Pocas producciones en la historia de la televisión mundial han logrado calar tan profundo en la identidad de una región como El Chavo del Ocho.

La mítica serie de comedia mexicana, creada y protagonizada por Roberto Gómez Bolaños, inició su viaje en 1971 dentro del programa Chespirito en Canal 8, para luego convertirse en una serie independiente en 1973.

 

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La trama sigue las vivencias de un niño huérfano y travieso que habita en una vecindad mexicana, quien está acompañado de personajes imborrables.

De este modo, el impacto de la franquicia se extendió por décadas y fue doblada a más de 50 idiomas. Esto la llevó a abarcar retransmisiones por todo el mundo e incluso a producir su propia serie animada (2006 – 2014).

 

El Chavo del Ocho
Serie animada del Chavo del Ocho.

 

Sin embargo, detrás del característico sonido sintético que marcaba el inicio de cada episodio del Chavo del Ocho, se esconde un fascinante cruce de épocas y un polémico litigio por derechos de autor.

 

De Beethoven al sintetizador

Durante generaciones, el público asoció de forma automática la pegadiza música de apertura con la creatividad de la producción mexicana. No obstante, el origen del tema principal se remonta a la Europa del siglo XIX.

La base melódica es, en realidad, la Marcha Turca, una pieza compuesta en 1811 por el legendario músico alemán Ludwig van Beethoven para la obra de teatro Las ruinas de Atenas.

 

 

Más de un siglo y medio después, en 1970, el pionero de la música electrónica francesa, Jean-Jacques Perrey, junto con el compositor Gershon Kingsley, transformó esta obra clásica en una propuesta futurista.

Utilizando el novedoso sintetizador Moog, el músico francés reinterpretó la pieza de Beethoven y la bautizó como The Elephant Never Forgets (El elefante nunca olvida), incluyéndola en su célebre álbum Moog Indigo.

 

 

Fue sin querer queriendo

Al momento de estructurar la identidad del programa, Roberto Gómez Bolaños encontró en el tema de Perrey el balance perfecto de comedia e inocencia que requería la serie.

Por lo tanto, The Elephant Never Forgets» se integró a la presentación visual, musicalizando el universo de La Vecindad sin que sus creadores originales estuvieran enterados.

El gran problema radicó en que la producción omitió por completo incluir los nombres de los compositores en los créditos del programa, utilizando las pistas musicales de manera en las emisiones y distribuciones internacionales.

 

Jean-Jacques Perrey
Jean-Jacques Perrey.

 

Por tal motivo, lo que funcionó durante décadas como una pacífica apropiación cultural estalló en un conflicto legal en el año 2009.

Al percatarse de que sus temas eran el pilar sonoro de uno de los shows más rentables de la televisión mundial, Jean-Jacques Perrey interpuso una demanda.

La acción legal fue dirigida formalmente contra Roberto Gómez Bolaños, Televisa, Univision y Galavisión por el uso no autorizado y la falta de pago de regalías.

Finalmente, en 2010, el litigio se resolvió mediante un acuerdo extrajudicial confidencial.

 

Así cantamos con El Chavo del ocho

A pesar de las controversias, en el apogeo de su éxito,»Chespirito», trascendió las pantallas para producir en 1977 el álbum: Así cantamos y vacilamos en la vecindad del Chavo.

En este proyecto, Gómez Bolaños asumió el rol de compositor y letrista de cada una de las piezas, demostrando una versatilidad creativa. Gracias a esto, concibió una obra que consolidó el universo de la serie.

 

 

Asimismo, las voces del elenco original dotaron al álbum de una autenticidad que resonó en millones de hogares.

El disco inmortalizó melodías como: La vecindad del Chavo, popularizada por su estribillo de «Qué bonita vecindad», así como también: Buenas noches vecindad y Joven aún, las cuales impulsaron el característico humor del show.

 

El Chavo del Ocho

 

A pesar de los tropiezos legales, el niño del barril consolidó un fenómeno imborrable en la cultura pop global.

La tonada inicial de El Chavo del Ocho y las composiciones originales de Chespirito superaron las barreras del idioma y las fronteras, transformándose en un código auditivo universal de la nostalgia latinoamericana.

Hoy en día, escuchar esos temas no solo evoca un programa de televisión, sino que representa un patrimonio social que unió a familias enteras frente al televisor.

 

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Fuente: Fandom

Ciudad Valencia/Ernesto Cañizalez

Fotos y videos: Cortesía