Desde el Campo de Carabobo, tierra heroica, le escribo estas líneas con el más profundo respeto, motivado por un sentimiento de sincera consideración, aprecio y una inquebrantable solidaridad en estos momentos de profunda complejidad.
La historia de los pueblos se forja en las dificultades, y es justamente allí donde se reconoce a los verdaderos líderes. El pueblo venezolano no olvida que, cuando la situación estuvo más compleja y la gente sufría «en la chiquita», usted, Presidente, se mantuvo firme, al frente. Recordamos con total claridad su capacidad de respuesta ante las adversidades, como cuando atendió con rapidez a las familias afectadas por las inundaciones, desplegando de inmediato alimentación, atención médica y activando a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
Eso no se puede olvidar, como tampoco se puede olvidar la inversión social histórica que sostuvo bajo su gestión. A pesar de las cruentas sanciones impuestas a Venezuela, que degradaron severamente el poder adquisitivo de la población, usted buscó soluciones permanentes para proteger a la familia venezolana a través de bonos, el sistema de alimentación y la atención en salud.
Asimismo, es imperativo destacar la manera en que activó los motores productivos para la economía nacional, desplegando a todo un equipo de trabajo enfocado en la recuperación y el surgimiento financiero del país a pesar del bloqueo. Con estas acciones, demostró que en todos los ámbitos posibles estuvo usted siempre gobernando en favor del pueblo de a pie. De igual manera, es imborrable la continuidad en la fabricación y entrega de viviendas para nuestro pueblo, tratando siempre de priorizar el bienestar humano. Esa fortaleza para gobernar en tempestad no es nueva; el pueblo tiene memoria y recuerda los ataques de la derecha desde el año 2014, cuando intentaron quebrar al país trancando vías, destruyendo instituciones y creando zozobra, una coyuntura donde su liderazgo venció defendiendo la paz de la República.
Hoy, a seis meses de los dolorosos acontecimientos del pasado 3 de enero de este año 2026, el impacto sigue latente. Es imposible olvidar el profundo silencio que recorrió y arropó a la población ese día, mientras contemplábamos el violento proceder con el que ambos fueron secuestrados y sacados de manera inadecuada de nuestro territorio. En medio de ese rechazo, es imperativo destacar la hidalguía de Cilia Flores, quien demostró una valentía admirable al mantenerse firme a su lado en todo momento.
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Al cumplirse ya medio año de este encierro, el pueblo todavía se pregunta con consternación lo sucedido. Nos embarga la incertidumbre de saber en qué condiciones se encuentran: ¿Cómo es el lugar donde los mantienen? ¿Es esa celda fría o cálida? ¿Qué estará pasando por sus mentes en esos inevitables momentos de soledad? Dentro de esa soledad, nosotros nos imaginamos que tanto usted, Presidente Nicolás Maduro, como la Primera Dama, Cilia Flores, mantienen su pensamiento fijo en estar al lado de su pueblo; y esa hermosa imaginación es la que nos otorga una profunda esperanza de su pronto regreso.
Ante la pretensión de mantenerlo recluido en los Estados Unidos, es imperativo alzar la voz para anunciar que con este secuestro se violó de manera flagrante el Convenio de Ginebra, se pisoteó la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, se transgredió la propia Constitución de los Estados Unidos y se vulneraron abiertamente los Derechos Humanos.
Por encima de estas graves violaciones, les pedimos con el corazón que mantengan viva la esperanza. La esperanza debe ser su mayor fortaleza; la certeza absoluta de que deben volver a Venezuela, a su patria, para estar nuevamente al lado de su pueblo. Ese mismo pueblo hoy permanece en un silencio consciente, observando con hidalguía, resistiendo con dignidad, respetando al ser humano y respaldando firmemente la Constitución, así como los esfuerzos y acuerdos que lleva adelante la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, bajo la doctrina de la diplomacia de paz que usted sembró.
A la población toda, el llamado es a que —así estemos en silencio y así estemos viendo a veces algunas incongruencias— mantengamos firmes la fe y la esperanza en el regreso de nuestro presidente Nicolás Maduro y de la Primera Dama de la República Bolivariana de Venezuela, Cilia Flores. Cuenten ustedes dos con un pueblo que está profundamente esperanzado en su retorno. Se lo digo con la verdad de la gente, desde mi barrio, desde mi calle, al lado de los liceos, de las escuelas y compartiendo con los vecinos: desde aquí mantenemos los corazones puestos en su pronto regreso.
Primeramente Dios y nuestro Señor Jesucristo, estamos completamente esperanzados en el regreso de ustedes dos a la patria de Bolívar, a la patria de Chávez; a su patria, Presidente Nicolás Maduro y Primera Dama Cilia Flores. Vaya este mensaje como un abrazo de solidaridad, fe y reconocimiento a su constancia.
Con la mayor consideración y aprecio.
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Ciudad Valencia/RM













