Cuerpo en tránsito: coreografías del asco │ Marhisela Ron León

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–¿Y si me leen raro?

–Que aprendan a leer.

–¿Y sí incomodo?

–Que aprendan a mirar.

 

Un “Cedeño on the rocks”

Me subo al autobús, pasaje en mano. Luego sube un señor tambaleándose. Es un «buen borracho» con años de experiencia en cualquier botiquín de los que aún sobreviven, lleva el pelo empegostado de grasa natural. Se sienta a mi lado, claro, ni más faltaba, yo que voy impoluta y olorosa a un perfume original de Katy Perry.

Hiede a alcohol que es un espanto. Un brebaje indefinible, bebida alucinógena: cocuy con whisky con licor de agua oxigenada. Yo busco olerme dentro de la manga un rato y aguantar la respiración el otro rato. Ansias locas de cambiar de asiento. Me cambio.

 

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Al rato sube otro señor con una enorme barriga que le cuelga, de estos que una se imagina que tienen escondido o estrangulado el güevo entre la grasa y el pantalón. Se sienta a mi lado, empieza a pelar una mandarina. La magia ocurre. Los olores bailan y se abrazan.

Cocuy del diablo con mandarina dulce. Chispeante, estridente, se torna sublime. Beber con obediencia y empeño. Un combinado perfecto. Podría acompañar ahora a mis compañeros de ruta. Pido la parada: “¡Cedeño!”. Así bautizo este cóctel.

–Pedro, ponle un “Cedeño doble” a la señora.

 

Aquelarre del pis

–Mami, no te sientes en la poceta, que te puede agarrar una infección.

Ahí estaba yo con unos ochos años haciendo malabarismos sobre la poceta, bailando un tipo de danza femenina del asco y la repugnancia, ante los ojos de mi mamá o de mi abuela.

Cuando van pasando los años, los músculos se van fortaleciendo, tus piernas se entrenan y se supera el nivel de precisión. Una se va convirtiendo en una súper heroína del orinar fuera de casa, una “miona” profesional, que con una buena vista busca el espacio y el tipo de terreno sobre el que va a mear, a veces logramos establecer estrategias y posturas en dos segundos, de lo contrario nos orinamos encima.

A veces con mis hermanas, en algunas zonas oscuras de largos caminos de viaje, se formaba una especie de aquelarre del pis.

–¡Coño, me mie un pie!

–¡GAFA! Tenías que haber puesto uno más adelante y otro más atrás, te lo he dicho. ¿No ves que la calle está inclinada, pajúa?

 

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–Pero en la fiesta de San Juan lo hice así y no me mojé.

–Ya, pero ahí el suelo era más poroso pues. Esto es asfalto, chama. Obvio con inclinación.

Ellas se levantan. Las miro, parapeteada en mi pequeño cubículo entre dos carros mientras logro terminar.

La vez pasada fui a una fiesta, y me fui al quinto coño buscando un baño, había algunos inmundos con colas interminables, en uno de ellos, justo en la puerta, estaba una de las encargadas con una tajada grasienta guindando de un tenedor, un olor a urea concentrada. Vi que la calle de al lado estaba vacía. Sé que eso no está bien, que la calle se ensucia, que luego huele muy mal.

¿Pero qué puedo hacer?

¿Colocarme un pañal sexy antes de salir, cómo toque final, después del lápiz labial?

 

***

 

Marhisela Ron León-columna-Ciudad Valencia

Marhisela Ron León (Puerto Cabello-Carabobo-Venezuela): Poeta, licenciada en Enfermería por la Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada. Ha realizado Talleres de poesía a través del Instituto Municipal de Cultura de Puerto Cabello; también de escritura creativa con Nanda Nieves y de narrativa en Corrección Perpetuum, Escuela de Escritores de Caracas. Íntimo (2010) Bonus (2022).

 

Ciudad Valencia / RN