“Memorias de la insurgencia (epílogo 2)” por Mohamed Abí Hassan

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                                                             No permitas que tu dolor se esconda
                   oblígalo a salir desnudo a que combata
que empuñe el fusil y la granada
que anime la marcha
que estalle en un grito en el asalto
que ría y que cante en la emboscada.
Tu pena y mi pena y la de todos
es una sola pena militante armada
es el fuego que arde en la alborada
la revolución que avanza desbordada
hacia el milagro de las cadenas rotas.
Y el gran sufrimiento se tornará alegría
emergerá del fuego un mundo diferente
será el llanto detenido
y dejará la sangre de correr asesinada
se esparcirá la risa
y los niños puros como pájaros en vuelo
llenarán los parques con sus gritos
y nosotros estaremos allí, ¡seguro que estaremos!
como una llama ardiendo eternamente.
Somos la vida y la alegría
en tremenda lucha contra la tristeza y la muerte…!
 
Argimiro Gabaldón, alias Comandante Carache

 

Continuamos nuestro recorrido por estas memorias de la lucha armada en Venezuela, temática sobre la cual se ha publicado abundante literatura. En ese sentido quisimos engalanar este escrito abriendo con un poema de largo aliento del legendario Argimiro Gabaldón (Biscucuy 1919-Montañas de Portuguesa 1964), poeta, pintor y docente, también conocido como “Chimiro”, militante del Partido Comunista y fundador del frente guerrillero Simón Bolívar ubicado en las montañas de Lara y Portuguesa, durante los años 1962-1968.

Pensamos que en este momento histórico tan singular, urge construir una lucha “Almada”, es decir, darle continuidad y organicidad plena a esta gesta heroica con el alma como arma, pero sin poner la otra mejilla ni bajar la guardia porque el enemigo acecha sigilosamente, a escondidas, dentro y fuera del proceso.

 

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Argimiro Gabaldón junto a otros comandantes guerrilleros.

En la revista Memorias de Venezuela, del Centro Nacional de Historia, número 16,  octubre de 2010, encontramos un dossier bien ilustrado titulado La Lucha Armada Venezolana en los ’60, con una importante reseña de los diferentes frentes guerrilleros, sus comandantes, lugares donde operaban, años y su ubicación en el mapa de Venezuela.

Por cuestiones de espacio nos limitaremos solo a nombrarlos: Frente Simón Bolívar, estados Lara y Portuguesa; Frente José Antonio Páez, estados Portuguesa, Trujillo, Barinas y Apure; Frente Manuel Ponte Rodríguez, estado Monagas; Frente José Leonardo Chirino, estados Falcón, norte de Lara y Yaracuy; Frente Ezequiel Zamora, estados Miranda (cerro de El Bachiller), Guárico y Anzoátegui; Frente Antonio José de Sucre, estados Sucre, Monagas y Anzoátegui; Frente Américo Silva, estados Sucre, Monagas y Anzoátegui.

Otro texto que conseguimos en nuestra pequeña biblioteca de Babel, que también vale la pena citar, dada su vigencia en estos tiempos, es el que aparece en el libro La guerra del pueblo de Fabricio Ojeda, colección Los Imprescindibles, publicado por el Fondo Editorial Willian Lara de la Asamblea Nacional, de donde tomamos parte de su memorable carta dirigida al parlamento, en el cual fue electo en las planchas de URD por el Distrito Federal, siendo el diputado más votado en toda la historia constitucional para optar al cargo en el entonces Congreso Nacional cuarto republicano, hoy día Asamblea Nacional.

 

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Fabricio Ojeda.

En el texto con fecha 30 de junio de 1962, Fabricio plantea abandonar la Cámara de Diputados e irse a las montañas a continuar la lucha. Citamos: “…Es por ello, colegas diputados, que vengo ante ustedes a expresar la decisión de dejar el parlamento, este recinto que pisé por la voluntad del glorioso pueblo caraqueño, hoy oprimido y humillado, para subir a las montañas e incorporarme a los compañeros que ya han iniciado el combate y con ellos continuar la lucha revolucionaria para la liberación de Venezuela, para el bienestar futuro del pueblo, para la redención de los humildes… Más temprano que tarde, civiles y militares nos encontraremos juntos en un mismo propósito fraternal y patriótico. Evidencias de esta afirmación es la reciente sublevación de Carúpano y la heroica acción de Puerto Cabello, donde oficiales de limpia trayectoria como Jesús Molina Villegas, Pedro Molina Silva y Manuel Ponte Rodríguez, supieron dar un paso al frente de la historia, antes de vivir en la ignominia. Allí se demostró cómo en el seno de las Fuerzas Armadas hay hombres que sienten la patria en su exacta dimensión y que inspirados en las lecciones de Bolívar siguen su ejemplo de valor, de nobleza y patriotismo, y cómo este gobierno llega hasta el bombardeo de ciudades abiertas, al genocidio, para tratar de conservar una situación ya insostenible. El camino trillado por ellos habremos de continuarlo para que al salir de la prisión gloriosa, los oficiales, clases, soldados y civiles de la heroica acción de Carúpano y Puerto Cabello puedan vivir dentro de una patria nueva como la que hemos soñado todos y por la cual ellos combatieron”, fin de la cita.

Nos resulta harto difícil escoger entre los numerosos testimonios que dejaremos pendientes para abordarlos en una próxima oportunidad, como el de las masacres de Cantaura, Yumare y El Amparo, tan bien expuestas en el libro Víctimas de la Democracia Representativa en Venezuela de Raúl Zurita Daza.

Igualmente, entre los muchos libros imprescindibles que vale la pena leer por sus valiosos aportes a la investigación están los Documentos del Movimiento Revolucionario Venezolano 1960-1979, que presenta una selección de treinta y tres documentos resguardados desde los años 70 por la revolucionaria y profesora universitaria Yudith Valencia; Memorias del Frente Guerrillero José Antonio Páez de Hernán Abreu y Aquí no ha pasado nada de Ángela Zago, entre otros.

Finalmente, citamos a continuación un extracto de la hoja de vida de nuestro amigo y excombatiente, alias Elías Daniel: “…Cuando tenía 6 años de edad, aproximadamente, le insistí a mi mamá, Gertrudis, que me comprara un violín, ya que tenía un sonido agradable, pero no me duró mucho tiempo, el sueño se esfumó porque lo desarmé para buscar dónde  estaba dicho sonido, te repito, así fue como mi sueño se esfumó­… a los 13 años tuve mi primera experiencia política con la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, ya que me incorporé a las 5 de la mañana al júbilo del pueblo, pero regresé a casa cerca de las 5 de la tarde, recibiendo una paliza muy fuerte de mi mamá, y desde ese momento pensé en irme de casa… en 1960 comencé a militar en el MIR y al año siguiente pasé a formar parte de la comisión de propaganda electoral. En una manifestación en solidaridad con el pueblo cubano en el barrio 23 de Enero, de Maracay, fui planeado y preso. Como ya te dije, en marzo del ‘62 unos 12 militantes de izquierda nos fuimos a las montañas vía Choroní para formar un foco guerrillero, pero fracasamos en nuestro intento y a los pocos días tuvimos que bajar. Luego, a finales de ese año, me trasladé a Oriente, a la población del Chaparro, estado Anzoátegui, y así fue como conocí a mi padre y a otros hermanos en Mapire, a orillas del río Orinoco. A los diez meses regresé a Maracay y continué mis actividades políticas en los primeros meses del ‘63, cuando la situación estaba al rojo vivo. Subí a las guerrillas y al tiempo me enviaron en misión a Cuba, y tuve la oportunidad de viajar después por varios países de Europa, como Francia, Alemania, Checoslovaquia y España. Regresé a integrarme a la guerrilla en un momento de crisis muy profunda, situación que acarreó que cayera preso en Caracas en el ‘68 hasta diciembre del ‘69. Salí en libertad tras la falsa política de “pacificación” de Rafael Caldera. La década del ‘70 fue muy fuerte para mí porque la derrota no es fácil de aceptar. Me costó mucho adaptarme a la vida en la ciudad, Comencé con el oficio de librero en Maracay en la librería “Selecciones”, propiedad de un amigo, la cual estaba ubicada en la avenida Miranda, en pleno centro, con un piso dedicado a la lectura de los asiduos clientes que nos visitaban, modalidad implementada por mi persona. Luego me casé, tuve una hija y con dos compañeros de trabajo abrimos la librería “Rocinante” en el Pedagógico de Maracay, con una gran variedad de clásicos de la literatura universal y del pensamiento político, con obras de Lenin, Mao, el Che Guevara, entre otros…”.

 

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Queremos concluir este trajinar citando un pensamiento de Eduardo Galeano, muy acorde con el tema que nos ocupa, que extrajo nuestro amigo de entre el legajo de papeles que portaba en una ajada carpeta.  “La Utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces, para qué sirve la Utopía? Para eso, ¡sirve para caminar!”. ¡Salud Camaradas! (Continuará en la próxima y última entrega).

 

Mohamed Abí Hassan / Ciudad Valencia