Esta no es una película triste. Es una comedia absurda, estilizada, rápida y deliciosa… Pero con corazón. Es como si alguien mezclara pastel rosado, persecuciones ridículas, asesinatos elegantes y amistad improbable en una caja de bombones visualmente perfecta.
Y sí, es una experiencia estética.

La historia
Seguimos a Monsieur Gustave H., el impecable y exageradamente refinado concierge (conserje) del hotel más lujoso de la República de Zubrowka.
Un hombre obsesionado con la poesía, el protocolo… y las ancianas adineradas que lo adoran.
Cuando una de sus amantes muere y le deja una valiosa pintura renacentista, la familia entra en guerra. Gustave es acusado de asesinato, perseguido por un villano caricaturescamente intimidante, y termina huyendo junto a Zero, su joven y leal aprendiz.
Y ahí empieza una aventura absurda:
Cárcel, persecuciones en trineo, sociedades secretas de conserjes, herencias, traiciones… todo envuelto en una estética pastel perfecta.
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Un poco de esto y aquello
Aunque es divertida, tiene capas interesantes:
-Nostalgia por un mundo que ya no existe:
La película está narrada como una historia dentro de otra historia dentro de otra historia. Todo es un mero recuerdo.
Habla del paso del tiempo, de cómo los lugares cambian y cómo idealizamos el pasado.
Pero lo hace sin drama pesado. Es una melancolía suave, casi poética.
-Elegancia como mecanismo de defensa:
Gustave usa la cortesía extrema como armadura. En medio del caos político y la violencia que empieza a asomarse (clarísima referencia al ascenso del fascismo en Europa), él insiste en la educación, el protocolo y la belleza.
Es su forma de resistir.
Y eso es hermoso.

-La amistad improbable:
Lo más bonito no es la herencia ni la persecución. Es la relación entre Gustave y Zero. Un mentor excéntrico y un joven migrante silencioso que aprende a moverse en un mundo extraño.
Es una historia sobre lealtad, cariño y respeto, disfrazada de comedia absurda.
-Estética (esto importa mucho):
Todo está perfectamente simétrico. Colores pastel. Planos como cuadros. Música juguetona.
Es una película que se disfruta visualmente tanto como emocionalmente.
Es como ver una caja musical cobrar vida.
¿Por qué verla? Además de contar con un elenco exquisito. Tiene ese contraste curioso: es profundo… Pero también es irónico y estilizado. Y esta película es ligera sin ser vacía. Divertida sin ser tonta. Tierna sin ser cursi. Te deja con una sonrisa rara. Como cuando algo es bonito pero sabes que el tiempo siempre pasa.
“The Grand Budapest Hotel” es una comedia sobre modales, caos y amistad. Pero en el fondo dice algo muy simple: Aunque el mundo cambie, se vuelva más frío o más violento… La gentileza, la lealtad y la elegancia siguen siendo una forma de resistencia. Así que, cómo siempre les digo: “si no la han visto véanla, y si ya la vieron, vuélvanla a ver, no tiene perdida de nada”.
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Isabel Londoño egresó de la Universidad de Carabobo (UC) en el área psicosocial, tiene también estudios universitarios en turismo y sistemas.
Es una apasionada de la música y del Séptimo Arte desde que tiene memoria, siendo el cine y sus distintos géneros la pasión a la que ha dedicado más horas y análisis.
Sus reseñas sobre clásicos o estrenos del cine aparecen ahora, cada viernes, en Ciudad Valencia desde “El Rincón Cinéfilo”.
Ciudad Valencia/RM













