Desde la mirada de la educación en patrimonio cultural que transmite, documenta, promociona y enriquece, hablaré del municipio Caripe, estado Monagas, y sus elementos asociados, declarados Bien de Interés Cultural por el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), según Providencia Administrativa N° 003/05 del 20-02-2005, Gaceta Oficial N° 38.234 del 22-07-2005. Toda vez, como Portadora Patrimonial de la Nación (Gaceta Oficial N° 43.127 del 14-05-2025).
El municipio Caripe, capital Caripe, fue fundado el 12 de octubre de 1734 por una misión católica de indígenas chaimas, con el misionero capuchino Pedro de Gelsa, con el nombre del poblado San Miguel Arcángel de Caripe, que posteriormente se convertiría en Caripe. Es conocido también como el «Jardín del Oriente Venezolano».
Se encuentra en la región montañosa de Monagas, presenta una vegetación de bosque húmedo premontañoso, el principal curso de agua es el río Caripe, con una imponente cascada, siendo esta la más alta del estado Monagas, se llama Chorrerón, localizada a unos 8,4 kilómetros de Sabana de Piedra.
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Otras localidades importantes del municipio son: El Guácharo, La Guanota, Sabana de Piedra, San Agustín y Teresén. El municipio cuenta con una vasta historia que se enriquece, poniendo la imaginación a volar, entre mitos, cuentos, leyendas y realidades.
A la entrada del municipio, y con sus alas abiertas para recibir a propios y visitantes, se encuentra el Monumento al Guácharo, icono de esta tierra y representación en homenaje a la fauna regional, fue realizada por el escultor Jesús David Martínez y proyectada por Freddy Mujica León. Tiene una altura de 7,88 m por 11 m de ancho, y un peso de 2,5 toneladas.
La obra se ha convertido en un atractivo turístico y un espacio de recreación e identificación para la comunidad, situada en una pequeña plaza triangular que forma una isla entre calles. El mirador de Caripe, con una vista panorámica sobre todo el valle de Caripe, está ubicado sobre una colina y su acceso se realiza a través de una vía de cemento, el lugar es frecuentado por grupos familiares y parejas de enamorados.
De acuerdo con la memoria histórica de los lugareños, Esteban Caripe fue un indígena adoctrinado en la época colonial, quien aprendió el castellano y sirvió de intérprete. Por su arrojo y lealtad, fue nombrado capitán, y durante la constitución de la Misión Santo Ángel Custodio, hacia el año 1717, persuadió a dieciocho familias chaimas a que, de manera pacífica, formaran un poblado.
En reconocimiento de esta labor, los españoles le otorgaron en propiedad, a él y a su descendencia, una enorme extensión del valle de lo que hoy en día es el territorio de casi toda la población caripense. Su familia creció, así como la llamada aldea Caripe, y de su estirpe es de donde proviene el nombre de esta región nororiental de 529 km².
Teresén
Cuenta una vieja leyenda indígena chaima, muy poco conocida por la comunidad, que el pueblo San Fidel de Teresén recibe su nombre de un legendario indígena. Según la leyenda, ese grupo era gobernado por un viejo cacique que en su juventud fue un gran guerrero. Disfrutaba sus últimos días en compañía de su hija Yuraima, quien por ser muy hermosa era ocultada y cuidada con mucho celo por su padre.
Una noche apareció, entre las trémulas luces de las fogatas, un indígena llamado Teresén de piel bronceada, fuerte, de fulgurantes pupilas y llamativos tatuajes. Entró en la choza del piache de la tribu y le pidió que le ayudara a encontrar su destino. Al salir de allí y montar en su potro e intentar cabalgar, halló en las patas de su corcel a una hermosa joven. Se miraron profundamente y con mágica atracción. Teresén la subió a su caballo y desaparecieron en la neblina.
El cacique, al notar la ausencia de su hija, acudió al piache, quien le dice que a su hija se la robó el indígena Teresén. En aquella mañana sólo se oía en el valle un lastimero eco del incesante grito del cacique: ¡Teresén! ¡Teresén!
Amanacora
Amanaroca es una leyenda chaima, que reza así: luego de buscar compañera por el más empinado cerro del valle de Caripe, Zis consiguió pareja en la suave brisa o Numa. De esta unión nacieron los gemelos Amaranaca o Chotocompiar, y Coronoima o Hurvipian. Ellos crecieron unidos y alegres entre tigres, monos, guayacanes, caobas, papayas, campeches, cuspas y guayabos.
Pero Amaranaca vio que su hermano iba dejando a su paso huellas de destrucción: pasmaba plantas y árboles, envenenaba aves y culebras, ahuyentaba pájaros y hacía crecer espinas en las rosas. Por ello fue creciendo una enemistad entre los dos hermanos, alimentada por el soplo de las frases de adulación del señor de las tinieblas o Iroquiniano.
Un día Coronoima esperó a su hermano y éste, inocente del odio creciente, disfrutaba de la música de los árboles, del canto de los pájaros y no entendió el significado de la riña hasta tener cerca a Coronoima y ver su furia. Amaranaca alzó en sus brazos al agresor y lo lanzó lejos del valle por sobre las montañas. Es así como Hurvipin quedó convertido en parte del enorme Cerro El Guácharo, lugar donde se albergan las almas de los difuntos para descansar en silencio. Por este hecho, Amaranaca se erigió como el creador del hombre y héroe cultural de la etnia chaima.
“El permiso” es una costumbre ancestral para entrar a la Cueva del Guácharo, tradición chaima, la cual consiste en solicitar permiso a las almas moradoras de la cueva mediante un ritual y así poder entrar en ella. Este evento se lleva a cabo cerca del solsticio de verano o cerca de las fiestas del 24 de julio. Se realizan invocaciones y oraciones a las almas para que éstas puedan autorizar la entrada a los visitantes.

La leyenda del origen de la Cueva del Guácharo
Se cuenta que, hace mucho tiempo, por las serranías de Caripe existía un indígena llamado Torperagua, dueño y señor de toda la tierra. Un brujo terrible de fuerza sobrehumana tenía una mujer llamada Gondina y un hijo llamado Pirtiaco. Eran negros provenientes de África. Un día pasó el indígena Torperagua por la casa del negro y le salió un perro que le ladró.
El indígena se molestó y le dijo: «No te mataré, pero mataré a tu dueño». Entonces tiró al brujo negro hacia arriba y a los tres meses cayó parado convirtiéndose así en Cerro Negro. Gondina, la mujer, quedó furiosa y el indígena la lanzó también para arriba. A los diez meses cayó de barriga y se enterró de pies y manos y no pudo moverse. La cabeza le quedó hacia San Agustín y el trasero Hacia El Guácharo. Se petrificó y así se formó la famosa Cueva del Guácharo. Estas expresiones, basadas en las creencias del pueblo de Caripe, se han mantenido en el tiempo por el respeto y la valoración que le da la comunidad.
Caripe es conocido por su belleza natural y sus atractivos turísticos, especialmente El Parque Nacional El Guácharo, que es un monumento natural con significación cultural, también conocido como “Alejandro de Humboldt”, se caracteriza por su relieve accidentado de valles estrechos. La vegetación que predomina corresponde a bosques húmedos premontaños y de sabana, la fauna está representada por los báquiros, el venado caramerudo, los jaguares y los monos, además de la presencia del guácharo, que es de color castaño rojizo, rayado en negro y moteado en blanco.
Es la única ave frugívora comedora de fruta nocturna; permanece en el interior de sus cuevas de día, durante el vuelo, el guácharo arranca sus principales alimentos –nueces de palma o palmiste– con su poderoso pico ganchudo. Estas aves construyen sus nidos sobre plataformas altas en las paredes de las cavernas, los polluelos, de dos a cuatro, permanecen en el nido hasta 120 días aproximadamente.
Es el Parque Nacional número dieciocho decretado en el país y su importancia radica no solo en su enorme atractivo turístico, también constituye la fuente de los más importantes reservorios de agua de los estados nororientales del país. Se encuentra ubicado entre los municipios Acosta y Caripe del estado Monagas, siendo este último donde se encuentra la mayor parte del parque, y en el municipio Rivero del estado Sucre.
En su centro se encuentra la famosa Cueva del Guácharo, formada por rocas calizas que datan del período cretácico de la era mesozoica, hace unos 130 millones de años, cuando un ambiente marino de aguas profundas cubrió el norte del occidente y el oriente de Venezuela.
La cueva era utilizada por los aborígenes 3.000 años antes de nuestra era. Los misioneros franciscanos y capuchinos la descubren en 1659, y tres años después, tras fundar la Misión de Santa María de los Ángeles del Guácharo, la utilizan para esconderse de los indígenas tuapocas. La primera exploración la hizo, en 1794, Francisco de Ibarra, obispo de Guayana, quien penetró 802 m.
En 1799, junto a Aimé Bonpland, Alejandro de Humboldt se internó unos 472 m y escribió: «No he visto caverna alguna que tenga una estructura tan uniforme y regular». En 1835, Agustín Codazzi realiza otra expedición. En las décadas siguientes, la cueva interesó a numerosos científicos europeos, quienes la visitaron e investigaron. En 1946, un grupo de caripenses atraviesan por vez primera, el llamado Paso del Viento, y la sección de Espeleología de la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales, llega al fondo de la cueva en 1957.
¡Visitemos, preservemos y salvaguardemos, estos elementos y sitios Declarados Bien de Interés Cultural!
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Danfny Esther Velásquez Sosa (1960, Santa Ana, Nueva Esparta) danfnyescritora@gmail.com: Escritora, locutora, maestra pueblo en la Radiodifusión Sonora, productora nacional independiente, cronista comunal, abogada y científica social (doctora en Ciencias de La Educación y en Patrimonio Cultural). Actualmente es la directora interinstitucional de Radio América: R. A. «La Onda de la Alegría» 90.9 FM, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación (G. O. N° 42.670, del 13-07-2023).
Su trayectoria incluye un TSU en Producción de Medios de Comunicación Social (Alternativa, Popular y Comunitaria), una licenciatura en Pedagogía Alternativa, sub-área Registro del Patrimonio Cultural, y un posdoctorado en Corrientes Filosóficas para la Investigación.
Ciudad Valencia / RN













