Teófilo Tortolero-Foto Yuri Valecillo

Homenaje a teófilo Tortolero-YaracuyEl XX Festival Internacional Palabra en el Mundo, que se celebra en la ciudad de San Felipe este viernes y sábado 29 y 30 de mayo de 2026, está dedicado a la memoria del poeta Teófilo Tortolero Tortolero —TTT— (Valencia 1936-Nirgua, 1990).

Como parte fundamental del homenaje se presentará el libro Teófilo Tortolero. Obra Poética. Compilación de Radamés Laerte Giménez. Corrección y revisión: Yony Osorio. Prefacio: Gabriel Jiménez Emán.

Se contempla igualmente la realización de un Foro sobre la obra poética del poeta Teófilo Tortolero en el que participarán Gabriel Jiménez Emán, Orlando Barreto, Luis Alberto Angulo y Yony Osorio. Estas actividades se realizarán en el Auditorio “Luz Carabalí” de la Casa de la Cultura del municipio Independencia y en la Plaza “Antonio José de Sucre” de San Felipe, capital del estado Yaracuy.

 

DEL MISMO AUTOR: RÓMULO GALLEGOS, CANTACLARO Y FLORENTINO

Límite del asombro y la tierra

La poesía de Teófilo Tortolero habita un territorio donde la imagen surrealista se arraiga en lo inmediato hasta volverlo extraño. No es el surrealismo manido de la escritura automática, sino el de una corriente que transforma la realidad sin abandonarla.

En sus poemas, lo cotidiano se desdobla: «Escribir en la tierra, / bajando la bóveda de versos / igual que los mansos becerros», dice en un gesto que es programa estético y declaración de humildad; la poesía no como monumento, sino como acto de arraigo. Pero la última tierra se hace visionaria cuando el corazón se torna «hormiguero» capaz de «lamer la lluvia / entrada la noche». Es la lección de Bergson, cuyo pensamiento sobre el tiempo y la intuición resonaba en él: captar la duración de las cosas, su latido interior, no la mera superficie.

Otro poema aquí escogido revela otra vertiente de esa mirada. Parte de un hecho mínimo —»Chilló un ave en el naranjo»— y lo convierte en un pequeño drama cósmico. El nido se vacía, se hace nube, quimera; entran y salen «aves locas». No hay símbolos grandilocuentes: hay un patio, un naranjo, el sol «deslizando sus patas por el corredor».

Pero en esa escena doméstica se ha abierto una herida metafísica: «Quedó entonces el sentimiento, la opresión / de lo perdido y lo hallado». Esa capacidad de extraer de lo ínfimo una revelación, como querían los surrealistas, encuentra lo maravilloso en lo cotidiano, sin abandonar la gravedad de lo vivido.

Quizá por eso Tortolero se autoexilió en Nirgua. Allí, lejos del circuito literario que conoció como director de publicaciones universitarias, encontró el silencio donde su voz maduró. Su amistad con Ludovico Silva y con el médico vasco José Solanes —psiquiatra y discípulo de la escuela francesa donde hizo amistad con Antoine Artaud— habla de sus afinidades intelectuales. Pero su poesía no es cerebral; es una poesía de los sentidos alerta, de la imagen que brota del asombro y se posa sobre la tierra.

Reynaldo Pérez Só lo consideró el mejor poeta valenciano. Este homenaje y la compilación de toda su obra, realizada por Radamés Laerte Giménez, llegan a recordarnos que aquella voz, que supo unir la impronta surrealista con una forma venezolana de mirar el mundo, sigue viva. Como el nido del naranjo, se vació, se hizo nube y regresa ahora cargada de plumajes.

Los poemas que ahora se publican los he tomado de la amplia muestra que aparece en Rostro y poesía (UC, 1996), en la que se privilegió la vertiente del decir que ya habíamos indicado en la antología mínima de Teófilo Tortolero en el primer número de la revista Auditorio (Valencia, 1991).

 

Nueve poemas de Teófilo Tortolero *

 

Poesía

Para Alfonso Burgos Tortolero

 

Poesía

(ese sórdido y cándido infierno de mentir musitando, a solas,

en dolor, contra el sol,

frente a la pared blanca,

a la augusta puerta del llorar,

frente a las cruces doradas de flores;

de beber por el sueño

el topacio y el vidrio,

por las tapias

tejados y rosas

que tu mano desprende; por el silencio y los muñecos

que bajaron de un soplo a los sepulcros,

por el frío que recorre las plazas,

por todo lo que fue,

por todo lo que falta

y te toca y te aniebla,

por tu herida en llamas,

fijo en tus pestañas,

a tus ojos clavados a la tierra

que te recibirá pronto,

sin quejarse por nada).

 

No pretender poemas eternos

Escribir en la tierra,

bajando la bóveda de versos

igual que los mansos becerros

 

Ahuecada el alma para los girasoles  

se sabrá que en la boca está el polvo anhelante

 que en las rayas de tus manos

pueden también adivinarse

las sagradas estaciones del sol

 

Dejar que tu corazón hormiguero  

venga a lamer la lluvia

entrada la noche.

 

Esto queda del día:

Chilló un ave en el naranjo, se hizo un nido y otras aves chillaron

 

Se vació el nido, se hizo nube, quimera

testigo de plumajes

 

Voló el aire

con el nido quemado por el viento

 

Otro nido se hizo más tarde  

Y aves locas entraron y salieron

del naranjo.

 

Quedó entonces el sentimiento, la opresión

de lo perdido y lo hallado

en un nido cargado de sangre y vaciado

de plumas.

 

Quedó el patio, el naranjo y el sol

deslizando sus patas por el corredor

y el patio de humildes ladrillos.

 

El año termina en cansancio:

me siento envejecer y padecer como los animales antiguos del planeta.

 

Mi paso es lento y torpe, tropiezo y caigo igual que un lagarto de plomo

cubierto de espinas que me hieren hacia adentro.

 

Pero en mi lenta marcha

escarchada por el aire fiero

aún tengo deseos de besar la tierra

y untar mis lágrimas de luz fogata

de luz ceniza y piedra del día

de llevar mis pasos al mar

que lava todo engaño y toda manía triste.

 

Mi padre piedra

Mi padre atiende a oscuras

sus pacientes muertos

 

Antes se desnuda en su lecho de enfermo,

bebe leche de vino

y cura sus llagas apestosas

 

Se levanta, cojea,

toma su bastón de magnolias,

aspira su café que nunca bebe

y calza sus tirantes de plata

 

Da tres pasos a la sala

de quienes desean nevar brillo en sus pestañas

y enciende sus ojos locos de llanto

 

Mira uno a uno sus enfermos

y los besa en la nuca

hurtándoles la luz de sus nervios

 

Este es mi padre piedra

que jamás comprendió el abecedario.

 

Cementerio de Nirgua

Cementerio de Nirgua:

Nidal de cruces hechas por manos de ausentes.

 

Aquí están amigos aguardándome

en tragos y salivas,

en flores de plástico

doncellas doradas o tristes

de toda tristeza

que viene de los terrones

donde los muertos ven pasar hormigas,

bachacos de olor a señoritas

jamás salidas de sus casas

con amores de agua de Florida

 

Es que el aire no cesa de partir moribundos

cerca del río,

en este barranco

que los recibe a todos,

olorosos a silencio,

olorosos a herraduras.

 

No se puede evitar

A Juan Sánchez Peláez

 

La mirada

el agua de las sombras

nuestras manos tendidas

el sueño del sol bajo las piedras

la madera

el sendero donde brota el sándalo

la copa de árbol

en lagarto de cola corta

los vasos puestos a secar

el sudor de los cuerpos amantes

el aliento empañando los cristales

la soledad del insomnio

la pereza

las llamas que modula el pensamiento

la rada salobre

un guijarro en la mano

las ostras silenciosas

los espejos profundos

tu cuerpo apoyado en la cama

la sangre que alardea

el alcohol empozado

el grito de las oquedades

la piedad

la noche bienaventurada

 

A pastos embravecidos me has llevado

A pastos embravecidos me has llevado

A colinas en llamas donde flamean gorgonas azules,

me has llevado.

 

En mares quejumbrosos

latigueados por vientos y santos óleos

me has hundido,

sofocando el ardor de mi garganta

que gritaba deseo

 

A tejados de violentos colores

y huidizos pájaros, lloviznados por gatos

y risas del dolor; echados sobre panaderías

amanecientes en la nube rosa y gris,

has expuesto mi nariz,

sedienta del anís del mundo

 

Me arrojaste al nido de las cobras

en cestos tejidos de marfil

y trepado a lomos de burros cargados de hollín.

 

Oh, alcohol, capitán del café desordenado

y de la mesa amada, forrada en su plástico

barato de posada,

trazas cada día un mapa y una cristalería

para mí;

Separas tu cortina con mano temblorosa

para ver los peldaños de cada campanada,

tu voz fragante y sombría sonámbula.

 

Venecia

Venecia está sobre las aguas. Sus casas

navegan en canales

y ondulan medias de señoras fajas y golondrinas

en las apariciones de la espuma (ya las cartas

no van lacradas

nadie se teme lo bastante)

 

De la barcaza grito una pregunta

que nadie responderá de los palacios.

 

Dejad que solo en este embarcadero me condene

Venecia está en el agua como una mentira.

 

TTT

José Teófilo Tortolero Tortolero nació en Valencia en 1936 y falleció en Nirgua en 1990. Fue director de los departamentos de Literatura y Publicaciones de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo (UC). Jefe de redacción de la revista Zona Tórrida y redactor de la revista Poesía. Egresado como abogado de la Facultad de Derecho de la UC.

Rostro y Poesía-Poetas de la UC-LAAR-Teófilo Tortolero

Obra poética: Demencia precoz (edición de autor impresa en la editorial Arte, Caracas 1968), Las drogas silvestres (UC, 1968), 55 poemas (Reynaldo Pérez Só, antología de la revista Separata, UC, 1981), Perfuma Jaguaro (Reynaldo Pérez Só, antología español / esperanto. Gobernación del Estado Carabobo, 1985), La última tierra (ediciones del gobierno de Carabobo, 1985), La última tierra (ediciones del gobierno de Carabobo, 1990), Antología mínima (selección de Luis Alberto Angulo. Revista Auditorio número uno, Valencia, 1991), El día perdurable (antología mínima. José Napoleon Oropeza. Cuadernos Cabriales número 52, Valencia, 1991), El libro de los cuartetos (selección de Orlando Barreto. Ediciones La oruga luminosa, San Felipe, 1994). Inéditos a saber: La campana desierta y El día perdurable (premio José Rafael Pocaterra, 1982).

Fuente:

*Angulo, Luis Alberto. Rostro y poesía, Poetas de la Universidad de Carabobo. UC. Alfa Impresores. Valencia, 1996

 

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lUIS aLBERTO aNGULO-COLUMNA SÁBADO

Luis Alberto Angulo (Barinitas, 1950). Poeta, coautor de Viento barinés (UC, 1977), y autor de las compilaciones: Antología de la casa sola (Fundarte, 1982), Fusión poética (UC, 2000),  La sombra de una mano (2005), Antología del decir (2013), y Coplas de la edad ligera (2023) en Monte Ávila Editores. También de LAAR’S POÉTICA (Ciudad Valencia, 2026).

 

Ciudad Valencia/RN/Foto principal de Teófilo Tortolero por Yuri Valecillo