Dos puntas tiene el camino
y en ellas alguien me aguarda.
Hoy están de cumpleaños Natasha Isabel y Maya Gabriela, una hija y otra nieta; astrológicamente dos de mis «escorpiones» favoritas, discípulas y maestras.
Es lo que son los hijos en nuestras vidas. Aprendemos de ellos tanto como lo que enseñamos, recibimos tanto como lo que damos. Es lo justo.
Hay quienes tienen hijos y no captan el mensaje maravilloso de tenerlos y hay también quienes por no tenerlos logran precisamente captarlo.
Hay tantas historias enlazadas en nuestras vidas. Las nuestras y las suyas son una misma. Ahora entiendo a mi padre que decía no temer a la muerte porque se veía viviendo en los hijos. También entiendo mejor a Andrés Eloy que dice: «Cuando se tiene un hijo se tienen todos los hijos del mundo».
(Valencia, 6/11/26)

DEL MISMO AUTOR: EL ESPEJISMO DE LA MÁQUINA POÉTICA
Pensamiento y poesía
En una época dominada por la prisa, la hiperinformación y la superficie plana de los discursos digitales, el pensamiento parece correr el riesgo de convertirse únicamente en un cálculo de datos.
Sin embargo, cuando la filosofía y la poesía vuelven a encontrarse, la palabra recupera su relieve de densidad y luz, su tercera dimensión.
Si la agudeza de ciertos pensadores contemporáneos evoca a veces la precisión o la velocidad de la inteligencia artificial, no es porque el ser humano haya sido reemplazado por la máquina, sino porque asistimos a una inédita colaboración de inteligencias y tradiciones.
La memoria y la síntesis ofrecen la estructura, pero es la chispa humana (la vulnerabilidad, el dolor, la contemplación y la búsqueda de belleza) la que le infunde vida al argumento.
Frente a la sinrazón que amenaza con arrojarnos al vacío, no hay tiempo para el juego verbal ni para la especulación superflua.
La poesía elimina la chatura del lenguaje utilitario y le devuelve al hombre común la sacralidad de su diaria existencia. Decir lo esencial con claridad y belleza es ya un hallazgo de sentido, la posibilidad de un nuevo filosofar.
Un pensamiento que ya no se conforma con procesar el mundo, sino que aprende a iluminarlo desde la verdad de lo humilde y la dignidad de la vida.

No insista, poeta
Poeta, no obtendrá el Nobel de Literatura
ni el Premio Nacional de nada que se le parezca,
y si por error obtiene alguno con rango en la provincia dónde vive,
la burocracia se encargará
de sepultarlo incluso en Wikipedia;
no viajará al Festival de la Senectud
y en el pueblo donde nació alguien
razonará que allí nadie lo conoce,
asimismo, en donde vivirá un siglo,
argüirán que usted no ha nacido allí;
no será embajador, cónsul
ni agregado cultural de su país
en ninguna parte; tampoco será
académico, ministro,
presidente, senador o diputado;
no le pagarán por ser jurado
ni viajará a otros países para leer poesía
con los gastos «cubiertos»;
no será propuesto como candidato
a los festivales internacionales, ni siquiera
a los de los vecinos más cercanos;
no será reeditado aunque sus libros se agoten y alguna crítica los favorezca;
no irá a grandes programas
de televisión ni será condecorado;
no asesorará a ninguna institución pública
o privada; ninguna calle llevará su nombre,
ningún mármol, ninguna esquina.
Lo borrarán, poeta; sólo sus poemas le salvarán, quizá, algún verso del olvido.
No insista, poeta, es sólo un epitafio.
Sábado / LAAR
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Luis Alberto Angulo (Barinitas, 1950). Poeta, coautor de Viento barinés (UC, 1977), y autor de las compilaciones: Antología de la casa sola (Fundarte, 1982), Fusión poética (UC, 2000), La sombra de una mano (2005), Antología del decir (2013), y Coplas de la edad ligera (2023) en Monte Ávila Editores. También de LAAR’S POÉTICA (Ciudad Valencia, 2026).
Ciudad Valencia / RN













