Padre Samán: «Hablamos con «La Bacante” por Vicente Gramcko

0
149

Continuando nuestro empeño de conversar con las estatuas de la ciudad, valiéndonos de las técnicas de la “entrevista imaginaria”, hoy hablaremos con “La Bacante”, del escultor valenciano Andrés Pérez Mujica, que está en la plaza que lleva el nombre del artista, entre las avenidas Andrés Eloy Blanco y Monseñor Adams, a la altura de “El Viñedo”.

¿Desde cuándo está usted aquí?, iniciamos la entrevista.

Primero, amigo periodista, debe usted saber que yo no soy yo, dijo soltando su estática pose…

¿Cómo es eso?, preguntamos atónitos ante tal aseveración ontológica.

Nos contó que ella no es más que una réplica de una estatua hecha en 1913 por Andrés Pérez Mujica (nacido el 15 de noviembre de 1873 y muerto el 18 de diciembre de 1920) como cierre de un proceso de investigación técnica sobre la captación del movimiento en la materia inerte. La original se encuentra en la Galería de Arte Nacional en Caracas.

-Me replicaron en 1972 para la inauguración de la plaza “La Bacante” de la urbanización Trigal Centro. Cuando me pasaron para acá, a inicios de los años 90, al inaugurarse la plaza “Andrés Pérez Mujica” o “de las esculturas”, se hizo una tercera copia para aquella plazoleta, cuyo paradero desconozco. Aunque escuché decir que la están restaurando, afirmó.

Indicó que la idea de Pérez Mujica al hacer la estatua era captar la imagen de una mujer embriagada en alcohol, de ahí el nombre “La Bacante” con “b” labial; y no con “v” pequeña. Bacante es una referencia al dios Baco, la deidad de la bebida.

-Me da rabia que me confundan con una mujer en disponibilidad (o sea “vacante”) refunfuñó, al referirse a algunas personas que no saben diferenciar una palabra de otra.

La estatua nos dijo que su sitio es estratégico para observar a quienes pasan por ese cruce de avenidas, pues por allí se desplaza “media Valencia”.

Por tal motivo, le preguntamos sobre momentos alegres que haya podido observar y se refirió a los días en los cuales funcionaban los cafés en la urbanización.

-¿Y qué cosas desagradables recuerda?, inquirimos.

Se puso tensa, pensó un poco, y recordó los días en los cuales un grupo de delincuentes vino de noche y se llevó a algunas de las esculturas de la plaza.

-Incluso, alguien se llevó mi tirso hace poco, dijo refiriéndose a la vara que tenía entre manos y que formaba parte del diseño del escultor.

Le preguntamos si había visto quiénes fueron los ladrones, a lo que respondió ipso facto:

-Soy borracha; pero, no chismosa…

Acto seguido, regresó a su pétrea actitud.

En este momento, decidimos terminar la entrevista. Nos despedimos y le agradecimos su gentileza al recibirnos.

Como se sabe, esta obra fue premiada con mención de honor y diploma en la exposición de la Société Nationale des Beaux Arts en el Grand Palais de París, en 1928.

 

Y HASTA AQUÍ POR HOY. Cualquier comentario, favor al correo periodistavicente12@gmail.com

 

lee más: «La cena en Caracas de Aldemaro»

 

Vicente Gramcko