Muchos son los aficionados, amantes del béisbol o incluso visitantes, que han tenido la oportunidad de escuchar al menos alguna vez en su vida la Sirena Magallanera en el estadio José Bernardo Pérez de Valencia (antiguo estadio Cuatricentenario 1955-1968), actualmente sede del equipo valenciano Los Navegantes del Magallanes, del cual, muy pronto daremos a conocer su historia.
Hoy conocemos el legado de la “Sirena Magallanera” gracias a sus hijos Pedro Jr. y Marisela Lugo, quienes narran la historia contada por su propio padre. Todo comenzó en la Av. Caracas de San Felipe Yaracuy, el 19 de octubre de 1940, cuando nació Pedro Paulo Lugo Clisanchez, hijo de Norberto Inocencio Lugo y María Deida Clisanchez. Desde joven, Pedro mostró un fervor especial por el béisbol, deporte que sería su compañía inseparable a lo largo de su vida.

La primera Sirena Magallanera
Entre los años 1954-1955 alrededor de los 15 años de edad, Pedro se mudó a Valencia, a casa de su tío Carmelo, sin olvidar su gran afición por el deporte, en especial por el béisbol y particularmente por el famoso equipo del Magallanes, del cual escuchaba los juegos por radio. Con el tiempo, se fue a vivir a Caracas, en la búsqueda de nuevas oportunidades, donde se erradicó por un tiempo.
Fue aquí donde su pasión por el béisbol se encontró con una particular tradición: una sirena de mano, propiedad del señor Hernández (nombre desconocido), un ferviente fanático del equipo del Magallanes, cuando su sede estaba en Caracas. Él era quien animaba al equipo en aquella época, pero poco se conoce sobre este personaje.
El entusiasmo de Pedro no pasó desapercibido, y después de cierto tiempo acompañándolo y asistiéndolo, un día, Hernández, decidió entregarle su preciada sirena, dejando en manos de Pedro la tarea de mantener vivo el espíritu del equipo desde 1959. Sin embargo, tuvo que hacer una pausa cuando fue llamado a cumplir con el servicio militar, donde llegó a ser Sargento Mayor de la Marina.
El retorno de Pedro a Valencia:
Posterior a su salida de la fuera naval venezolana y de haber culminado el servicio militar, se regresa a Valencia, donde comienza a trabajar para una empresa extranjera, que había iniciado operaciones en la capital carabobeña. Esto le generó el impedimento de salir con la sirena para apoyar el equipo. A su regreso, Pedro se casó con la señorita Nelly Aguiar; matrimonio que duró 55 años y de cuya unión nacieron dos hijos, Pedro y Marisela, todos amantes del béisbol y copartícipes del frenesí de su padre.
Tiempo después, el Magallanes anunció en 1969 que se mudaba a Valencia, lo que favoreció más a Pedro. Fue aquí cuando comenzó a sonar la sirena en el estadio José Bernardo Pérez, un aliento inconfundible que animaba a jugadores y aficionados.
Una familia unida por el béisbol
En las anécdotas contadas por Marisela, se recuerda el constante apoyo de su madre, la señora Nelly Aguiar. Ella era la responsable de cuidar la imagen de Pedro, arreglarle la ropa y atenderlo esmeradamente. Después de cada juego, al llegar a la casa, allí estaba su esposa esperándolo. “Siempre llegaba con un regalito para nosotros, que venía de parte de su fiel amigo El Torero Pistachero”, recuerda Marisela con cariño.

Pedro Lugo, mas allá de darse a conocer con la Sirena Magallanera, también fue considerado amigo cercano de grandes estrellas del béisbol. Pedro, incluso bajaba al dugout (zona donde los jugadores de un equipo descansan o esperan su turno) para hablar con ellos y darles palabras de motivación a los jugadores.
Su retorno a Valencia también permitió mejorar su herramienta. Con la ayuda de un personaje conocido como «El Alemán», que irónicamente era fanático de los Leones del Caracas, integró a la sirena una batería, un arranque de vehículo, un cochinito y un relé. (Con el tiempo fue sustituido por otro arranque de otro modelo).

Esto permitió su potente sonido durante todo el juego, sonido que Pedro mantuvo durante 63 temporadas. La sirena no solo se modernizó, sino que también encontró apoyo de decenas de fanáticos en el estadio, quienes colaboraban para el transporte de la sirena y la ubicación de la misma en el lateral izquierdo, junto a los familiares de los peloteros.
Para 1985, Pedro Lugo Junior, su hijo con 13 años de edad, comenzó a acompañarlo en los juegos durante ocho años consecutivos. Su función era la ser el asistente fiel de su padre, una tradición que perduró hasta los 21 años (1993), cuando él se casa y forma su propia familia.
Las primeras dificultades de salud de Pedro
Por temas de salud, Pedro Lugo fue operado a corazón abierto en 1996 y con el apoyo de su amigo Gregorio Machado quien hizo las gestiones para que la fundación cubriera los gastos totales, Navegantes del Magallanes pagó la operación. La familia pedro agradece profundamente el gesto hasta el día de hoy.
Posterior a su recuperación y de vuelta al estadio con su sirena, continúa apoyando al equipo junto a algunos vecinos y amigos que lo acompañaban al estadio para ayudarlo a transportar la sirena ya que esta tenía un peso de 18kg y por su condición ya no podía cargarla. En vista de esta situación un vecino llamado Allison Márquez el cual lo quería como un padre, decidió acompañarlo hasta las últimas temporadas que asistió.
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Durante todas las temporadas compartió con su gran amigo el Torero Pistachero, con quien siempre mantuvo una amistad inquebrantable; hasta que nuevamente recae de salud en 2014, cuando se le diagnosticó un problema en el colon, lo que motivó su ausencia absoluta tras su operación y posterior recaída con Alzheimer (enfermedad progresiva que afecta la memoria y otras importantes funciones mentales).
La partida física de Pedro Lugo en el día de celebración del centenario del Magallanes
El 26 de octubre de 2017, en una fecha simbólica en la que el Magallanes cumplió 100 años (26 de octubre de 1917), Pedro falleció. Sin embargo, su legado no terminó allí. Pasaron tres años después, y durante ese tiempo, los fanáticos pedían el regreso de la sirena al estadio, hasta que ese gran día llegó.
Pedro Junior retomó la tradición el 15 de octubre del 2020, durante un juego entre los Tiburones de La Guaira y Magallanes, el cual recuerda entre aplausos, lágrimas y cualquier cantidad de palabras de apoyo y abrazos de la fanaticada. La historia de Pedro y su Sirena Magallanera es una lección sobre la perdurabilidad del legado y la conexión trascendental entre generaciones.

El hecho de que Pedro falleciera en una fecha tan simbólica como el centenario del equipo Magallanes sugiere que su vida y pasión estaban intrínsecamente ligadas a la historia del equipo. La sirena, en manos de Pedro, se convirtió en un emblema de la fidelidad y la pasión por el béisbol, resonando no solo en el estadio, sino en el corazón de cada aficionado.
Su fallecimiento en el centenario del equipo simboliza un ciclo de vida completo, en el cual Pedro dedicó su existencia al aliento y espíritu de su equipo amado. Sin embargo, su legado no quedó enterrado con él. El rescate de la tradición por parte de Pedro Junior marca el renacimiento del espíritu magallanero. Es una prueba de que el amor y la pasión pueden ser heredados, reavivados y llevados adelante por las nuevas generaciones. La sirena de Pedro, en las manos de su hijo, continúa siendo un símbolo de perseverancia, lealtad y tradición.
La Sirena Magallanera y la nueva generación
Es un recordatorio de que, aunque las personas puedan partir, sus pasiones y legados permanecen vivos, resonando a través de aquellos que los aman y recuerdan. “Mi padre no dejó una puerta abierta, sino un portón abierto a todo aquel que quiera entrar por él”, son las palabras de su hijo al recordarlo con cariño y agradecimiento a muchos que lo han apoyado después de retomar la Sirena Magallanera, entre los cuales se destacan: su madre Nelly Aguiar de Lugo, su querida hermana Marisela Lugo de Navas y su Cuñado Darry Navas (quien siempre estuvo a cargo del mantenimiento de la sirena y ahora continúa con el legado) y su esposa Yurimar Brito. Pedro Lugo deja cuatro nietos: María Lugo Ríos, Juan Lugo Ríos, Darry Navas, Samantha Navas, y una bisnieta, Ángela Lugo.
Actualmente su hijo Pedro Lugo Jr. Agradece profundamente a Jexi Alexandra Abraham y Rodolfo Manrique (colaboradores del transporte de la Sirena Magallanera), José Luis Ortega (actual ayudante de Pedro Lugo Jr.), a los patrocinantes: Grupo Matute (Luis Matute), Yong Car (Wilton Perlaza), Danis Vargas (patrocinio de las franelas), Junta Directiva del Magallanes (pases de cortesía y batería) y a todos los amigos y fanáticos que con sus mensajes siempre lo apoyan a seguir adelante. La continuidad de esta tradición encarna la esperanza y la fuerza de una comunidad unida por un amor común, demostrando que algunos sonidos nunca se apagan, sino que encuentran nuevas voces para seguir cantando.
La Sirena Magallanera es más que un objeto. Es un símbolo de pasión, de legado familiar y de la incansable dedicación de un hombre que encontró en el béisbol una forma de vida. La historia de Pedro y su sirena continúa inspirando a generaciones, recordándonos que el amor por un equipo puede ser tan fuerte como cualquier vínculo humano.
Ciudad Valencia / Diego Trejo












