Sembrar la prevención y proteger la vida

Venezuela es una patria marcada por una geografía tan imponente como compleja e impredecible. Nuestra condición sísmica, aunada a los embates del cambio climático que se manifiestan en precipitaciones torrenciales y fenómenos hidrometeorológicos extremos, nos enfrenta constantemente a una verdad ineludible: la vulnerabilidad ante una catástrofe no distingue clase social, tipo de vivienda ni ubicación geográfica.

Pero no podemos ignorar que las dinámicas del mercado, la precarización del hábitat y la desigualdad estructural son las que transforman un evento natural en una catástrofe humana. La vulnerabilidad ante un evento natural está profundamente moldeada por la lógica capitalista. La búsqueda del beneficio económico sobre la sostenibilidad ambiental no solo acelera el cambio climático y la degradación de los ecosistemas, sino que determina quiénes sufren las peores consecuencias. La producción desmedida no solo sobrepasa la capacidad de regeneración de la Tierra —generando sequías, inundaciones y fenómenos extremos—, sino que redistribuye el riesgo de forma desigual.

Frente a esta realidad, la respuesta estratégica más acertada de una nación no radica únicamente en la capacidad de reacción ante la tragedia, sino en la construcción sostenida de una sólida cultura de prevención, identificación, mitigación y autoprotección ciudadana. En este horizonte, el papel de la educación universitaria y de la organización popular ha sido fundamental y profundamente visionario.

 

El acierto educativo: PNF e inclusión en la Misión Sucre

La consolidación del Programa Nacional de Formación (PNF) en Protección Civil y Administración de Desastres en instituciones como la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad (UNES) y la Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (UNEFA), representa un hito técnico e ideológico. Estos programas están diseñados para formar un talento humano especializado, crítico y comprometido, capaz de ejecutar acciones para la reducción del riesgo, brindar una respuesta eficaz en el desastre y liderar los procesos de rehabilitación comunitaria.

El paso más democratizador en la masificación de este conocimiento ha sido la inclusión de la unidad curricular de Protección Civil y Administración de Desastres en el Trayecto Inicial de la Misión Sucre. Garantizar que cada triunfador y triunfadora, sin importar la carrera que haya elegido cursar, adquiera conocimientos básicos de autoprotección, primeros auxilios y gestión del riesgo, ha permitido sembrar una semilla de conciencia preventiva en miles de familias venezolanas. Reconocer esta visión integradora dentro de los planes de estudio es justo y necesario, pues transformó la formación académica en una herramienta directa para la preservación de la vida. Un acierto en la política pública de la educación bolivariana.

 

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El poder de la organización popular: Cartografía social y mapa de soluciones

Si bien los terremotos u otros eventos naturales pueden superar en ocasiones la capacidad física e infraestructura debido a su magnitud, aceleración del suelo o duración, la organización popular ha demostrado ser una de las fortalezas más valiosas en la atención temprana de contingencias.

En nuestras comunidades, a través de la articulación de los Consejos Comunales, la figura de los voceros de Ecosocialismo y Gestión de Riesgo ha cobrado una relevancia crucial. Las herramientas de la Cartografía Social, el Mapa de Riesgos y el Mapa de Soluciones, (habrá que adicionar el Mapa de Impacto), no son meros ejercicios teóricos, son instrumentos vivos de soberanía y protección que el Ministerio del Poder Popular para Planificación ha dispuesto construir comunitariamente.

A través de los censos comunitarios, el pueblo organizado ha logrado sistematizar información vital:

Ubicación exacta y recuento de adultos mayores, niños, niñas, adolescentes y personas con alguna condición especial o enfermedad crónica.

Identificación del perfil laboral y oficios de los vecinos (electricistas, plomeros, mecánicos, albañiles, personal de salud), cuyos saberes resultan decisivos en momentos de rescate o contingencia.

Esta información territorializada es un insumo indispensable para las autoridades y cuerpos de rescate al momento de abordar una emergencia.

 

Lecciones del pasado: Tragedias que exigen un compromiso ético

La historia reciente nos exige mantener la memoria despierta. Los dolorosos acontecimientos de 1987 en El Limón, Tacoa en 1982, los deslaves e inundaciones en Las Tejerías y El Castaño en Maracay en 2022, mostraron la fuerza implacable de la naturaleza y nos dejaron pérdidas humanas y materiales que enlutan nuestro recuerdo.

Sin embargo, el mayor homenaje que podemos rendir a quienes sufrieron estas tragedias es aprender la lección y no olvidar como trinchera del pueblo. Esta lección nos exige ser mejores seres humanos, más solidarios, más conscientes y más preparados. De manera conmovedora, hemos visto cómo a partir de los terremotos del 24J, se ha despertado entre los niños, niñas y jóvenes una profunda vocación y sensibilidad hacia el servicio público y la atención preventiva, incrementando el interés por cursar estudios en áreas de medicina, salud, veterinaria, bomberos y protección civil.

 

Propuesta de futuro: Universalización de la formación en riesgos

Por todo esto, es momento de dar un salto más allá en las políticas educativas y comunitarias y qué paso importante sería que se universalice en el currículo, la formación en Protección Civil, Prevención y Gestión del Riesgo, que sea materia obligatoria e inequívoca en todas las carreras universitarias, PNF y sistemas de formación de la juventud a nivel nacional. También es urgente masificar los talleres, simulacros y la conformación de brigadas de gestión de riesgo en cada comunidad, urbanización, barrio y caserío del país, que sectores más privilegiados comprendan la importancia de los consejos comunales y sus vocerías.

Formarnos en protección civil no es prepararnos para el miedo, sino armarnos de conocimientos para defender la vida, fortalecer la solidaridad humana y garantizar el desarrollo sustentable de nuestra patria.

 

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María Auxiliadora Castillo Espinoza (Valencia, Carabobo) es docente e investigadora de la Universidad de Carabobo (UC). Exrectora de la Universidad Politécnica Territorial de Valencia. Comunicadora social y productora y conductora del programa radial Verdiras y Mentades (RNV Región Central 90.5 FM).

Magister en Investigación Educativa y estudios de Postgrado en Lingüística; Doctora en Educación por la Universidad de Carabobo, ha llevado a cabo estudios postdoctorales en investigación y Especialización en Gerencia Pública.

 

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Ciudad Valencia/RM