El proceso de colonización y conquista iniciado con la llegada del hombre europeo al continente americano, deja una serie de improntas que marcan y enrumban la vida cultural, tanto de Venezuela como del resto del continente. No sería apropiado usar la palabra “huellas”, porque esta palabra nos remite a un trazo débil, un caminar por arenas que luego el viento borra; lo que deseo graficar en un herradura martillada a fuego en las pieles y en las culturas; un herraje tasajeado a cuchillazos, a violencia pura…
El hombre europeo y blanco representó un molde de ser humano que impuso España. Este molde subjetivo rompió otros moldes de ser arraigados a sus culturas con miles de años produciéndose y reproduciéndose. Muchas etnias indígenas intentaron preservar sus vasijas culturales y, lo consiguieron con relativo éxito, pero a otras no les fue posible y desaparecieron. La violencia dejó una marca que aún se está subrayando sobre la piel social y cultural del país, una de ellas, la separación y la exclusión de los ámbitos sociales y económicos de los grandes grupos de indígenas, negros y pardos. Mejor dicho, la conversión de estos grupos en la base que soportaba toda la estructura jerárquica de las clases sociales y su nula participación en los privilegios producidos.
A pesar de las mezclas forzadas, de la fe penetrada en los cuerpos a fuerza de muertes, a pesar del sincretismo que resultó debido al cruce de tres continentes, cada cultura trataba de resguardar los moldes culturales que los había forjados.
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La dependencia y la esclavitud son otras marcas que trazan surcos históricos que aún tienen repercusiones. Es importante resaltar que estas improntas forman parte de los movimientos desintegradores de lo cultural, y al mismo tiempo forman parte de los movimientos que integran lo cultural, o buscan cohesionar identidades: expresiones musicales, los instrumentos, el arte culinario, la medicina popular con una alta carga de herencia africana, los ritos religiosos incluyendo los de muerte… Se trata de la formación de una subjetividad que aún fragua su molde.
El hecho de que cada grupo social tenga diversas maneras de expresar sus aprendizajes culturales, no da cabida a creer o considerar a que una manifestación sea mejor que otra; tan solo son manifestaciones diferentes desde el punto de vista de la continuidad histórica, pero una sola manifestación desde el punto de vista humano.
La cultura venezolana sufre otra herradura después de la guerra de independencia. La guerra de independencia fue un gran movimiento separatista e integracionista que pretendió conformar otro tipo de identidad, expresada de manera excelente por el Libertador en la Carta de Jamaica (1815) y en el Discurso de Angostura (1819). Un molde ambicioso que intentaba cohesionar a un continente con lenguaje e historia común, y luego ir amasando un tipo de identidad que no fuera ni imitación de la europea ni se atascara en las costumbres y ritos indígenas y africanos; se trataba de hacer con esto un “producto” nuevo, por decirlo de alguna manera.
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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.
Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).
Ha publicado:
En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).
En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021). (Tomado de eldienteroto.org)
Ciudad Valencia/RM













