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“El vuelo de las mariposas”… Cuando se está en otro paisaje, propio de las breves migraciones decembrinas, hay la posibilidad de observar espacios diferentes. Es una constante que permite acercarte a los afectos del que veníamos conversando en el apartado anterior. Observar la música del día tiene su encanto incluso en las breves conversaciones con los familiares y por qué no, en las desavenencias que puedan surgir con el reacomodo de volverse a juntar en días festivos.

Los lugares frescos vienen con una carga de información o sensaciones de la cuál no se puede escapar, por ejemplo el cielo de Barquisimeto en la tarde es de los paisajes más hermosos que he visto en mi vida. Y a pesar de que no me encuentro ahí, sino en mi amado Puerto Cabello, las combinaciones de sus paisajes y la temperatura del día de verdad que hacen florecer mi ser. Un libro no es libro hasta que alguien lo lee, y un puerto no es puerto hasta que alguien lo enciende en su corazón, como yo lo he hecho.

En una conexión inesperada con su paisaje, en medio de la nada, rodeada de verde, del fluir de sus aguas, de la pureza más genuina sin ruidos humanos posible, hubo mayor encantamiento al percibir unas pequeñas pinceladas amarillas desplazarse entre el río y la montaña.

mariposas

Soy poeta, lo sé porque me quedé atontada viendo el vuelo de las mariposas, vi en ellas tanto durante el tiempo que pude verlo. Vi en ellas a mis hijos riendo y revoloteando por todas partes, a mi pequeña sobrina abriendo sus alas al mundo, sonriendo, a todos los seres que me hacen bailar y estar bien. Entonces recordé que cada día es un viaje con una estación distinta y cada momento un vuelo que atesorar. En relación a eso Miguel Hernández escribió un poema sobre el vuelo del amor fugaz del que leeremos un fragmento.

 

Poema de Miguel Hernández

Sólo quien ama vuela. Pero ¿Quién ama tanto
que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Hundiendo va este odio reinante todo cuanto
quisiera remontarse directamente vivo.

Amar… Pero ¿Quién ama? Volar… Pero ¿Quién vuela?
Conquistaré el azul ávido de plumaje,
pero el amor, abajo siempre, se desconsuela
de no encontrar las alas que da cierto coraje.

Aunque este específicamente no es el vuelo de la mariposa que vi, sino el vuelo del amor que no se queda, Miguel Hernández nos recuerda el movimiento del cariño cuando alguien nos toca y se aleja. Es decir, yo sabía que tenía que migrar de ese río, las mariposas sabían que al caer la noche debían buscar refugio y sin embargo compartimos ese momento, ese espacio. Como el amor breve del que nos habla Hernández. Los detalles se los dejo a los lectores, porque un poema no hay que explicarlo, hay que sentirlo.

La ternura del alma es también observar por un rato algo que nos produce ese encantamiento. El vuelo de las mariposas me recuerda no solamente el vuelo y lo efímero. La necesidad de saber que podemos experimentar un sentimiento o unas sensaciones incluso con la conciencia plena de que será sólo un instante. Pero no es sólo el vuelo lo que me asoma con su grandiosa vista, hay una segunda percepción que se muestra con majestuosidad en esa escena detenida y es el viaje.

Las mariposas iban a un destino y encontraron el río para tomar y comer. Yo me he acercado para bañarme en sus frías aguas y he tenido la fortuna de ver ese paisaje. Incluso pienso que ha sido el mismo paisaje que han viste mis antepasados. El caudal, el día claro y ellas ahí, recordándome con su vuelo toda la belleza de lo natural. Fernando Pessoa nos obsequia un poema referente al tema del viaje.

 

Fernando Pessoa: Viaje

«Viaje»

Soñar un sueño es perder otro. Entristecido
contemplo el puente pesado y en calma…
cada sueño es un existir de otro sueño,
¡Oh, alma mía, eterna desterrada en ti misma!
Siento en mi cuerpo más inconscientemente
el rodar estremecido del tren… ¿se para?…
Como con un intento intermitente
de * mal rodar, se detiene. En una estación clara
de realidad y gente y movimiento.
Miro afuera… Ceso… Me estanco en mí.
Resoplar de la máquina… Caricia de viento
por la venta que se abre… Estoy distraído…
Parar… seguir… parar… Esto es sin fin.

¡Oh el horror de la llegada! ¡Horror» ¡Oh nunca
llegar, oh hierro en trémulo seguir!
Al margen del viaje prosigue… Trunca
la realidad, pasa al lado del ir
y por el lado interior de la Hora
huye, usa la eternidad, vive…
Sobreviviré al momento * va!
Suavemente… suavemente, cada vez más suave y tarda
* entra en la gare… Rechina… se detiene… ¡Es ahora!

Todo lo que fui en sueños, el otro-yo que tuve
resbala por mi alma… Negro declive
resbala, se hunde, se evapora para siempre
y de mi conciencia un Yo que nunca obtuve
dentro en mí de mí cae.

 

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Que todos tengamos la visión bonita en aquello que nos encanta, que nos produce bienestar, que nos recuerda que la vida trasciende entre el vuelo, el viaje y la poesía. Que seamos lo suficientemente humanos para entender la brevedad de todo y eso no detenga el disfrute o la entrega, que sintamos para siempre el asombro, incluso si es simplemente… el vuelo de las mariposas.

 

***

 

Mirih Berbin (berbinm@gmail.com) es poeta, traductora, editora, promotora cultural y docente. Magíster en Lectura y Escritura en la Universidad de Carabobo (UC). Es profesora asistente de la UC y de la UAM. Es editora adjunta de la página literaria El Diente Roto. Fue especialista de poesía en el Museo de Arte Valencia con más de cien lecturas de poesía dentro y fuera del país. Ha escrito varios artículos arbitrados sobre la enseñanza del idioma y los aportes filosóficos para la educación.

Su poesía se ha publicado en numerosas revistas, páginas y antologías. Fue columnista de la página cultural semanal del Diario La Costa entre el 2009 y 2011. Ha publicado: Mareas (2009) y Hacerme Templo (2016), e Hilos Nacientes se encuentra en imprenta. Su poesía ha sido traducida al árabe, francés, italiano, catalán e inglés.

 

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