HAGO POESÍA (¿?)
Se dice. / Se siente. / Más no se dice y se siente. // Hussler tenía razón. // Lo cursi chapotea de almibares / pero el colibrí va cargado / de serafines feroces // ¡directo a las vísceras! // Rimbaud se ausenta / en el entelequio de sus quehaceres. // ¿Poeta-vago de los sentidos? / Yo ofrezco las obras / ellos me dejan las sobras // Mi madre tenía razón // No he descubierto / más que una pausa de los cuerpos / un instante en los genes vívidos / simple y laborioso. // El cascarón de la palabra / cubre de aguacero. / La burla y el desprecio / nos tejen camisas de harapos.

FIDELIDAD
“A la cuenca / de tus ojos / le pregunto: / ¿Dónde has ido? // A tu carne / sin sabor / le increpó: / ¿vives aún? // Asomado / a tu boca, / tengo una duda: /¿Estás ahí? / ¡……….! / Siempre quisimos / nunca fuimos.”
Jorge García
1
En mi único viaje a Madrid hace unos 15 años visité en varias oportunidades el Museo del Prado, y casi de inmediato me dirigía a ver entre otros preferidos, los cuadros de El Bosco.
También me topé con este artista Flandes visitando en El Escorial, un regalo que nos dio a Miriam y a mí el inolvidable y fraterno amigo Juan Mujica, esposo de una hermana de Ana Enriqueta Terán, lo había conocido en la Casa de hablas, la residencia en Valencia de la entrañable poeta trujillana a quien quise y recuerdo tanto.
Sentía un especial goce poder contemplar en aquellos cuadros esa atmósfera tan extraña que no he visto en ningún otro pintor, o tal vez sólo en Salvador Dalí. Ello confirma al Bosco como un referente del surrealismo, medio milenio antes de que este existiera como escuela o propuesta de vanguardia.
2
Recuerdo que fui jurado junto con los poetas Juan Liscano y Enrique Mujica, de un concurso de poesía conmemorando el 40 aniversario de la creación de la Universidad de Carabobo; entre las obras enviadas hubo una que no obtuvo el primer premio pero llamó mucho mi atención por su belleza y aparente simplicidad. El seudónimo que llevaba aquel poemario era el de Hieronymus Bosch, el pintor autor de ese cuadro apasionante conocido como “El jardín de las delicias”, que el catedrático madrileño Pedro Tellez Carrasco, me había señalado su grandeza en una conferencia inolvidable en la peña literaria “Braulio Salazar” que funcionaba en el bar y arepera Perecito de la avenida Bolívar de Valencia.
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“Cinco siglos pueden converger en universos pictóricos similares.”
JOSÉ CARLOS DE NÓBREGA
“Aunque sus contextos históricos, técnicas y motivaciones filosóficas son radicalmente distintos, la atmósfera pictórica de El Bosco (1450-1516) y Salvador Dalí (1904-1989) comparte una profunda conexión en la creación de realidades oníricas, simbólicas y perturbadoras.
La obra de ‘El Bosco’ es una ventana a los sueños y pesadillas colectivas de la Baja Edad Media. No se basaba en teorías psicológicas (que no existían), sino en la imaginación popular, las leyendas, los proverbios y, sobre todo, una intensa religiosidad que personificaba el bien y el mal. Pintaba el inconsciente colectivo de su época.
Salvador Dalí, por su parte ‘es el maestro del sueño por excelencia del siglo XX. Se basó conscientemente en las teorías psicoanalíticas de Freud para explorar el subconsciente individual. Su método «paranoico-crítico» buscaba representar las visiones de los sueños y las alucinaciones con una precisión fotográfica.
Ambos artistas convierten el lienzo en un escenario donde las leyes de la lógica y la física se suspenden, dando paso a un flujo de imágenes irreales.
El Bosco pobló sus obras (especialmente «El Jardín de las Delicias») con una iconografía delirante y fantástica: seres híbridos entre humano, animal y vegetal, arquitecturas imposibles, objetos que se fusionan y criaturas grotescas. Cada elemento, aunque de significado a veces críptico, tiene una carga simbólica (pecado, lujuria, tentación, condena).
Dalí, por su parte, tomó esta idea y la modernizó. Sus relojes blandos, elefantes de patas de insecto, cajones que se abren en el cuerpo humano y hormigas que pululan por superficies, son la versión contemporánea de la iconografía bosquiana. Son símbolos de la relatividad del tiempo, los deseos sexuales reprimidos y la decadencia de su tiempo.”

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“EL CAOS Y LA AURORA”
DE JORGE GARCIA *
Nota de la contraportada
Bajo el seudónimo que evoca al visionario de los trazos imposibles, “Hieronymus Bosch” surge como un poeta que talla versos en las grietas de lo real y lo onírico. Este autor, inédito pero forjado en el fuego de décadas de creación clandestina, teje un bestiario lírico donde la lluvia dialoga con ríos desbordados, los espejos devuelven fracturas del alma y las ciudades se deshacen en mitologías íntimas. Los poemas que componen esta ópera prima son un viaje por paisajes donde lo visceral y lo etéreo colisionan: el ego y el alter ego se enfrentan en duelos metafísicos, amores desgarrados navegan en barcazas de caos, y la sombra de artistas como Dalí o Rimbaud acecha entre metáforas incendiarias.
Aquí, la palabra es un cuchillo que disecciona la existencia: desnuda la fragilidad de los sueños, la tiranía del tiempo y la belleza salvaje de lo efímero. Con un lenguaje que oscila entre el grito y el susurro, Bosch construye un universo donde hasta las cenizas guardan memorias de fuego. Un libro para quienes buscan no solo leer poesía, sino habitarla, aunque duela.
Adentrarse en estas páginas es perderse en un jardín de símbolos, donde cada poema es un espejo roto: cuidado con lo que el reflejo decida revelar.”
- * García, Jorge. El caos y la aurora. Fondo editorial Ollé. 2025
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Luis Alberto Angulo [Rivas], nació en Barinitas, estado Barinas en 1950. Desde 1972 reside en Valencia (Carabobo). Poeta y articulista.
Bibliografía directa: Antología de la casa sola, Una niebla que no borra, Antípodas, Fusión poética, La sombra de una mano, Antología del decir, Coplas de la edad ligera.
Premios: “IV Concurso Internacional de la revista Poesía (UC)”, así como de los certámenes nacionales de poesía “Francisco Lazo Martí” y “Rómulo Gallegos”.
Antólogo de: San Juan de la Cruz, Miguel Hernández, Enriqueta Arvelo Larriva, Ana Enriqueta Terán, Gelindo Casasola, Ernesto Cardenal; “Rostro y poesía, poetas de la Universidad de Carabobo”, “El corazón de Venezuela, patria y poesía”.
Coautor con Luis Alberto Angulo Urdaneta de “Viento barinés”; con Luis Ernesto Gómez de “Poetas venezolanos en solidaridad con Palestina, Irak y Líbano”; con Nereida Asuaje de “Lubio Cardozo, Del lugar de la palabra”.
Textos suyos aparecen incluidos en las antologías: “Jóvenes Poetas de Aragua, Carabobo y Miranda” (Fundarte 1978), de José Napoleón Oropeza; “Poetas de Venezuela (Revista Poesía UC), de Reynaldo Pérez Só, y “Barinas, cien años de poesía” (1995), de Leonardo Gustavo Ruiz.
Ha sido invitado en varias ocasiones al Festival mundial de Poesía de Venezuela y a la Feria Internacional del libro de Venezuela (Filven).
Ciudad Valencia/M.Ll











