Aldea global

Vacunas: bien común de la humanidad

En esta serie de artículos y notas críticas, acerca de la pandemia global instaurada desde el 2019, el objetivo es la interpretación, la deliberación y la comunicación e información libre de ataduras con sesgo de intoxicación de documentar el pesimismo y la bancarrota emocional de los ciudadanos, en nuestro caso se trata de indagar de forma significativa para presentar posibles alternativas reales y viables en el ámbito de nuestro país, las referencias internacionales solo son un muestrario de la agenda de los organismos e instituciones atadas a los intereses de poder financiero presentes en el   lado oscuro de los sistema de salud y su corolario biomédico y tecnológico.

De tal modo que estar informado es un punto de avance para conocer hacia dónde vamos en la lucha contra el covid-19, siempre buscando la lógica de lo ilógico, en esa lista de opiniones doxas y disparatadas de los opinadores de oficio en las redes sociales.

Los goces y disfrute máximo de la salud que se pueda lograr son derechos fundamentales de todo ser humano, sin distinción de raza, religión, ideología política o condición económica social. Es uno de los objetivos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Como organismo fundado en 1948 junto a la Asamblea Mundial de la Salud, que por cierto tiene su asamblea 74° para mediados del próximo mes de mayo para discutir las nuevas pautas sobre la pandemia.

En 1945 en la Conferencia de San Francisco se adoptó la Carta de las Naciones Unidas, luego en 1946 en la Conferencia Internacional de Salud de Nueva York se gesta la iniciativa de una agencia de salud mundial.

No está demás señalar que la OMS junto a otros organismos internacionales surgidos después de la Segunda Guerra Mundial son escenarios de “regularización de normas y acuerdos entre los distintos países” para lograr parámetros de convivencia y protocolos de actuación, ante las diferentes contingencias y necesidades globales.

Por ejemplo, la OMS declara la alarma de emergencia mundial a través de su sede en la República Popular China el 31-12-2019. Desde entonces se mueven todos los dispositivos epidemiológicos para la seguridad sanitaria.

De modo alguno no podemos olvidar que la OMS no ha estado a la altura de enfrentar los grandes intereses de las corporaciones farmacéuticas que no tienen reparo en sus prácticas infames de enfermar y curar para integrar a los enfermos como consumidores en estado permanente y dependientes de medicamentos, en especial lo relacionado con diabetes, trastornos coronarios, enfermedades del sistema nervioso central, sintomatologías depresivas, cáncer y SIDA.

En tal sentido, que muchos sectores han criticado el papel de la OMS en el manejo de la crisis del coronavirus, los gobiernos de EEUU e Inglaterra la atacaron y amenazaron hasta con retirarle los fondos de ayuda. A pesar de esta situación sigue siendo el organismo rector en salud pública mundial.

En la actualidad sólo alrededor de diez países producen y controlan el 75% del total de vacunas y medicamentos para la pandemia, sólo los países con mayor capacidad de negociación y pago pueden acceder al suministro de las diferentes vacunas que existen en el mercado. Es así como los países latinoamericanos y caribeños, junto a los de África, se encuentran en emergencia dada la gran vulnerabilidad presente en las poblaciones, la pandemia visibiliza y amplía las desigualdades sociales

<En 1796 el médico inglés Edward Jenner descubre y aplica la primera vacuna contra la Viruela, para entonces esta enfermedad causaba enormes estragos en Inglaterra>

La agenda y campaña de prevención y asistencia humanitaria, cuando se originan enfermedades y epidemias, no arroja los impactos para el control de la emergencia. Recordemos que en octubre de 1977 en la 30° reunión de la Asamblea Mundial de la Salud se aprueban unas metas con los países y gobiernos miembros de la OMS para alcanzar un mayor nivel de salud para el año 2000. En este marco en el año de 1996, coincidiendo con el final de la ronda de Uruguay (1986-1994) aparece en forma abierta la discusión sobre la propiedad intelectual de patentes médicas y las atribuciones de investigación y desarrollo.

Ya al comienzo del presente siglo (2003), la OMS consigna una entidad llamada Comisión sobre Propiedad intelectual y Salud Pública. (CIPIH) En 2006 luego de realizar 60 recomendaciones, la Asamblea Mundial de la Salud manifiesta que: “Los regímenes de propiedad intelectual y patentes no pueden estar contra la política de salud pública” Esta declaración viene respaldada por la noción y acción de DD.HH desde mediados de 1990.

Los defensores del régimen de propiedad intelectual y patentes de medicamentos y biotecnologías, argumentan que es un mecanismo para motivar al inventor (Laboratorios e industria farmacéutica), que es una herramienta de beneficio social que contribuye a la inversión en la investigación. En síntesis, es una economía de la salud donde los modelos de investigación están sujetos a la capacidad financiera de los países.

Más de la tercera parte de la población mundial no tiene la capacidad de conseguir en forma regular los medicamentos esenciales para tratar las enfermedades. Este criterio sobre las patentes y sus usos, lo entendemos como una forma legal de monopolio, se convierte de hecho en una forma de dependencia y dominación de los países del sur o en “vías de desarrollo”. Aquí nos preguntamos hasta dónde llega la capacidad de ejecución de las normativas de la OMS y demás entidades afines como la Organización Panamericana de la Salud.

Los Derechos Humanos deben estar enmarcados taxativamente como garantía de acceder a los medicamentos, vacunas y tecnologías conexas al Covid-19, estamos claros que las patentes son el factor decisivo para el precio de los medicamentos. Los gestos de carácter humanitarios y filantrópicos de muchas organizaciones se detienen a la hora de los cálculos financieros. El fondo mundial de vacuna es en un 60% financiado y coordinado por la industria farmacéutica con la anuencia y complementariedad de los encargados de salud mundial.

El Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio, el Banco Interamericano de Desarrollo están interconectados a la restricción del uso de la vacuna como bien común de la humanidad, intereses del mercado financiero frenan al capitalismo con<rostro humano>

<EL COVAX es una incitativa de colaboración promovida por la OMS para un acceso equitativo mundial a la vacuna contra el coronavirus>

La meta de lograr un trato igualitario a la inmunización frente a la pandemia, es una propuesta para la acción política inmediata, y las preguntas siguen a la orden del día: ¿Cómo y en cuánto tiempo se vacuna a todos los ciudadanos? ¿Qué estrategia de vacunación se implementará? Si bien es verdad que las vacunas han logrado erradicar muchas patologías clínicas a nivel mundial, no significa que toda enfermedad dependa de la formulación de un medicamento, la población mundial requiere menos medicamentos y más políticas de prevención de salud; por otro lado, se debe precisar los niveles de inmunogenicidad de la vacuna, fecha de caducidad, si pierde efecto ante nuevas variantes de cepas.

No podemos dejar de tener en cuenta el <si pero no> de las vacunas, nos explicamos, estamos en presencia de la primera generación de vacunas en situación de emergencia, la aplicación de la misma no garantiza la inmunidad ante la pandemia, inicialmente ayudará a resistir la patología del contagio, de acuerdo a las investigaciones biomédicas habrá que esperar la segunda generación del medicamento para controlar y erradicar el Covid-19.

Mientras tanto los sistemas de salud públicos nacionales seguirán en la aplicación de las medidas de bioseguridad y prevención del pueblo y los diversos sectores sociales que lo integran. Las campañas de educación y concientización en torno a la enfermedad deben continuar durante el tiempo que requieran las circunstancias.

Naguanagua, 27 de Abril 2021. https://entrelucesysombras2021.blogspot.com/

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José Ramón Rodríguez