“El Gabo, Colombia y el cambio necesario” por José David Capielo

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La etapa que se abre en la República de Colombia a partir del domingo 7 de agosto de 2022, cuando asuma el presidente electo Gustavo Petro Urrego, motiva algún comentario que intentaré relacionar con el papel que cumplió en vida, y a mi criterio sigue cumpliendo como referente indiscutible, el laureado escritor colombiano, latinoamericanista y universal Gabriel García Márquez (GGM-El Gabo).

La vida y obra de GGM estuvo vinculada indisolublemente a su Colombia natal, aun cuando debió autoexiliarse en México por más de cincuenta años, hasta su muerte en abril del año 2014. Unida a su excepcional capacidad y calidad narrativa, que le valió los mayores reconocimientos y premios en el plano literario, El Gabo, como se le conoció en lo más íntimo, mantuvo una verticalidad en su identidad con las causas libertarias, con los procesos de cambio en especial en nuestra Latinoamérica.

Es vinculante la situación en la Colombia actual, con las ideas sostenidas y defendidas siempre por GGM, sobre la necesidad de un cambio real en su país, donde sabía que la violencia generalizada y la corrupción política habían carcomido severamente el Estado nacional.

La línea de acción de García Márquez, más allá de sus ocupaciones como escritor dedicado, prolijo y exitoso, se mantuvo en defensa de la lucha de los pueblos, en especial latinoamericanos. En la propia Colombia estuvo siempre acompañando los procesos de diálogo y búsqueda de la paz, que sigue siendo hoy una meta fundamental a lograr en forma determinante.

En sus propias obras literarias principales, dentro del llamado realismo mágico, reflejó parte de esta historia en Latinoamérica y en su propio país desde los confines de la colonia. Su histórico discurso de aceptación del Premio Nobel, en 1982 (Estocolmo), que tituló “La soledad de América Latina”, fue un texto donde realizó una somera revisión histórica caracterizando como fabulosa nuestra región desde los tiempos del mal llamado “descubrimiento”.

Agregó, entre otras cosas, que los europeos no habían entendido totalmente la literatura latinoamericana ni tampoco la innovación social que se ha producido regionalmente. Planteó que el Premio Nobel que recibía lo consideraba una recompensa para todo este continente. Este mensaje latinoamericanista se complementó con su vestimenta de ese día, el “liqui liqui”, y su delegación de unos 60 músicos, cantantes y bailarines que hicieron retumbar en el escenario la cumbia y el vallenato de su Colombia originaria. Mantenía que para triunfar no hacía falta denigrar de nuestras raíces.

En 1990 leíamos unas declaraciones del Gabo donde expresaba que Colombia, en sus siglos de feudalismo rural, en sus 30 años de conflicto armado insoluto y en su larga historia de gobernantes que han fallado en representar las aspiraciones del pueblo, ha engendrado a los narcotraficantes y todo cuanto representan.

En mayo 1991, en entrevista para Radio Caracol en Bogotá expresaba: “¿Qué podemos hacer sino vivir y luchar juntos, aunque sea como perros y gatos? Es el sueño de Bolívar más actual que  nunca: la integración del continente. Para seguir peleando juntos contra la muerte en las trincheras de la felicidad, luchando por ser nosotros mismos, por más paz para siempre, por más tiempo y mejor salud, más comida caliente, más rumbas sabrosas, más de todo lo bueno para todos. En una palabra, más amor”.

Se consideró siempre a GGM como un obsesionado por la paz. Participó o promocionó procesos de diálogo y paz no solo en Colombia, sino en otros ámbitos como San Salvador y Nicaragua. Llegó incluso a criticar la política antidrogas de los EEUU en Colombia, tildándola de un instrumento adicional de intervencionismo en América Latina.

 

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GGM es referencia ineludible en este proceso que se abre en Colombia luego de 200 años de gobiernos oligárquicos antipopulares. Para Venezuela tendrá gran repercusión lo que suceda con el nuevo gobierno definido como progresista y transformador, encabezado por Gustavo Petro, de origen costeño como El Gabo y Francia Márquez, primera vicepresidenta afrodescendiente.

Así como la mediática ha manejado con gran interés la publicación del libro escrito por el hijo de GGM, Rodrigo García: “Gabo y Mercedes: Una despedida” (2021), donde narra los últimos días del connotado escritor e igualmente la revelación del periodista colombiano Gustavo Tatis Guerra, a inicios de 2022, sobre la existencia de la hija desconocida del García Márquez (Indira Cato), es importante estar atentos a lo que el “Pacto Histórico” en Colombia y sus alianzas políticas puedan hacer desde el poder en estos próximos 4 años.

Existe gran esperanza de cambio, no solo en más de once millones de colombianos que votaron a favor de Gustavo Petro y Francia Márquez, sino en todos los que igual que Gabriel García Márquez siguen, y seguimos, sintiendo nuestra región latinoamericana como merecedora de mejores amaneceres.

 

José David Capielo / Ciudad Valencia