Según nos narra la cronista religiosa Margarita Marrero, Valencia fue azotada por una devastadora sequía, que ponía en riesgo las cosechas y la vida de sus habitantes, durante el año 1758.

En esa época, se recibe la visita pastoral, desde Caracas, del excelentísimo monseñor Diego Antonio Díez Madroñero (muy devoto a la Virgen del Socorro, quien fallece en Valencia el 3 de febrero de 1769). Desesperados por la falta de agua, el Padre dispuso sacar en devota rogativa la imagen de la Virgen del Socorro por las calles de la ciudad con gran número de fieles, sacerdotes y frailes para implorar por lluvia.

Durante esta procesión, encabezada por el obispo Madroñero, llegaron a un lugar muy cerca de la colina árida de La Guacamaya llamado Monte de la Acequia. Fue en este epicentro donde ocurrió un milagro.

Mientras el Obispo recitaba una oración del Santísimo Rosario, al llegar a aquellas palabras de la Salve: “Ora pro nobis, Sancta Dei Genitrix” («Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios»), golpeó el suelo con su báculo justamente al pie de un árbol de jobo.

 

 

En ese instante, un viento fuerte se sintió y se extendió por toda la colina y el pequeño bosque que entonces había, y se vio con asombro de todos los concurrentes brotar un pequeño arroyo de agua a los pies del venerable obispo. Este evento fue interpretado como una intervención divina y el agua surgida en aquel momento fue suficiente para aliviar la sequía y salvar las cosechas.

 

El Dr. Pablo Feo y su proyecto: Agua Mineral El Jobo (1918)

Se presume que el Dr. Pablo T. F. Feo adquiere la propiedad para 1890 aproximadamente, y el manantial favorecía con su agua a toda la ciudad. Sin embargo, se recuerda que para 1918 el Doctor introduce el registro de marca número 2.229, donde se certifica que la marca “Fábrica El Jobo” es propiedad de él y describe el diseño de la etiqueta del producto. A continuación se anexa fotografía del documento original:

 

 

Etiqueta del Agua Mineral «El Jobo» de 1918.

Obra de canalización del agua del Manantial El Jobo en 1936

Afortunadamente, se cuenta con un documento donde el mismo secretario de gobierno del estado Carabobo, Salvador Lima, hace llegar una carta al Dr. Pablo Feo. En la misiva, redactada el 16 de noviembre de 1936, explica que debido a que las aguas del manantial que nacen dentro de la propiedad de él estaban siendo derramadas libremente por la calle y esto estaba afectando las vías públicas del momento, así como también las construcciones privadas, causando daños irreparables, convinieron en llamar a los técnicos para estudiar la posible solución al problema.

 

Foto por cortesía de Carabobo del Ayer (Archivo Marlon Delfino)

 

Recomendaron encauzar las aguas desde su naciente y, al canalizarlas subterráneamente, el problema se solucionaría. En el documento se explica que por tales obras no sufrirá ningún perjuicio y que debía pasar lo antes posible por Secretaría para canalizar dicho proyecto.

Posterior a esas conversaciones entre las partes, la carta fue respondida satisfactoriamente el 23 de noviembre del mismo año.

 

 

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Allí, el Dr. Pablo Feo explica que no tiene inconveniente alguno en permitir que el gobierno canalice las aguas y las administre a ciertas instituciones médicas y de asistencia social, ya que se estaban derramando y ocasionaban el estancamiento de sus aguas, el daño de las calles y poniendo en riesgo la salud pública de la ciudad.

El proyecto no solo canalizó el caudal de agua, sino que se creó un tanque de cemento para represar el líquido, que es como se mantiene hoy en día después de aquella obra de hace ya 89 años aproximadamente.

 

La primera foto del lado izquierdo corresponde a la carta enviada por el secretario de Gobierno del estado Carabobo, Salvador Lima, y la carta de la derecha es la respuesta del Dr. Pablo Feo.

Manantial del Jobo: 267 años después seguimos contando su historia

Para mantener viva la historia del Manantial del Jobo, es esencial reflexionar sobre el profundo impacto que tuvo en la comunidad de Valencia en 1758. Este evento no solo representa un acto de fe y devoción, sino también una lección sobre la resiliencia y la esperanza en tiempos de adversidad. Al recordar y compartir esta historia, se preservan los valores de unidad y fe que guiaron a los habitantes de aquella época.

 

Sr. Pedro y su esposa Violeta de Velázquez en el Manantial del Milagro del Jobo

 

El milagro del Manantial del Jobo nos invita a valorar nuestras tradiciones y a transmitirlas a las futuras generaciones. Actualmente  hacen vida en este maravilloso lugar el Sr. Pedro y su esposa Violeta de Velázquez, y se encuentra ubicada en la avenida Andrés Bello, entre las calles Independencia y Rondón.

Celebrar y enseñar sobre este evento nos permite mantener viva la memoria colectiva y fortalecer nuestro sentido de identidad cultural. Además, es un recordatorio de que, incluso en los momentos más difíciles, la fe y la comunidad pueden ser una fuente poderosa de fuerza y de consuelo.

 

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