Avecindado en El Paují, casi sobre la línea limítrofe con Brasil en el estado Bolívar, Armando Amanaú nos envía sus “Últimos poemas”, que él piensa no son exactamente piezas literarias, y que yo confío, pese a su radical autoconfinamiento en el sur, no serán tampoco los últimos artefactos que nos prodigue su libérrimo talento de cronista lírico del decir.
Conversa con Pedro Téllez
Hay que hacer un diapasón entre la vida breve de los hombres y la larga del imperio….
Amanaú adopta una voz documental, de cronista o lector de enciclopedias, más la frialdad enumerativa es engañosa.
La frase que califica a todos esos imperios de «sociedades esclavistas y feudales» introduce una mirada crítica que desmonta cualquier nostalgia supremacista.
El poeta no se queda en el pasado, interpela al presente preguntándose si el imperialismo —definido como «fase superior del capitalismo»— «recién comienza o apenas se inicia en el siglo XX», desplazando así la reflexión histórica hacia una inquietud contemporánea.
Muy histórico. A Bertold Brecht le interesaba el cocinero del ejército imperial, el esclavo que puso el ladrillo en la pirámide….
La brevedad del poema contrasta con los tiempos imperiales, sugiriendo que, frente a la fugacidad de los imperios, la pregunta por el poder actual sigue abierta e inquietante.
Al enumerar los milenios de China o Egipto, la voz poética se sitúa ante la inmensidad del tiempo, recordando que incluso lo más sólido está sujeto a una fuerza mayor: la mutación constante.
La mención al I Ching (El libro de las mutaciones), eleva el texto de la crónica histórica a la sabiduría. Lo místico es comprender que el poder no reside en las estructuras humanas, sino en el flujo de la vida que las crea y las deshace.
El poema nos dice que, si bien el imperialismo actual parece imponente, es apenas un parpadeo en la escala de la historia. Esa es la esperanza mística: la transformación es la única constante.
EL MISMO AUTOR: ENRIQUETA ARVELO LARRIVA: EL ACENTO DIVINO

Los imperios
El imperio Chino
duró más de dos mil años
y el Bizantino, más de mil.
El imperio romano occidental, medio milenio.
Los egipcios se mantuvieron durante
tres mil setenta años,
los japoneses imperiales
dos mil seiscientos.
Los persas,
—ahora Irán—
mil doscientos años.
Todo es cambio
y se transforma,
dice el I Ching
“El libro de las mutaciones”.
Fueron todas ellas
sociedades
esclavistas y feudales.
El imperialismo,
“fase superior del capitalismo”,
¿recién comienza
o apenas se inicia
en el siglo XX?
Lucidez
El presidente declaró
que ha rendido tres pruebas cognitivas
y pese al cansancio
que estas le producen,
ha salido bien en todas ellas; quiso decir, creo,
que nadie puede acusarle de senil y que él está listo
para lanzar sobre el globo terráqueo los megatones de su poderío.
—
Comentario final sobre «Lucidez»:
Amanaú desnuda aquí la paradoja más inquietante de nuestro tiempo: la supuesta «lucidez» neurológica como coartada para el despropósito ético. En pocos versos de aparente simpleza periodística, el poeta condensa el absurdo de un poder que mide su cordura en pruebas de consultorio, mientras sostiene con la otra mano el botón del Apocalipsis. El título es de una ironía escalofriante.
La verdadera demencia no reside en olvidar las palabras, sino en olvidar la fragilidad del mundo al que se amenaza. Frente al tono documental y geológico de Los imperios, Lucidez se erige como un fogonazo satírico, un susurro que nos recuerda que el crepúsculo de los imperios ya no se mide en milenios, sino en el parpadeo de un dedo sobre un misil. Es, en definitiva, el poema más político y, a la vez, más aterrador de esta entrega desde El Paují.

Sobre Armando Amanaú y su contexto poético
Existen referencias de artículos y poemas de Armando Amanaú publicados en la prensa nacional venezolana desde inicios de este siglo. Sin embargo, mucho antes conocí a Orlando Amanaú, un poeta nacido en Valencia que en la década de los ochenta estudió Historia en la Universidad de Los Andes, en Mérida. Luego de graduarse, se quedó a vivir allí, se casó y tuvo una hija. Murió muy joven en un accidente de tránsito al quedarse sin frenos el viejo jeep que conducía. Creo que no llegó a conocer a su hija, que estaba por nacer, y su obra poética y ensayística quedó inédita.
En contraste, Armando Amanaú (Carabobo, 1988) es un poeta de la generación más reciente, adscrito a la corriente de la «poesía del decir», que se caracteriza por un tono conversacional, transparente y de fuerte compromiso político. Su obra ha tenido una difusión significativa en lo que va de siglo.
Antes de decidirse plenamente por la poesía, publicó numerosos artículos de prensa. De esa producción inicial recuerdo sus colaboraciones en el diario “El Periodiquito” de Maracay, cuando el poeta Alberto Hernández era su jefe de redacción. También recuerdo una larga carta suya publicada en la revista “A Plena Voz”, dirigida por el poeta y Premio Nacional de Literatura William Osuna.
Su labor poética ha sido reconocida y difundida por varios escritores de generaciones anteriores. La revista Redve, de la Red de Escritores, publicó poemas suyos junto a una nota del poeta Luis Alberto Angulo. Asimismo, sus textos aparecen en compilaciones como Poetas venezolanos en solidaridad con Palestina, Irak y Líbano (MINCI, El perro y la rana) y en las ediciones de El corazón de Venezuela, patria y poesía (PDVSA – Ediciones de la Presidencia de la República).
El escritor José Carlos De Nóbrega fue uno de sus principales críticos y difusores, haciendo constantes referencias a su obra y definiéndolo como un «poeta del decir que incursiona en el poema político y popular». De igual manera, Pedro Téllez también lo ha referenciado, lo que (…) subraya un diálogo y un reconocimiento entre distintas generaciones del quehacer poético venezolano. Incluso se ha explorado la figura de Amanaú como una «voz compañera» o un ejercicio de heteronimia por parte del poeta Luis Alberto Angulo para abordar una lírica más díscola y coloquial.
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DISFRUTA TAMBIÉN:
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Luis Alberto Angulo [Rivas], nació en Barinitas, estado Barinas en 1950. Desde 1972 reside en Valencia (Carabobo). Poeta y articulista.
Bibliografía directa: Antología de la casa sola, Una niebla que no borra, Antípodas, Fusión poética, La sombra de una mano, Antología del decir, Coplas de la edad ligera.
Premios: “IV Concurso Internacional de la revista Poesía (UC)”, así como de los certámenes nacionales de poesía “Francisco Lazo Martí” y “Rómulo Gallegos”.
Antólogo de: San Juan de la Cruz, Miguel Hernández, Enriqueta Arvelo Larriva, Ana Enriqueta Terán, Gelindo Casasola, Ernesto Cardenal; “Rostro y poesía, poetas de la Universidad de Carabobo”, “El corazón de Venezuela, patria y poesía”.
Coautor con Luis Alberto Angulo Urdaneta de “Viento barinés”; con Luis Ernesto Gómez de “Poetas venezolanos en solidaridad con Palestina, Irak y Líbano”; con Nereida Asuaje de “Lubio Cardozo, Del lugar de la palabra”.
Textos suyos aparecen incluidos en las antologías: “Jóvenes Poetas de Aragua, Carabobo y Miranda” (Fundarte 1978), de José Napoleón Oropeza; “Poetas de Venezuela (Revista Poesía UC), de Reynaldo Pérez Só, y “Barinas, cien años de poesía” (1995), de Leonardo Gustavo Ruiz.
Ha sido invitado en varias ocasiones al Festival mundial de Poesía de Venezuela y a la Feria Internacional del libro de Venezuela (Filven).
Ciudad Valencia/RN













