada por Luis Alberto Angulo, Inés Feo La Cruz describe la obra como «un breve y sorprendente viaje» por la poesía venezolana. Y no exagera. Este libro, que reúne 400 versos de más de 300 poetas, es mucho más que una apretada selección: es un mapa emocional de Venezuela entre finales del siglo XX e inicios del XXI, donde cada fragmento funciona como un destello capaz de iluminar tanto lo íntimo como lo colectivo.
Angulo concibió este proyecto como una respuesta a lo que él llama «la desaparición sin pena ni gloria” de espacios para la literatura venezolana, como la extinta Maestría de Literatura Venezolana de la Universidad de Carabobo. Su método fue sencillo y revolucionario: seleccionar versos que, «más allá de consideraciones académicas», impactaran por su belleza o fuerza (p. 10). El resultado es un mosaico donde conviven voces consagradas con otras menos conocidas pero igualmente poderosas.
Lo político y lo personal se entrelazan sin jerarquías. Por un lado, versos como «Hoy no me detendré / ante la muerte de un estudiante / a manos de un país / ínfimo país» (Adriana Gibbs, p. 25), reflejan el desgarro social; por otro, líneas como «Solo quiero vivir la paz de las esponjas» (Harry Almela, p. 16) exploran la introspección más pura.
La antología demuestra que la poesía venezolana de este periodo fue tan diversa como el país mismo: desde el neobarroco de Luis Alberto Crespo hasta el coloquialismo desafiante de Caupolicán Ovalles («Yo lloré como un muchachito de ocho años…», p. 22).
Aquí surge una pregunta clave: estos versos, escritos en un contexto histórico específico, ¿pierden vigencia fuera de su tiempo? La respuesta está en la propia antología, que revela cómo lo temporal y lo atemporal se funden en la gran poesía.
Muchos poemas llevan las cicatrices de su época. «Este país antiguo / inquieto / dinamitado» (José Lira Sosa, p. 20), habla de una Venezuela en crisis, mientras que «No se puede hacer la revolución sin nosotras» (Joana Cadenas, p. 27) evidencia luchas feministas recientes. Incluso imágenes aparentemente abstractas, como «La historia amputada y demente» (Miguel José Márquez F., p. 29), adquieren sentido al recordar las fracturas políticas del país.
Sin embargo, versos como «El acto simple de la araña que teje una estrella en la penumbra» (Vicente Gerbasi, p. 13) o «La dicha es tan grande y tan sencilla» (Carlos Augusto León, p. 35) trascienden su momento. Son universales porque tocan lo humano esencial: el asombro ante la naturaleza, la fugacidad de la felicidad, el misterio de la muerte.
La magia ocurre cuando ambos planos se fusionan. «Que no pisen tu corazón» (Alí Primera, p. 23), escrito en los años ‘70 contra la represión, hoy podría aplicarse a cualquier lucha por la dignidad. Del mismo modo, «Una hamaca se mece en el desierto» (Ximena Benítez, p. 27) es una imagen local que se convierte en metáfora del desarraigo contemporáneo.
“En un verso” no es perfecto. Su formato fragmentario puede dejar al lector con hambre de más contexto, y algunos ecos importantes de la poesía venezolana brillan por su ausencia. Pero su valor es incuestionable: democratiza la poesía, invitando a leerla sin prejuicios. Como escribe Angulo, estos versos «justificarían la calificación de poetas a sus autores» (p. 10), sin importar su fama.
Al final, el libro confirma una verdad incómoda y hermosa: la poesía es el arte más efímero y el más duradero. Nace de un suelo histórico, pero sus raíces alcanzan lo intemporal. Como el verso de Ramón Elías Pérez que podría ser un epitafio para toda la antología: «Lenta ha de ser la copa del placer y de la muerte / el trago que nos conduce hacia el misterio» (p. 17).
“En un verso” no es solo un libro. Es un país hecho palabra, un espejo que devuelve —en versos rotundos— lo que fuimos, lo que somos y, quizás, lo que seremos.
Armando Amanaú
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*En un verso
©Luis Alberto Angulo, 2025 Colección de Poesía Teófilo Tortolero
©Fundación Editorial Pocaterra Secretaría de Cultura del Estado Carabobo
Páginas web https://cultura.carabobo.gob.ve/pocaterra-fondo-editorial/

Coordinador editorial:
Julio Escorcia
Edición y corrección:
Ramón Núñez – Inés Feo La Cruz
Fotografía de portada: MAAO
Imagen: Universo
Autor: Genaro
39 cm x 25 cm Mixta sobre papel 2019
Hecho el depósito de ley Depósito Legal: CA2025000059
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Luis Alberto Angulo [Rivas], nació en Barinitas, estado Barinas en 1950. Desde 1972 reside en Valencia (Carabobo). Poeta y articulista.
Bibliografía directa: Antología de la casa sola, Una niebla que no borra, Antípodas, Fusión poética, La sombra de una mano, Antología del decir, Coplas de la edad ligera.
Premios: “IV Concurso Internacional de la revista Poesía (UC)”, así como de los certámenes nacionales de poesía “Francisco Lazo Martí” y “Rómulo Gallegos”.
Antólogo de: San Juan de la Cruz, Miguel Hernández, Enriqueta Arvelo Larriva, Ana Enriqueta Terán, Gelindo Casasola, Ernesto Cardenal; “Rostro y poesía, poetas de la Universidad de Carabobo”, “El corazón de Venezuela, patria y poesía”.
Coautor con Luis Alberto Angulo Urdaneta de “Viento barinés”; con Luis Ernesto Gómez de “Poetas venezolanos en solidaridad con Palestina, Irak y Líbano”; con Nereida Asuaje de “Lubio Cardozo, Del lugar de la palabra”.
Textos suyos aparecen incluidos en las antologías: “Jóvenes Poetas de Aragua, Carabobo y Miranda” (Fundarte 1978), de José Napoleón Oropeza; “Poetas de Venezuela (Revista Poesía UC), de Reynaldo Pérez Só, y “Barinas, cien años de poesía” (1995), de Leonardo Gustavo Ruiz.
Ha sido invitado en varias ocasiones al Festival mundial de Poesía de Venezuela y a la Feria Internacional del libro de Venezuela (Filven).
Ciudad Valencia













