Aunque hay quien considera impropio calificar de machista a nuestra lengua, algunas características de esta muestran que, en su construcción, han prevalecido numerosos criterios indiscutiblemente masculinos.
Sé que esto que digo no es nuevo ni novedoso. Pero como creo que vale la pena recordarlo de vez en cuando, he aquí varios ejemplos que sirven para argumentar al respecto.
Cuando hablamos en plural e incluimos en una expresión a personas de sexo femenino y masculino u objetos de los dos géneros, la misma se dice o escribe como si solo hubiese individuos o ejemplares masculinos. A esta conjunción se le considera neutra, aunque sin lugar a dudas no lo es.
DEL MISMO AUTOR: TRÁFICO FANTASMA
Si aludimos, por ejemplo, a los niños y niñas de un salón de clases que se manifiestan alegres decimos: Los niños están contentos. Solo en el caso de que todas las integrantes de dicho salón sean niñas usamos el femenino: Las niñas están contentas.
El colmo se produce cuando nada más hay un niño y todas las demás integrantes del grupo son niñas. La regla idiomática correspondiente indica que se debe escribir Los niños están contentos. La mayoría, en este caso, no vale para nada y se concede la preponderancia de la frase al único estudiante masculino.
Si hacemos referencia al género humano, empleamos el sustantivo masculino hombre, jamás a la denominación mujer. Con frecuencia, calificamos a un hombre destacado como Padre de la Patria. Pero jamás se concede tal título a una mujer a quien, obviamente, debería considerarse Madre de la Patria.
La palabra patria, por cierto, deriva de padre, no de madre, en vista de lo cual en los últimos tiempos ha nacido al sustantivo matria, poco usado, por cierto, al punto de lucir clandestino.
Diversas expresiones españolas que enaltecen a los individuos masculinos, convertidas al femenino denigran de la mujer.

Cuando se dice de un hombre que es un zorro, se hace referencia a su gran astucia o a su sentido de justicia. Un perro es un amigo, un camarada. Un aventurero es un individuo valiente, arriesgado. Un callejero es alguien que se la pasa en la calle, sin importar lo que haga. Un hombrezuelo es solo un hombre pequeño. Un hombre público es un individuo prominente. Un hombre de la vida es aquel que posee gran experiencia.
En cambio, expresiones como zorra, perra, aventurera, callejera, mujerzuela, mujer pública o mujer de la vida tienen todas similar significado: mujer fácil o indecente. En resumen: puta.
Por si fuera poco, algunas de las expresiones más soeces que usamos en la vida cotidiana al insultar, no se refieren a quien nos dirigimos, sino a su progenitora. Cuando le mentamos la madre a alguien o le llamamos hijo de puta, ¿a quién infamamos?
Usamos tales expresiones sin pensar que se refieren a personas que están fuera de la discusión que tenemos. ¿Y cuál es el denominador común en este caso? Que se trata de mujeres. Nadie, para insultar, señala los testículos del padre que, si a ver vamos, igual que la madre, es medio responsable de la existencia de nuestro contendiente.
Si eso no es machismo…
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Armando José Sequera (Caracas, 1953) es un escritor y periodista venezolano. Autor de más de cien libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido cerca de 30 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012). Es asimismo Premio Nacional de Cultura, mención Literatura, 2026.
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
Ciudad Valencia/RN/Foto del autor Gerardo Rosales












