En la comunidad Atlas de la parroquia Candelaria, municipio Valencia, vive una familia que ha hecho del amor, la fe y el arte su forma de resistencia y esperanza.
Nilse Rodríguez de Reimi y su esposo Alexander Reimi son padres de Eliecer 8 años y Estefanía 5 años, una niña con síndrome de Down que fue operada a corazón abierto en plena pandemia.
Su historia es testimonio de que los milagros existen… y que cada paso, por pequeño que parezca, puede ser una obra de arte.
Pintar para sanar y expresar

Tras la cirugía de Estefanía, y en medio de la pandemia del COVID-19 que se vino, una profesora de arte llamada Dexily Reyes les propuso algo inesperado: que los niños comenzaran a pintar desde casa.
Así Estefanía y Eliecer iniciaron un camino artístico natural que los llevó a participar en el mural más grande del mundo, inscrito en los Récord Guinness y que actualmente se encuentra en Perú. Desde entonces, sus obras han viajado a exposiciones nacionales e internacionales.
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Entre sus creaciones destacan
“Caminando por la paz” y “Momentos felices”, así como piezas cargadas de simbolismo como “Inclusión en el Futuro de Venezuela”, “Fe”, “Amor de hermanitos” e “Inclusión invisible como la naturaleza”, esta última realizada por Estefanía con materiales reciclables y sus propias manos, según su estado de ánimo y energía espiritual.
A su manera, a su ritmo
Nilse y Alexander nunca vieron a su hija como una carga, sino como un regalo de Dios. “Nos dijeron que no saldría de la UCI, que nos despidiéramos… pero con fe, oración y la ayuda de muchas personas, incluso desconocidos, logramos lo imposible”, recuerda Nilse. En Caracas, sin conocidos y en plena pandemia, pidieron seis donantes de sangre y recibieron veintiuno. “De no tener nada, pasamos a tenerlo todo”.
Hoy, esta familia sin límites defiende que la palabra “inclusión” no debería existir, porque todos los niños nacen con derechos. “Ellos no ven el mundo diferente, lo ven igual. Solo necesitan tiempo, respeto y amor para expresarse a su manera”.
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Un mensaje para otras familias
“Si necesitan una mano amiga, aquí estamos”, dice Nilse. “No vean el arte como un gasto, sino como una forma de vida. Nuestros hijos pintan lo que sienten, lo que sueñan, lo que creen. Y eso es un regalo. Ellos nos enseñan a vivir sin prisa, a valorar lo esencial, a caminar con fe… a su ritmo, a su modo, a su manera”.
Te invitamos a conocer más de esta historia inspiradora en el siguiente video, donde Nilse Rodríguez y su familia nos abren las puertas de su hogar, su arte y su fe. Una historia que toca el alma y nos recuerda que no hay límites cuando se camina con amor.
Ciudad Valencia / Karen Mavarez
Video y Fotos: OD/DT













