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“Huellas en el camino”… Cuando un grifo como el de la cocina está a medio abrir, o no cierra totalmente y escuchas el tik takeo del tiempo en la gota que no termina de salir, o eliminarse, entiendes tanto la importancia y la dimensión de que todo lleve un orden natural. Se sabe del movimiento no sólo si vemos al árbol de navidad dar vueltas indefinidamente sino también si entendemos los patrones de las luces que lo recorren porque eso nos trae la calma.

Ahora bien, el movimiento de la vida no se observa tan pero tan inmediato como el recorrido de la gota que baja lentamente o los cambios de velocidad y el contraste de las luces amarillas de navidad sobre el verde árbol. En este caso particular, ese movimiento se puede traducir en las huellas que vamos dejando en nuestro paso por el otro. He tenido la oportunidad de volver a casa de una tía muy querida dónde hace aproximadamente 20 o 15 años realicé un dibujo en la pared de su muro.

Es hermoso regresar tantos años más tarde a una casa modificada, siendo ya una mujer madura y volver a ver ese pequeño mural, una muestra del simbolismo y la poesía de aquella que fui en la primera década del 2000. Lo curioso es que, aunque esté en ruinas y casi no se entienda su contenido, el mural está ahí. Para recordarme que ya he transitado por las personas, por los paisajes y por los años.

A modo de curiosidad, les traigo esa pintura. Ahí está el reflejo de una mirada, mi mirada, que llora un diamante porque en ese momento el corazón se había roto. Debajo un mensaje que se contrapone entre sí, para ese momento mi laboratorio de poesía era pensar en el poema como un círculo en la variación del espacio al hacerse de la luz y la palabra. Observemos la pintura.

 

Huellas en el camino

José Ramón Medina, poeta venezolano, escribió el poema Huella presente, que leeremos a continuación:

 

II

Se de ti por el aire tímido de la mañana,
por el agua fresca del riachuelo,
por el silencio nocturno que cruza por el campo.

Se de ti por el eco menudo de las cosas simples.

Que en esta soledad perenne brotan,
a cada paso, tus rosas deslumbrantes.

Ves?

-Encadenados vamos, el uno al otro.
-Caída entre nosotros esta flor de música inoida,
no hay tiempo para oír otras voces profundas.

Tú. Yo. Y fechas.
Hay sitios, también, que nos recuerdan
edades, para siempre!

 

Medina cierra el poema con la idea de este escrito, las situaciones y lugares pueden recordarnos los diferentes calzados que vestimos, pero el tamaño siempre será igual. Las edades para siempre hablan de eso que vamos dejando mientras hacemos paradas entre las personas y lugares donde hemos estado. La calidez del agua de esta poesía, bien nos refresca el día para poder continuar.

Volviendo a la pintura que realicé una tarde hace media vida, el texto que es una reflexión de esa época decía:

“Pude haber creado fantasmas cayendo en alas del olvido, pero esto es el olvido cayendo en alas de fantasmas “

 

huellas del camino

 

Es innecesario decir que pudo haberse escrito de alguna manera o de otra, más breve o más extenso. Porque como se va llegando a la adultez es con la común unión de combinar palabras, de tocar y ser tocados, de aproximarse a experimentar con aquello que nos agrada y nos hace sentir bien. El poeta cubano José Ángel Buesa escribió un poema titulado “Con la simple palabra” del que leeremos una parte:

 

Con la simple palabra de hablar todos los días,
que es tan noble que nunca llegará a ser vulgar,
voy diciendo estas cosas que casi no son mías,
así como las playas casi no son del mar.

Con la simple palabra con que se cuenta un cuento,
que es la vejez eterna de la eterna niñez,
la ilusión, como un árbol que se deshoja al viento,
muere con la esperanza de nacer otra vez.

Con la simple palabra te ofrezco lo que ofreces,
amor que apenas llega cuando te has ido ya.
Quien perfuma una rosa se equivoca dos veces,
pues la rosa se seca y el perfume se va.

Con la simple palabra que arde en su propio fuego,
siento que en mi es orgullo lo que en otro es desdén.
Las estrellas no existen en las noches del ciego,
pero, aunque no lo sepa, lo iluminan también.

Y así, como un arroyo que se convierte en río
y en cada cascada se purifica más,
voy cantando este canto tan ajeno y tan mío,
con la simple palabra que no muere jamás.

 

Un poema que nos deja la sensación de haber hecho varios viajes en un solo escrito. Que me hacen acariciar las hojas que se sobreponen al árbol de la imagen que se construye sobre sí misma. Tanto hemos caminado que nos vamos haciendo trotamundos en la vida simple, en los días cotidianos y desde cada momento en el que vamos avanzando hasta alcanzar y sumar años.

Un último aspecto relevante fue que, en ese momento, tomé mi mano de modelo para hacer las líneas que la componen y que grata sorpresa al ver qué seguía igual. La misma medida, la misma forma, sólo se le agregan un par de venas visibles y mis huesos saludantes. Es obvio que no soy la veinteañera que realizó ese dibujo, mi abdomen lleva las marcas de mis cesáreas, mi cara la piel de los días. Así mismo, la pintura ha llevado agua y sol por más de siete mil días y aún así, tenemos la misma medida de la mano que usamos esa tarde, cuando la poesía supo hacer un espacio.

 

huellas del camino

Huellas en el camino

Entonces me di cuenta que Medina y Buesa, tenían razón, las huellas son huellas por la simple palabra, por la impresión que da andar repartiendo amistades con los juegos de ajedrez donde movemos las piezas. Tal vez las movemos en los mismos espacios donde vamos viviendo y envejeciendo, andamos en zigzag, avanzamos y volvemos a saludar, somos diferentes pero somos los mismos, tenemos gustos que cambian y otros que permanecen y en todo momento estamos dejando hermosas muestras de afecto en la vida de los que nos rodean, unos que como yo, pueden verlo, y otros que solo los reconocen en el iris de los ojos envejecidos, que sonríen al ver que hemos llegado y que afortunadamente hemos dejado unas hermosas postales y vitrales que recuerdan nuestras huellas en el camino.

 

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Huellas en el camino

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Mirih Berbin (berbinm@gmail.com) es poeta, traductora, editora, promotora cultural y docente. Magíster en Lectura y Escritura en la Universidad de Carabobo (UC). Es profesora asistente de la UC y de la UAM. Es editora adjunta de la página literaria El Diente Roto. Fue especialista de poesía en el Museo de Arte Valencia con más de cien lecturas de poesía dentro y fuera del país. Ha escrito varios artículos arbitrados sobre la enseñanza del idioma y los aportes filosóficos para la educación.

Su poesía se ha publicado en numerosas revistas, páginas y antologías. Fue columnista de la página cultural semanal del Diario La Costa entre el 2009 y 2011. Ha publicado: Mareas (2009) y Hacerme Templo (2016), e Hilos Nacientes se encuentra en imprenta. Su poesía ha sido traducida al árabe, francés, italiano, catalán e inglés.

 

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