Hablar de la identidad cultural de Puerto Cabello es mencionar, de manera ineludible, a Pedro Salazar. Conocido entrañablemente como «El Llanero», su figura evoca la esencia misma del artista integral: aquel que hace de las tablas del teatro, del micrófono radial y del canto criollo un solo lienzo para servir a su comunidad.
En esta conversación profunda, recorremos las memorias, los hitos y las reflexiones de un hombre cuya vida ha sido, y sigue siendo, un acto incesante de entrega al arte.
Las raíces y la semilla del arte
Señor Salazar, para entender al artista hay que volver al origen. Nace un 28 de septiembre de 1961 en esta tierra porteña. ¿De qué manera el seno familiar impulsó sus primeros pasos en el mundo cultural y cómo influyeron sus padres, Ruperto Jesús Salazar y María de Jesús Brito de Salazar, en esa vocación?

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Mi motivación por el canto proviene directamente del hogar. Recuerdo a mi madre cantando mientras realizaba las tareas de la casa. Por su parte, mi padre, cada fin de semana cuando salía a la faena de pesca para llevar el sustento a nuestro hogar, cantaba galerones y fulías al ritmo del remo. Yo lo escuchaba atentamente e intentaba imitarlo. Además, a los nueve años, en el Grupo Escolar República de Honduras, y bajo la tutela de la profesora Aida de Prado, comencé a dar mis primeros pasos en la cultura interpretando y personificando manifestaciones folklóricas como El Maremare, El Pájaro Guarandol y El Chiriguare.
Muchos lo reconocen por la música y la locución, pero ¿cuál de estas disciplinas llegó primero a su vida y qué significó subir a un escenario por primera vez?
El orden fue contundente: primero fue el teatro, porque pisé las tablas a los nueve años; luego vino la música y, finalmente, la radio. Subir a un escenario por primera vez significó el despertar de una pasión que nunca más me abandonaría.
Hay instantes decisivos en la vida que marcan un rumbo definitivo. ¿Recuerda ese momento exacto en su juventud donde se dijo a sí mismo: «A esto me quiero dedicar»?
Ocurrió en la empresa DIANCA cuando tenía 17 años. Un compañero de trabajo llamado Antonio Cruz, que tocaba el cuatro, me preguntó si quería cantar. Lo hice con una naturalidad pasmosa, como si lo hubiera hecho toda la vida. Interpreté dos canciones: Laguna vieja, de Reinaldo Armas, y Vestida de garza blanca, de Pedro Felipe Sosa Caro. Al terminar, me dije con absoluta firmeza: «Yo voy a ser cantante».

El teatro como espejo de la sociedad
Desde su trayectoria en las tablas, ¿qué papel juega el teatro en la construcción de la identidad de una comunidad?
El teatro fortalece la identidad comunitaria porque sirve como espejo, punto de encuentro y memoria viva donde las personas reconocen sus historias, sus valores y sus desafíos compartidos. En pocas palabras, el teatro es la vida misma.
A lo largo de tantas interpretaciones, ¿cuál ha sido el personaje o la obra que lo ha marcado de manera más profunda?
El personaje del «Pobre Juan», en la obra homónima de Vicente Lira. Representar la tragedia de un hombre que, tras haber trabajado toda su vida sus tierras, se ve expropiado por el gobierno y sufre junto a su familia, me conmovió hasta las lágrimas. Fue una vivencia interpretativa que me dejó marcado para siempre.

La voz radial y el periodismo cultural
Su voz es una referencia en la radiodifusión local. ¿Cómo recuerda sus inicios frente al micrófono y cuál considera su primer gran proyecto radial?
Mi inicio oficial en la radio fue en el año 2001, en la desaparecida y jamás olvidada Sirena 98.3 FM, «La Diosa del Mar». Debo un agradecimiento muy especial a la Dra. Liane Narváez, su directora, quien me dio la oportunidad de conducir el programa Los Grandes del Folklore. Es un espacio que hasta el día de hoy sigo produciendo y presentando con el mismo cariño y dedicación de siempre.
Usted ha sido testigo y protagonista de la evolución de los medios. ¿Cómo analiza la transformación del periodismo cultural desde sus comienzos hasta la era digital de hoy?
El periodismo cultural ha migrado de los periódicos impresos hacia el entorno y las plataformas digitales, impulsado por el avance tecnológico, la transformación de los medios tradicionales y la aparición de nuevos creadores en línea. Un claro ejemplo de esta era es el diario digital Todo y Más Noticias.
A pesar de la inmediatez y la saturación de los medios digitales, ¿qué cualidad conserva la radio tradicional que ningún otro formato ha podido reemplazar?
La radio tradicional se mantiene insuperable gracias a su inmediatez, al hecho de ser emitida totalmente en vivo y a que funciona sin necesidad de una conexión a internet. Su formato puramente auditivo crea una cercanía y una intimidad con el oyente que la tecnología moderna no ha logrado igualar.

Vigencia del folklore y convergencia artística
La música llanera es un pilar fundamental en su carrera. ¿Cómo evalúa la preservación y transformación de este género en las nuevas generaciones?
Ha evolucionado de forma muy positiva. Hoy en día noto un interés renovado en la juventud, mucho mayor que en épocas anteriores, y esa fascinación de las nuevas generaciones es la garantía de que nuestra música se mantendrá viva en el tiempo.
Si tuviera que elegir un género o una composición que resuma la historia de su propia vida, ¿cuál seleccionaría?
Aunque le tengo un afecto entrañable al pasaje, para resumir mi vida me decanto por la fuerza de un golpe en tiempo de Gabán, un Seis Corrío o una Quirpa.
Actor, cantante y locutor. ¿En qué punto convergen el Pedro Salazar de las tablas, el del micrófono y el de la música llanera?
Convergen en todo momento. A través de la radio promociono la música criolla y abro los espacios publicitarios para invitar al público a ver una obra teatral; las tres facetas se retroalimentan y caminan juntas de la mano.

Legado, retos y visión de futuro
Mirando en retrospectiva toda una vida entregada a la promoción artística, ¿cuál considera que ha sido su mayor reto en este campo?
El mayor desafío ha sido, y sigue siendo, la lucha constante por abrir nuevos espacios para que los artistas puedan presentar su trabajo. Producir una obra de teatro o un espectáculo musical en una sala formal resulta sumamente costoso, y nunca debemos olvidar que estamos trabajando por y para la cultura de la gente.
Más allá de los escenarios, su labor tiene una clara vocación de servicio social. ¿Cuál siente que es su mayor aporte o el legado más valioso para la comunidad?
Haber servido de manera desinteresada llevando nuestro folklore a través de la música y el teatro a múltiples rincones de Venezuela. Un ejemplo tangible de esto son las jornadas a beneficio: en Puerto Cabello se suele hablar de 100 vendimias, pero yo he estado presente en más de 200. Cuando se trata de apoyar a alguien que atraviesa una necesidad, uno debe acudir sin dudarlo, porque nunca sabemos cuándo nos tocará estar del otro lado.
¿Qué motiva a Pedro Salazar a mantenerse activo en el camino de la cultura y qué consejo le transmite a los jóvenes que desean iniciar esta trayectoria?
A mi edad, sigo aquí porque disfruto aprender, sintetizar y compartir lo mejor del conocimiento humano para que todos sigamos creciendo día a día. A la juventud le diría que hoy se requiere disciplina, dominio de las herramientas digitales y una conexión genuina con el público. La tecnología avanza a pasos agigantados y ellos tienen el mundo por delante; lo importante es que hagan todo con absoluta pasión.
Para finalizar esta grata conversación: si tuviera que definir su vida en una sola palabra, ¿cuál elegiría?
Humildad.
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