A los fines de reconocer, proteger y ampliar el registro fósil del país, la paleontología en Venezuela avanza hacia una nueva etapa de expansión gracias a las recientes expediciones científicas.
El hito más reciente de este esfuerzo conjunto es el estudio de un fósil marino de entre 90 y 100 millones de años, recuperado en una cantera de caliza de la formación La Luna, en el estado Táchira.
El hallazgo, logrado durante una expedición en 2025 organizada por la Fundación para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología (Fundacite) en Táchira, no solo suma una pieza clave al patrimonio nacional, sino que marca el inicio de una fase de investigación de gran alcance para la comunidad científica.
Equipo de especialistas
Recientemente se llevó a cabo una presentación donde el equipo multidisciplinario al frente de este avance y representado por Omar Sumoza, especialista en paleontología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, explicó los avances.
El profesor Rodolfo Sánchez, de la Universidad Francisco de Miranda y el Museo de Urumaco; Anderson Jaimes, antropólogo del Museo del Táchira; y Paola Pastor, ingeniera geofísica de Fundacite Táchira, fueron los encargados de explicar el proceso.
El respaldo del Ministerio para Ciencia y Tecnología ha sido fundamental para ejecutar esta política científica de territorialización liderada a nivel regional por Oscar Forero, presidente de Fundacite Táchira.
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Resultados
El principal avance científico radica en el análisis de las características evolutivas y anatómicas del ejemplar. Aunque los restos óseos individuales no se han identificado plenamente debido a que el cráneo se encuentra resguardado dentro de una concreción dividida en dos lajas, la morfología externa revela un contorno semejante al de un delfín.
Esto permite inferir que se trataba de un animal de cuerpo fusiforme y adaptado a la vida oceánica, con una longitud estimada de metro y medio y una dinámica similar a la de un pez rápido como la barracuda.
Si bien los primeros indicios apuntaban tentativamente a un ictiosaurio —lo que generó gran expectativa por la posibilidad de un primer registro—, la posterior revisión de la literatura especializada confirmó que el investigador John Moody ya había documentado restos de esta especie en la Sierra de Perijá a inicios de los años 90.
Particularidades del nuevo fósil
No obstante, la novedad de este ejemplar radica en su excepcional estado de preservación y en proceder de un depósito geológico completamente distinto, lo que enriquece la comprensión sobre la distribución de las faunas marinas durante el Mesozoico sin alterar las teorías actuales de la deriva continental.
El verdadero salto cualitativo de la investigación se traslada ahora a los laboratorios, donde el equipo científico ya custodia una amplia colección de materiales geológicos que requieren un análisis minucioso y detallado.
Nuevo panorama. Más allá del estudio de las piezas recuperadas, el éxito de la expedición ha permitido identificar indicios claros de nuevos yacimientos con un alto potencial fosilífero en la región.
Aunque las futuras exploraciones en la zona dependerán de la asignación de recursos y la disponibilidad de personal especializado, el panorama es optimista.
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Este descubrimiento se suma a hitos previos como los dinosaurios de La Quinta o el tigre de dientes de cimitarra en Orocué, lo que consolida un auge disciplinar que no solo amplía el conocimiento académico, sino que busca inspirar a las nuevas generaciones de científicos a persistir con paciencia en la exploración de un territorio nacional que aún esconde grandes secretos arqueológicos y paleontológicos y que pueden ser desarrollados por los científicos venezolanos que detallan cada proceso.
Este reptil marino fue un “lagarto pez”, ya extinto, que habitó el planeta en el periodo comprendido entre hace 245 y 90 millones de años.
El ejemplar de ictiosaurio encontrado en Lobatera es el primero de su tipo en ser documentado en Venezuela, lo que representa una ampliación drástica del registro fósil nacional.
Los ictiosaurios eran grandes reptiles marinos con un aspecto similar al de peces y delfines, que surgieron en el Triásico y fueron depredadores dominantes hasta ser reemplazados por los plesiosaurios en el Cretácico.
Al ampliar el patrimonio científico y demostrar que el territorio venezolano aún esconde grandes secretos bajo el suelo, la investigación no solo busca generar conocimiento académico, sino también inspirar y formar a las nuevas generaciones de relevo, recordándoles que la paciencia y la perseverancia son las llaves para los grandes hallazgos del futuro, lo que abre una puerta inmediata para el avance tecnológico permanente.
Procesos
Investigación. El éxito de la expedición de 2025 permitió mapear y detectar nuevas zonas con alto potencial fosilífero en Táchira. La investigación resalta el avance logrado gracias al trabajo conjunto entre el Ivic, Fundacite Táchira, la Universidad Francisco de Miranda y el Museo del Táchira. El proyecto busca utilizar este impulso para motivar y formar a jóvenes investigadores, destacando la paciencia y la perseverancia.
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FUENTE: UN
Ciudad Valencia/ WS/ M.Ll













