(A la mystérieusse y a Rilke en su cumpleaños 150)
¿Qué he hecho yo para que el peso de las ‘realizaciones’ me haga caer siempre en las redes del amor, a mí que, por naturaleza, nunca he cargado con sus frutos resplandecientes, como el naranjo soporta su dichosa e inocente carga?.
Rainer Maria Rilke: Cartas a Benvenuta.
Si un hombre amó y fue amado ese fue Rainer Maria Rilke, basta leer sus diversos epistolarios a aquellas a las que se acercó amorosamente: Lou Andreas Salomé, Benvenuta, Marina Tsvietáieva, para sentir la calidad de sus sentimientos.
Este 4 de diciembre se cumplen 150 años del nacimiento del gran poeta y me pregunto: ¿cuántos se hacen acompañar de sus poemas, de sus cartas o sus narraciones?; ¿quiénes en medio de una confusión amorosa buscan refugio en sus palabras?
Hoy las leyes del mercado nos imponen leer a autores como un tal Walter Riso, para quien los sentimientos son un asunto programable y el sufrimiento una elección que podemos evitar.
DEL MISMO AUTOR: RAMOS SUCRE: SÓLO LO DIFÍCIL ES ESTIMULANTE
Sin embargo, el sufrimiento amoroso es parte del sabor de la vida, y éste es el problema de autores como el señor Riso, quienes se empeñan en hacer ecuaciones imposibles, como aquello de la «inteligencia emocional» como si las emociones pudieran ser inteligentes y uno pudiera tener algún dominio sobre ellas.
No creo que a uno lo programen para sufrir o no: imagínate al príncipe de Dinamarca: «Sufrir o no sufrir he allí el dilema». Tampoco las personas son robots, ni televisores para que los programen. Se vive y ya; y después viene la poesía.
Con respecto al amor y la entrega, también responde a un requerimiento personal: te entregas o no: ése es tu problema, no de tu pareja. Porque si el amor es un sentimiento que existe entre dos (o tres) amar es un asunto individual. De nuevo: si amas o no, es asunto tuyo, no del otro.
Es cruel, pero cierto. Y ahí está la parte negativa de estos autores positivos, pretenden decirte cómo sentir en situaciones en las cuales nadie sabe cómo va a reaccionar. Es la propia locura.
¿Se imaginan que el joven Werther hubiese leído al señor Riso? No tendríamos su hermoso diario, ni Roland Barthes hubiera escrito «Fragmentos de un discurso amoroso» y eso sí hubiera sido lamentable: como para sufrir.
Dicho de otra manera: entre Riso y Barthes, mejor quedarse con el segundo. No va a dejar uno de sufrir pero vamos a leer un autor que de verdad vale la pena.
Te enamoras hoy y sufres: es normal; mañana te vuelves a enamorar y quizás la pases bien (cómo se puede manejar eso: cuándo sí y cuándo no).
Mi consejo es olvidarse de Riso porque dan risa sus pretensiones, hay amar hasta la humillación, sufrir hasta secarse y luego escribir. Es lo único que queda.
Se trata de una actitud personal frente a la vida y su conversión en arte: nos equivocamos siempre (¿y qué es el amor es una comedia de equivocaciones shakespeareanas?) y eso quizás sea lo mejor.
Porque de no hacerlo nunca miraríamos hacia atrás, ya sea con ira (como los personajes de John Osborne) o por curiosidad (como hizo la mujer de Lot), y al no poder mirar hacia atrás el espacio recorrido esos detalles que nos mortifican volverán a estar al frente y de nuevo seremos sus víctimas.
La literatura es vida, no la malgasten en teorías inútiles. Mientras sigan sufriendo cómodamente y que no les dé vergüenza que para eso tenemos sangre en las venas.
Para sufrir hay que tener un poco de dignidad, de ahí sale la mejor literatura (recordad a Rilke: «en los momentos esenciales, estamos indeciblemente solos»). Pero estas son cosas que no sabe el señor Riso porque quizá nunca ha sufrido en su vida.
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Manuel Cabesa*
Ciudad Valencia / RN













