“La nueva voz colombiana” por Fernando Guevara

0
57

Jamás pensé que podría sentirme representado o al menos identificado con un presidente de Colombia, pero con Gustavo Petro la cosa ha cambiado.

Su participación ayer en la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) ha marcado un hito en lo que respecta a la posición colombiana ante las naciones del mundo. La diplomacia de la nación vecina es sumamente efectiva, bien estructurada y clara en sus objetivos. Pero la diplomacia colombiana ha sido construida en base a los intereses imperialistas de los Estados Unidos, la que la ha tenido como una dócil nación apegada a la voluntad del Tío Sam. Esta diplomacia se está soltando la soga que tenía atada al cuello de manera firme y sumisa.

Gustavo Petro le soltó unas cuantas verdades al hegemón en sus narices. Los países del norte no se habían visto tan atacados en su propio terreno y con tantas verdades desde que Hugo Chávez les dijo “¡Huele a azufre!”

El Presidente colombiano bien les ha podido decir: “¡Huele a cocaína!” o “¡Huele a glifosato!” o “¡Huele a muerte!”, pues les dijo en su cara que la guerra contra las drogas es una guerra contra la selva, sus plantas, sus gentes.

El reclamo colombiano incluyó la voracidad destructiva del capital al decirle varías verdades a los países consumadores, cosas como: «Piensen en menos ganancias y en más amores.”

Petro soltó verdades como: «Disminuir el consumo de drogas no necesita de guerras, necesita que todos construyamos una mejor sociedad: una sociedad más solidaria, más afectuosa, donde la intensidad de la vida salve de las adicciones y de las nuevas esclavitudes».

Es decir, son ustedes los que tienen el problema, mientras las sociedades “ricas” se lanzan a la vorágine del consumo, del consumismo, nosotros los países que de verdad producimos la riqueza, porque somos los que tenemos los recursos naturales, nos vemos sumidos en pobrezas, miserias, desplazamientos, sangres y guerra.

 

LEE TAMBIÉN: LA PALABRA DE HOY: PARAPETO, POR ANÍBAL NAZOA

 

El Primer Mandatario colombiano también les reclamó la destrucción de la naturaleza, de la Amazonia, pues la biodiversidad es un obstáculo para el desarrollo y esto es una constante en la élite colombiana, pues en el vecino país: «La selva salvadora es vista como el enemigo a derrotar, como la maleza a extinguir.”

La “guerra” contra la droga en Colombia no es precisamente contra ella, es contra el campesino, contra la naturaleza virgen, contra la biodiversidad, y Gustavo Petro fue a las Naciones Unidas a cantarles las verdades.

Ya veremos cómo la aún poderosa clase dirigencial colombiana va a gritar a los cuatro vientos que Petro les ha faltado el respeto a los países hegemónicos, simplemente porque no se ha quedado callado y ha denunciado al mundo las verdades que ocultaban los gobiernos sumisos colombianos.

 

Fernando Guevara / Ciudad Valencia