“No mires arriba (ni más allá de tus narices)” por Fernando Guevara

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Finalizando el año 2021 vi la película “No mires arriba” (Don’t Look Up), dirigida por Adam Mc Kay y protagonizada, entre otros, por Meryl Streep, Leonardo Di Caprio, Jennifer Lawrence y Mark Rylance, toda una pléyade de oscarizados actores.

Yo no soy crítico de cine, pero critico todo y por eso (y por aburrimiento de año nuevo) me voy a lanzar a escribir sobre ese «No mires arriba»…

Lo primero que se me ocurrió es no creer que un cometa de semejante características hubiera sido descubierto por un telescopio más o menos común desde la tierra y no por un radio telescopio (aunque si a ver vamos muchos descubrimientos importantes han sido hechos por astrónomos aficionados); asimismo dudé de que ese notorio objeto espacial, una vez descubierto, no fuera también visto por otros telescopios de otros países con tantos científicos dirigiendo sus miradas al espacio. Además, tampoco me pareció creíble la actitud de algunos personajes, entre ellos la presidenta. Pero es que de verdad aún no había entendido la película.

Lo cierto es que “No Mires Arriba” es una sátira, una burla y llamado de atención de lo que hoy somos. La superficialidad, lo banal, lo popular es más importante que lo real, lo importante, lo esencial.

El mundo se acaba y en la prensa solo importa la separación de una estrella de la música y su mediática pareja.

El mundo se acaba y a la presidenta de la decadente potencia americana solo le importan las elecciones, su imagen y su relación con el hombre detrás del poder.

El mundo se acaba y a los científicos no se les hace caso (como Trump y Bolsonaro con la Covid-19).

El mundo se acaba y al hombre más rico del mundo solo le importa sacar plata del cometa causante de la hecatombe.

Y además de todo esto, ¿qué más encontramos en esta producción hollywoodense?, pues que, aunque sea una crítica al establishment, sigue siendo propaganda para que sigamos viendo a los gringos como buenos, es decir, “por favor, cónchale, nosotros no somos tan malos”.

Ahora, ¿qué lugares comunes sobre esa disculpa del mundo del espectáculo encontramos?

Veamos: un general tracalero, sumiso y cobarde, un funcionario de segunda línea que asume la culpa del jefe, un coronel astronauta violento, racista y amante de las armas, a quien se le excusa frecuentemente alegando que “es de una generación distinta”.

 

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También encontramos un adolescente, drogadicto y aparentemente frívolo, pero con cierta conciencia. Y un político inepto, escudado en nepotismo. Y una mujer que con un golpe de suerte llega lejos, pero es víctima de sus debilidades. Y un profesor, narcodependiente, ansioso y paranoico.

Todos esos ingredientes, un momento crítico universal y, en este caso, un reparto realmente de primera línea nos pusieron a meditar, durante un rato, sobre ¿qué estamos haciendo por nuestro mundo? Luego volvimos a recordar que en casi todas las tragedias modernas tienen sus manos ensangrentadas los políticos de EEUU y su industria del espectáculo. Es decir, esa película es un canto a la nada.

Es aquí donde entra el rótulo: “Cualquier parecido con la realidad es pura casualidad”.

 

Fernando Guevara / Ciudad VLC