En el principio era el canto.
Al cosmos él lo creó cantando.
Y por eso todas las cosas cantan.
Ernesto Cardenal.
(Cántico cósmico)
La crítica ha tendido a leer a Ernesto Cardenal (1925-2020) como poeta político o cronista de la revolución sandinista. Sin embargo, existe una clave interpretativa más profunda y cada vez mejor reconocida: su poesía está orientada hacia una visión científica del universo que se expresa como experiencia mística.

Cardenal incorporó de manera sistemática la cosmología, la física cuántica, la biología evolutiva y la termodinámica como materias poéticas centrales. En su obra, la expansión del universo, la muerte de las estrellas o la danza de los electrones no operan como metáforas: el conocimiento del cosmos es una forma de contemplación de lo sagrado. La ciencia, como en Pasteur, no contradice a Dios: lo revela y afirma.
En 2005, la editorial Monte Ávila Editores (Caracas) publicó una Antología poética de Ernesto Cardenal con autorización expresa del poeta. En el prólogo, titulado «Aproximación a la poesía de Ernesto Cardenal», sostuve que su obra llegaría a ser percibida colectivamente como la de uno de los grandes poetas místicos de la humanidad, y que esa mística se expresaba también por una visión científica del universo.
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La ciencia evidentemente no es un tema ocasional en Cardenal, sino la gramática misma de su experiencia espiritual. La antología de Monte Ávila planteó de forma implícita la imperiosa necesidad editorial de reunir la obra poética completa del poeta nicaragüense, que había permanecido ausente de los grandes circuitos comerciales del libro en español.
La Editorial Patria Grande de Buenos Aires emprendió la primera publicación de toda la obra poética de Cardenal en varios tomos (2008-2014). Y el poeta solicitó expresamente que el mismo ensayo —el de Monte Ávila— apareciera como prólogo en todos los volúmenes de esa Poesía Completa.
Esa solicitud constituyó una validación explícita: Cardenal consideraba que el núcleo de su poesía no era político ni narrativo, sino místico-científico, y que ese enfoque debía ser la puerta de entrada legítima a su obra reunida.

Debo insistir en recordar —se obvia con frecuencia— que la edición de Patria Grande fue la única Poesía Completa publicada durante la vida del poeta. Se distribuyó gratuitamente en escuelas y universidades argentinas por auspicio del Ministerio de Educación, con una tirada de 12.000 ejemplares. Sin embargo, por su carácter extracomercial y su circulación restringida, ha permanecido semi-invisibilizada en la bibliografía posterior, dominada por las grandes casas editoriales españolas.
La visión científica como expresión poética

En la poesía de Cardenal, una nebulosa no es un adorno retórico, es el lugar donde se manifiesta lo sagrado. El tiempo cósmico —miles de millones de años— no es una curiosidad científica, es la escala que relativiza la pequeñez humana y al mismo tiempo la eleva al ser parte de ese mismo proceso. El universo en expansión no es un dato frío de la astrofísica sino el testimonio de una creación que continúa. La muerte de una estrella no es un final, es la siembra de los átomos que formarán nuevas vidas.
Esta mirada, aprendida en Thomas Merton, Pierre Teilhard de Chardin y la cosmología contemporánea, se transforma en poesía. Y esa poesía es, simultáneamente, descripción científica, plegaria y canto.
El reconocimiento académico de esta línea de lectura ha sido lento, pero creciente. Las ediciones españolas finales de la Poesía Completa (Trotta, Visor) han consolidado el acceso a la obra de Cardenal, aunque han tendido a borrar la memoria editorial sudamericana que hizo posible ese acceso.
Reconstruir esa memoria —la de Monte Ávila (2005) y Patria Grande (2008-2014)— no es un ejercicio de erudición nostálgica. Es un acto de justicia bibliográfica que permite comprender cabalmente el recorrido de un poeta que supo ver en las leyes de la física la escritura de lo sagrado.
La espiritualidad le llegó a Cardenal de la mano de la poesía, que descubrió temprano en la gran tradición de Nicaragua, junto a la influencia católica que lo formó como poeta de la teología de la liberación en la reescritura de los Salmos bíblicos. La experiencia mística que vivió y le cambió la vida no podía expresarse sino en una poesía del universo.

Leer a Cardenal es asomarse al borde de una noche estrellada y comprender que cada punto de luz es una palabra dicha desde el principio de los tiempos. Su poesía no explica ni conquista el cosmos, lo habita. El lector descubre que los átomos que lo forman viajaron durante miles de millones de años para que él, ahora, pudiera pronunciar un verso. La gracia está en la materia, en el asombro, en el fulgor de una galaxia que se enciende en el lenguaje.
Referencias bibliográficas:
- Cardenal, Ernesto. Antología poética. Selección y prólogo de Luis Alberto Angulo. Caracas: Monte Ávila Editores, 2005.
- Cardenal, Ernesto. Poesía completa. Prólogo de Luis Alberto Angulo. Buenos Aires: Editorial Patria Grande, 2008-2014 (3 tomos).
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Salmo 18 (19)
Las galaxias cantan la gloria de Dios
y Arturo 20 veces mayor que el sol
y Antares 487 veces más brillante que el sol
Sigma de la Dorada con el brillo de 300.000 soles
y Alfa de Orión que equivale
a 27 millones de soles
Aldebarán con su diámetro de 50 millones de kms.
Alfa de la Lira a 300.000 años luz
y la nebulosa del Boyero
a 200 millones de años luz
anuncia la obra de sus manos
Su lenguaje es un lenguaje sin palabras
(y no es como los slogans de los políticos)
pero no es un lenguaje que NO SE OIGA
Ondas de radio misteriosas emiten las galaxias
El hidrógeno frío de los espacios interestelares
está lleno de ondas visuales y de ondas de música
en los vacíos intergalácticos hay campos magnéticos
que cantan en nuestros radiotelescopios
(y tal vez hay civilizaciones transmitiendo mensajes a nuestras antenas de radio)
Son un billón de galaxias en el universo explorable
girando como carruseles o como trompos de música…
El sol describe su gigantesca órbita
en torno de la constelación del Sagitario
— Es como un esposo que sale de su tálamo
Y va rodeado de sus planetas a 72.000 kms. por hora
hacia las constelaciones de Hércules y de la Lira
(y tarda 150 millones de años en dar la vuelta) y no se aparta ni un centímetro de su órbita //
La ley del Señor tranquiliza el subconciente
es perfecta como la ley de la gravedad
sus palabras son como las parábolas de los cometas
sus decretos son los preceptos de las estrellas
que guardan siempre sus sitios
y sus velocidades
y sus distancias respectivas
y se cruzan miles de veces en sus rutas
y nunca chocan
Los juicios del Señor son justos
no como la propaganda
y más valiosos que los dólares
y las acciones comerciales //
Guárdame de la soberbia del dinero y del poder político
y estaré libre de todo crimen
y del delito grande
y séante gratas las palabras de mis poemas
Señor
mi Libertador
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Luis Alberto Angulo [Rivas], nació en Barinitas, estado Barinas en 1950. Desde 1972 reside en Valencia (Carabobo). Poeta y articulista.
Bibliografía directa: Antología de la casa sola, Una niebla que no borra, Antípodas, Fusión poética, La sombra de una mano, Antología del decir, Coplas de la edad ligera.
Premios: “IV Concurso Internacional de la revista Poesía (UC)”, así como de los certámenes nacionales de poesía “Francisco Lazo Martí” y “Rómulo Gallegos”.
Antólogo de: San Juan de la Cruz, Miguel Hernández, Enriqueta Arvelo Larriva, Ana Enriqueta Terán, Gelindo Casasola, Ernesto Cardenal; “Rostro y poesía, poetas de la Universidad de Carabobo”, “El corazón de Venezuela, patria y poesía”.
Coautor con Luis Alberto Angulo Urdaneta de “Viento barinés”; con Luis Ernesto Gómez de “Poetas venezolanos en solidaridad con Palestina, Irak y Líbano”; con Nereida Asuaje de “Lubio Cardozo, Del lugar de la palabra”.
Textos suyos aparecen incluidos en las antologías: “Jóvenes Poetas de Aragua, Carabobo y Miranda” (Fundarte 1978), de José Napoleón Oropeza; “Poetas de Venezuela (Revista Poesía UC), de Reynaldo Pérez Só, y “Barinas, cien años de poesía” (1995), de Leonardo Gustavo Ruiz.
Ha sido invitado en varias ocasiones al Festival mundial de Poesía de Venezuela y a la Feria Internacional del libro de Venezuela (Filven).
Ciudad Valencia/RN/ Foto portada: Manuel Esquivel (La Prensa)












