Un recorrido para llegar a algún lugar que siempre hemos querido puede tomar algo de tiempo, puede sonar a diferentes melodías, pero las emociones están ahí para hacerte ver lo que se siente. Si hay suerte y todo sale bien, es un sonido agradable. Una puesta de sol tal vez, un contacto con otra zona que revitaliza el caminar o la evidencia de nuestro paso por este mundo.

Podemos vivir con la garantía de que nadie va a tener dos vidas iguales, ni gemelos ni morochos que han salido de la misma placenta pueden vivir exactamente lo mismo. Por lo que, lo que hace más interesante esa travesía es que nadie va a vivir lo que tú estás viviendo. Sabremos pues sobre el carácter de habitar la vida en este poema de Pablo Neruda:

 

Tempestad con silencio

 

Truena sobre los pinos.
La nube espesa desgranó sus uvas,    
cayó el agua de todo el cielo vago,
el viento dispersó su transparencia,
se llenaron los árboles de anillos,
de collares de lágrimas errantes.

 

Gota a gota
la lluvia se reúne
otra vez en la tierra.

 

Un solo trueno vuela
sobre el mar y los pinos,
un movimiento sordo:
un trueno opaco, oscuro,
son los muebles del cielo
que se arrastran.

 

De nube en nube caen
los pianos de la altura,
los armarios azules,
las sillas y las camas cristalinas.

 

Todo lo arrastra el viento.

 

Canta y cuenta la lluvia.

 

Las letras de agua caen
rompiendo las vocales
contra los techos. Todo
fue crónica perdida,
sonata dispersada gota a gota:
el corazón del agua y su escritura.
Terminó la tormenta.
Pero el silencio es otro. 

 

El carácter del día se puede observar muy bien, al habitar los espacios que hacen de nuestros días una posibilidad para recrear las bondades o aislarnos, si las tormentas amenazan con destruir lo que sólidamente se ha construido. Hemos observado la fatalidad en películas y hasta en canciones como «Die with a smile» de Bruno Mars y Lady gaga, cuya traducción sería «Morir con una sonrisa». Precisamente esas son las posibles tormentas que se vaticinan.

En la canción, se alega que «si el mundo se está acabando quiero estar a tu lado». Aunque inicialmente se puede comprender cómo una canción de amor se puede traducir como que el final de los tiempos, es hacer y estar con quien se quiere, sin bacilar, con el corazón y la voluntad unidos. Así debemos vivir, así debemos ir recreando los paisajes de nuestros días.

La complementariedad de las situaciones que se van generando en la vida son un indicativo increíble del tiempo cronológico en el que estamos viviendo. En cada etapa el tono es distinto e incluso los lienzos con que se van trazando las pinceladas del día, la plenitud de la luminiscencia, la voz de la canción. Corromper la blancura no siempre es algo negativo, si a esto lo acompaña el color del deseo, de la vida, de lo que nos haga sentir de manera agradable.

Particularmente considero que este entrelazado de historias que llamamos vida   hace componer toda cantidad de discursos, verbales, no verbales o en forma de manifestación artística. No creo que una sola mirada te haga reconocer la gravidez del discurso digerido. Incluso cuando ese discurso no sea con palabras.

El resultado de nuestras acciones puede dejarnos en la última fila, mientras que quedarnos atascados en el tráfico de las líneas invisibles que acompañan la travesía es avanzar sin hacer preguntas, sin llenar cuestionarios, sin hacer cerrar la mañana de golpe.

No sería necesario porque ya nuestras acciones van creando un patrón de quiénes somos y cada tormenta nos recuerda lo que dejó a su paso, La destrucción de lugares posiblemente muy amados, como fue mi caso, o la destrucción de cárceles que nos terminen liberando.

 

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A todo esto nos enfrentamos en nuestro ciclo vital, por eso vivir es un acto que requiere la valentía de seguir escribiendo cada mañana, bueno, en mi caso porque soy escritora y una escritora lo que mejor sabe hacer es escribir, imagino que lo que define a cada ser es ese motor que los despierta cada día, pero la actitud s debería ser la misma. ´

Vivir con cautela pero sin freno, estar con los cinco sentidos, pero no en situación de alerta, sino relajarnos y disfrutar del viaje, incluso de la tormenta, reinventarnos (en mi caso reescribirnos) las veces que sean necesarias. Dilucidar sobre nuestra postura ante los eventos que nos rodean y ser definitivamente impasibles en cielo abierto.

 

***

 

Mirih Berbin (berbinm@gmail.com) es poeta, traductora, editora, promotora cultural y docente. Magíster en Lectura y Escritura en la Universidad de Carabobo (UC). Es profesora asistente de la UC y de la UAM. Es editora adjunta de la página literaria El Diente Roto. Fue especialista de poesía en el Museo de Arte Valencia con más de cien lecturas de poesía dentro y fuera del país. Ha escrito varios artículos arbitrados sobre la enseñanza del idioma y los aportes filosóficos para la educación.

Su poesía se ha publicado en numerosas revistas, páginas y antologías. Fue columnista de la página cultural semanal del Diario La Costa entre el 2009 y 2011. Ha publicado: Mareas (2009) y Hacerme Templo (2016), e Hilos Nacientes se encuentra en imprenta. Su poesía ha sido traducida al árabe, francés, italiano, catalán e inglés.

 

Ciudad Valencia / Fotografía de la autora @machmillan