Hoy traemos (…) una palabra de gran prestigio, generalmente asociada a los usos y costumbres de la gente elegante. Como ya lo habrá pensado más de un oyente, nos referimos al monosílabo té. Para entrar de una vez en materia, tanto la palabra como el producto son originarios de China.
La palabra té es la forma dialectal de cha, voz propia del chino mandarín que pasó al malayo transformada en teh, de donde la tomaron los holandeses para llevarla a todas las lenguas de Europa. El portugués conserva la forma clásica cha y el ruso tiene una parecida, chai, que con las naturales diferencias ortográficas existe también en checo y en serbocroata.
El té es un arbusto bastante alto, pues puede alcanzar hasta los cuatro metros, con cuyas hojas se prepara la famosa bebida estimulante, aromática y medicinal que los chinos inventaron casi tres mil años antes de la era cristiana. Los japoneses, por su parte, iniciaron su cultivo hacia el año 800 y desarrollaron una complicada Ceremonia del Té de hondo contenido religioso que todavía se cumple cabalmente a la hora de servir la infusión y presenciarla es obligación ineludible de todo visitante extranjero. Su nombre en japonés es cha-no-yu, que significa sencillamente “el agua caliente del té”.
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En cuanto a los ingleses, el té asume entre ellos caracteres de una verdadera obsesión. Desde 1840, cuando se inició la costumbre del Five o’clock Tea, ningún súbdito británico puede dejar de tomar su té de la tarde esté donde esté, sea en las ardientes arenas del Sahara, en las heladas cumbres del Himalaya o en el corazón de la selva africana, so pena de sufrir vergüenza eterna y ser acusado de enemigo de la Corona y traidor a su Majestad. Por algo la Gran Bretaña consume un quinto de la producción mundial de té.
A decir verdad, el té, aunque conserva intacto su prestigio entre las clases elevadas, hoy día ha penetrado en todas las esferas sociales y se ha convertido en una bebida casi popular, sobre todo ahora cuando se han introducido diversas formas de té instantáneo y se ha impuesto definitivamente el té helado, inventado en 1904 por un avispado súbdito británico que no podía vender en pleno verano su té caliente en la Feria Mundial de San Luis, Missouri.
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Tomado del libro “La palabra de hoy / Programa radial” (Cenal, 2014)
Autor: Aníbal Nazoa González (Caracas, 12 de septiembre de 1928 – Ibíd., 18 de agosto de 2001) poeta, periodista y humorista, considerado «uno de los escritores venezolanos que mejor retrató el siglo XX».
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