Desde las justificaciones de “guerra justa” (Jus ad Bellum), los imperativos globales en la agenda post guerra fría, donde Estados Unidos (EEUU) sale victorioso como potencia militar, empieza una política de modificar el discurso tradicional y clásico de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), bajo el argumento intervencionista de una soberanía sin visado “incondicional”, dados los intereses de seguridad global de Occidente, es decir el bloque EEUU-Europa Canadá.
En tal sentido, bajo el gobierno de George W. Bush (padre), se impulsó la restructuración de la zona euroasiática, en virtud de las reservas petroleras que poseen los países ubicados en el área. Por tal motivo, la propuesta de seguridad y defensa de EEUU cuestiona y no reconoce, de manera explícita, el sistema de relaciones internacionales establecido desde el Tratado de Paz de Westfalia (Alemania 1648), que da origen al sistema de relaciones modernas entre los Estados Nación.
Toda esta iniciativa buscaba el impulso de una política exitosa donde los acuerdos económicos, políticos y militares garantizaran la producción, así como el transporte y mercado petrolero, con la finalidad estratégica de aislar y encerrar a las exrepúblicas soviéticas al controlar los corredores geográficos hacia el oeste, este y sur; el objetivo final era impedir que estos países participaran en proyectos de co-inversión o en tratados militares con Irán y China.
En tal sentido, se busca consolidar la hegemonía de un área estratégica clave, que permita diseñar mecanismos de control, vigilancia y presión sobre potencias regionales, en tal caso: Rusia, China, Irán, la India y zonas críticas de beligerancia como el Medio Oriente.
No olvidemos que las guerras invasivas de Irak y Afganistán tienen sello colonizador, ligadas al control transnacional de toda clase de recursos, tanto energéticos como de reservas acuíferas más biodiversidad.
En estos elementos encontramos el apoyo brindado por el gobierno norteamericano a la política de exterminio masivo del Estado de Israel contra los territorios Palestinos. En este orden de ideas, las guerras que se libran en la actualidad ponen de manifiesto la visión de desarrollo y crecimiento económico de los países industrializados centrados en el control territorial y manejo único de las fuentes energéticas, la disolución de todas formas de Republicas / Estados.
El caos desatado conlleva a las horribles y peores vulneraciones de los derechos de soberanía, negación de la dignidad humana, el empleo de la violencia contra la población civil, además de la destrucción de los bienes culturales y arquitectónicos.
De esta manera se revalora la idea del destino manifiesto en toda su dimensión fundamentalista: “Los Estados Unidos tienen en sus manos un mandato exclusivo para administrar la Creación y todas sus criaturas. Dios escogió a América para que aquí se construyese la sede del paraíso terrestre, por eso la causa de América (EEUU) será siempre justa y ningún mal le será imputado”…
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¡Vaya doctrina justificadora!, expresada por la prédicas puritanas en Nueva Jersey en el año 1660, sustentadora de una profecía cruzada por la barbarie a nombre de justificaciones “racionales “de guerras justas contra el terrorismo, que ameritan de dispositivos jurídicos para reordenar los territorios.
La fuente política también se encuentra en el pensamiento neoconservador y el viejo proyecto para un nuevo siglo estadounidense.
Ciudad Valencia / José Ramón Rodríguez (Entre luces y sombras)













