“El flaco” Diógenes Figueredo Lantos trasladó por carretera, en automóvil desde Soro, en la península de Paria, hasta Valencia, a los maestros Carlos García Maneiro y su esposa Isabelina Silva, y los entregó al cuidado de Tibisay García, hija de ambos.

Ancianos Carlos e Isabelina, sólo accedieron a este viaje bajo la promesa del pronto retorno a Soro, a su casa, cultivos y relaciones comunitarias allí, de vida privada y pública en cotidiana comunión en ese pueblo de unos quinientos habitantes, aproximadamente, con su carpintero de ataúdes como rústicos cajones y cementerio gratuito.

 

Soro-Sucre 5

 

Los achaques de la vejez y las complicaciones de salud postergaron este viaje, hasta que, a sus noventa y siete años de edad, Isabelina, después de un accidente cerebro vascular, cayó de su cama y se fue sin despedirse. Carlos Hermes García Maneiro le sobrevivió sin dejar de sentir sus andanzas y voces entre una y otra habitación.

“El Flaco” Diógenes Figueredo Lantos suspendía su atención al conuco solariego y suplía dominicalmente a Tibisay García en la atención de su padre. Hasta se compró un carro viejo para cumplir su promesa de retorno del viejo maestro a Soro. Finalmente, no pudo retirarse del lecho de enfermo de Carlos García Maneiro, midiéndole pulso y tensión, noche y día, sin ser médico, hasta que fueron bajando latidos, una y otra tensión y se fue retirando la vida y ya no hubo ni respiración ni nada y se apagó toda la luz de los ojos y de la sangre y del corazón del anciano.

el viejo maestro-Carlos García Maneiro

Algunos sábados, al final de la tarde, Diógenes y yo acompañamos al viejo maestro, ya en silla de ruedas, hasta la Casa de la Cultura del Barrio La Luz, en Naguanagua, y siempre consultábamos su juicio y valoración de esa actividad. Mucho insistió en la deficiente acústica de esa sala y su sorpresa y admiración por la participación de niños en los cantos de parranda que allí se sucedían.

Su insistencia en la acústica del lugar no tenía por qué extrañar en quien consideraba a Sócrates su filósofo inspirador como pedagogo y asimismo tributaba su admiración para con el “Orejón” Luis Beltrán Prieto Figueroa. De allí, de esos dinámicos encuentros, retornaba con nuevos ánimos, pendiente de la próxima salida, porque ya no caminaba y no podía salir por sus propios medios, sin la silla de ruedas y sin un automóvil.

el viejo maestro-Carlos García Maneiro

De nuestras conversaciones quedan, en su propia voz de narrador, los “Fragmentos de un Maestro”, con su ausencia no podemos ya detenernos a escuchar  sus recuerdos y lecciones sobre esa especie de papiamiento que existía en Soro por la coloquialidad de una lengua entrecruzada con nuestro mestizaje original y las voces multilingües que arribaban desde la isla de Trinidad.

Tampoco alcanzamos a dialogar sobre las implicaciones de su ruptura con el entonces ministro de Educación, el historiador Siso Martínez, que le exigió someterse a la línea de su partido Acción Democrática, lo que provocó su salida de estudios a los Estados Unidos de América.

Tras una llamada de Diógenes Figueredo Lantos, en la cual me informaba del fallecimiento del maestro Carlos Hermes García Maneiro, escribí para nuestros familiares, amigos y allegados sobre “Carlitos”, como a veces solía referirse jocosamente a sí mismo:

 

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Carlos García Maneiro, maestro por vocación irrenunciable y ejercicio en larga y fructífera vida, ensayista sobre temas pedagógicos a través de muchos libros y escritos inéditos, con larga experiencia trasmutada en enseñanzas e inspirados y sabios aforismos, Doctor Honoris Causa de la Universidad Pedagógica Experimental de Maturín, padre de Carlos Wilfredo García, no por casualidad “El filósofo” (joven mártir revolucionario venezolano, como su padre hijo también del pueblo de Soro, en la península de Paria) falleció en la  madrugada de este jueves 29 de mayo de 2025, en Valencia, tras larga, honrada y patriótica vida de servicio a los jóvenes venezolanos en el oriente del carite y la catalana, en el plexo solar de nuestros llanos, de las coplas de Florentino y la vida agreste, florecida y lúdica de Marisela y Rosalinda, y de disputa de machos en plena sabana por Paulina Colmenares.
El oleaje de la playa, la pleamar y la resaca sobre las playas de Soro, el  viento arremolinado sobre las palmeras y las uvas de playa, el habla en su casa deshabitada y de su  siembra solariega, avivan el fuego de su memoria y testimonio entre curtidos pescadores y sus mujeres de pañoleta.
“¡Viva Carlos García Maneiro!”, gritó un pescador desde la plaza de Soro, que esta vez no se movió de su lugar frente a la amenaza de piratas y corsarios, y sobre las viejas y altas ventanas de poyo tremoló nuestro tricolor.

 

Valencia, de Juan de Escalona, José Rafael Pocaterra, Arturo Michelena y Armando Reverón, el sábado lluvioso del 31 de mayo de 2025.

 

Ciudad Valencia / Juan Medina Figueredo