«Para vestir santos (un pedacito de mi vida en silla de ruedas)», por Ludyt Ramírez

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Para vestir santos

(Un pedacito de mi vida en silla de ruedas)    

 

Siendo adolescente tuve un accidente de tránsito, me facturé la columna, tuve lesión medular total.  Además varios de mis compañeros de la Brigada de Bomberitos de Valencia fallecieron, unos eran niños y otros adolescentes como yo.  Desde entonces me desplazo en silla de ruedas.

Cuando aquella médica nos informó que ya no volvería a caminar, un nudo espantoso se me hizo en la garganta.  Mi madre a mi lado no daba crédito a lo que escuchaba.  Fueron meses duros.  Las personas me visitaban en aquel hospital de Caracas a donde fui trasladada porque en mi estado en 1984 no existían Centros de Rehabilitación; era Caracas o te quedabas sin terapias.  Muchas de esas personas le expresaban a mi madre palabras de condolencia pues, prácticamente, en su mente yo ya no disfrutaría de los placeres de la vida (para ellos yo era una «invalida»).  Uno de mis tíos le expresó a mi madre: «Bueno chica, esto tiene algo bueno, Ludyt siempre estará contigo porque ella se va a quedar para vestir Santos».  Yo aún no entendía bien el alcance de aquellas palabras, pero me sonaron muy pesimistas.

Han pasado casi 38 años de aquellos duros momentos.

Mi madre siempre rebelde me dijo:

«Si vas a estar en silla de ruedas tienes más razones para seguir estudiando y graduarte».  Sus palabras aún resuenan en mi mente.  Me llevaba libros al Hospital.  Apenas salí de alta me motivó a buscar mi cupo en la Universidad de Carabobo y allí estudié Educación y egresé como Licenciada.  Entre estudios y vivencias conocí chicos.  Resulta que me gustaban y yo a ellos.  La silla de ruedas no frenó el desarrollo de lo natural en la vida.  Finalmente me quedé con uno, constituimos un hogar y llegaron dos hijas, Lucero y Estrella.  Los años pasaron, ellas crecieron, hoy soy abuela de Tianyou Wu Cedeño y viene en camino mi segundo nieto.  Quién le diría a mi tío y a toda esa gente hace 38 años que aquella adolescente no se iba a quedar para vestir Santos? Quién les diría que estudiaría, me graduaría y ejercería con pasión una carrera profesional? Quién les diría que me haría feminista, que sería protagonista de un proceso político en el que las inválidas, las incapacitadas, seríamos consideradas ciudadanas plenas de derecho? Quién les diría que un día llegaría al corazón del pueblo y luego a Miraflores un hombre único llamado Hugo Chávez que nos abrazó y nos vio como sus iguales?

Así que ya no vestimos Santos las mujeres con Discapacidad, a menos que nos dé la gana de hacerlo.  Ahora somos Mujeres plenas.  Nos sentimos orgullosas de vivir plenamente.  Sin duda, los prejuicios siguen instalados en el imaginario de mucha gente, pero nosotras ya no cedemos ante nadie que nos crea menos valiosas.  Ese es su problema.  El nuestro es seguir creciendo como humanas y seguir construyendo el sueño de Chávez. Somos mujeres, Somos Chavistas!

 

Por: Ludyt Ramírez Pineda

 

Ciudad Valencia – LSFLC