¿Cuántas maneras de invadir a un país existen? Cuando usted habla español, pero piensa en inglés, cuando usted no ve terror en los poderosos del imperio norteamericano o ignora a conciencia los alcances de los lobby de la guerra, sionistas, neohitlerianos, y los justifica en sus excesos, y los justifica en sus asesinatos; cuando usted no sabe cómo se han construido históricamente todos los modos de exclusión y de racismo, y se comporta igual a sus creadores; cuando usted cree que sus opiniones tienen rango de argumentos y se cree superior porque repite las matrices de opinión prefabricadas; puede estar seguro de que ya la invasión ocurrió en su pensamiento; cuando usted solo valora lo “exterior” en detrimento de lo “propio”, así solo se trate de un paisaje, un grupo de música, un ritual…; usted está exiliado de su tierra y de su espacio, aun estando en ella. ¿Qué ocurrió para que usted defienda su propia alienación? Le toca investigarlo. Comience pronto.
Cuando paseas por las calles de tu país y un gran porcentaje de los comercios y de las vallas publicitarias están escritas en otro idioma, ¿no se trata de una invasión en la médula de la cultura, es decir, en el lenguaje? Acaso no opera el mismo mecanismo de dominio en los proyectos de investigación y en las tesis, donde debes adaptarte a normas internacionales dictadas por los centros de poder norteamericano? No ejerces tu alienación cada vez que crees que América es sinónimo de Estados Unidos? Seguro tienes dentro un sinfín de películas y series televisivas en las que los matones, traficantes, violadores y consumidores, son mejicanos o palestinos o sirios o libaneses… Y no te das cuenta de que sus voces son chillonas, gritonas, y se remarcan los tonos de sus pieles contrastando con los tonos rubios y rosa pálidos de los detectives que suelen hacer operaciones quirúrgicas para extraer a los delincuentes; ¿cierto? ¿No te has fijado que cuando enfocan las ciudades élites de Estados Unidos el tono del cielo es azul libre, azul brillante, jamás una zona de smog espeso y asfixiante, jamás sus pobrezas; pero cuando cruzan la frontera hacia los espacios que ese país le robó a Méjico, la atmósfera se torna amarilla sucia, el cielo opaco por tanto vapor latino en sus nubes? Y la ropa, los zapatos que usamos, los saludos de los peloteros, las marcas (que ahora sabemos que son más chinas que gringas), ¿no pertenece a un programa de control, de subordinación cultural?
Pero en Latinoamérica y, específicamente, en nuestro país, lo antes descrito no funciona de manera directa, es decir, A no genera a B. Y esto se debe, en gran parte, a las diferentes mezclas de culturas que nos constituyen. Existen dos razones convergentes y centrales. La primera es de carácter histórico: el llamado mestizaje ha dado lugar a una superposición de costumbres y de modos de relacionarnos socialmente. Los blancos europeos y los blancos criollos, trataron de imponer visiones del mundo, ordenamientos jurídicos y territoriales, creencias religiosas, organización familiar y maneras de trabajar; pero casi todas estas imposiciones resultaron ser imposturas, mascaradas, costumbres que se mueven en las formas culturales de responder al dominio o al poder, pero no se convirtieron en contenidos asimilados en lo profundo del ser; no se transformaron en comportamientos concretos, reales, espontáneos, de tal manera que pueda decirse con absoluta precisión, dejó de ser lo que era, para ser otro.
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Así tenemos que diversas culturas se entretejen en un mismo escenario social con identidades que pugnan por preservarse y mostrarse en aras de ser reconocidas, o de reconocerse entre sí. Lo que no debería ocurrir, pero ocurre, es que esas culturas procuren que el poder las reconozca, como si de esa manera de pronto adquirieran legalidad. En este sentido, la función de fragmentar las colectividades, ejercida por la modernidad, aún está desplegándose en las capas sociales del país; al mismo tiempo, en cada una de ellas se procura causar un efecto de homogenización; lo cual no excluye la irrigación y la mezcla de diferentes elementos culturales.
En cada sector social: aquel donde predomina el elemento indígena autóctono, en el que no impera el dominio sobre la naturaleza y ejercen sus propias normas de convivencia y de formación familiar…, es un sector con una cultura “diferente”. Los Goajiros, por ejemplo, regidos por la madre o la mujer, con una inmensa tradición oral rica en mitologías y creencias religiosas; creen en Maleywa, poseen sus propias formas de vestir, de hacer arte, sus ritos de iniciación y ritos funerarios… Todo esto no les permite encajar plenamente en la cultura occidentalizada del venezolano, así llaman al que no pertenece a la etnia; los yanomamis le dicen el extranjero; aunque, ya no recuerdo bien si el asunto es al revés.
Aquel sector donde predomina el elemento negro africano, también con sus mitos, ritos, creencias mágico religiosas, supersticiones, danzas, bailes, etc. Aquel sector que, siendo marcadamente blanco, utiliza el poder heredado del proceso de Independencia y prosigue con la formalización y desacreditación de las otras culturas, adjetivándolas peyorativamente: cultura marginal, cultura de negros, cultura folclórica, primitiva, popular, cultura de masas… y subordinándolas en importancia. Cada uno de estos sectores expresa un tipo de cultura con su historicidad; cada una tiene su forma de encarnar el pasado y el presente; cada una tiene su manera de conquistar simbólicamente sus espacios inmediatos de vida; aunque a la vez se determinen unas a otras y tiendan a seguirse mezclando.
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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.
Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).
Ha publicado:
En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).
En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021). (Tomado de eldienteroto.org)
Ciudad Valencia/RM








