Coloquialmente utilizamos indistintamente las palabras tiempo y clima para referirnos a las condiciones meteorológicas imperantes en determinado momento. Sin embargo, existe una diferencia semántica entre ambos términos que vale la pena conocer.
El tiempo es una representación momentánea de las condiciones meteorológicas, en tanto el clima describe el comportamiento meteorológico de un lugar durante un lapso mayor o de forma permanente.
Podemos referirnos al tiempo diciendo que llueve, que cae nieve o granizo, que hace sol o que hay mucho viento. Por otra parte, al hablar del clima usamos adjetivos como templado, lluvioso, polar, árido o tropical, entre otros.
Esta aclaratoria la hago antes de entrar en el tema que propongo en el título. Y es que lo que se mide y pronostica en cuanto al clima es el tiempo que hará en un lapso determinado, por lo general al día siguiente al que estamos viviendo o a un lapso determinado de dos o más fechas.
Tales vaticinios tienen muy mala fama, ya que, con demasiada frecuencia, resultan erróneos. Lo más común es que, cuando se anuncia un día lluvioso, en las veinticuatro horas que lo componen el sol permanezca en el cielo brillando con total intensidad.
Por el contrario, cuando se informa que mañana hará un sol esplendoroso, llueve, truena y relampaguea durante horas, como si las nubes hubiesen desatado un nuevo diluvio universal o, al menos, local.
Tal imprecisión nos lleva a hacernos la siguiente pregunta: ¿por qué los pronósticos del tiempo resultan, casi siempre, tan poco acertados?
Da la impresión, por la cantidad de desaciertos, que la predicción del tiempo estuviera en manos del azar, igual que las carreras de caballos y las loterías. Sin embargo, no es así y, aunque la mayor parte del público no lo perciba, tales pronósticos son cada vez más precisos.
Por supuesto, aún no se ha obtenido una exactitud del cien por ciento en el vaticinio de las condiciones meteorológicas de un lugar o una región, pero hoy en día son más los pronósticos acertados que los errados.
Gracias a ello, en los países donde hay posibilidades de que llegue un huracán, un tifón o un ciclón, o en aquellas regiones donde son frecuentes las trombas y los tornados, se salvan cada año decenas, cientos y hasta miles de vidas.
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La razón por la cual los pronósticos del tiempo no son del todo confiables radica en que ni los científicos ni el instrumental con que cuentan –incluyendo computadoras y satélites– pueden controlar todas las variables que presenta la naturaleza. Además hay que sumar la gran cantidad de equivocaciones humanas, mecánicas y estadísticas que pueden producirse al tratar de pronosticar el tiempo.
Esta falta de exactitud al pronosticar cuál será el comportamiento meteorológico en las próximas horas o dentro de un día nos recuerda que no estamos ni estaremos nunca en condiciones de domesticar por completo a la naturaleza, ni siquiera contando con las más sofisticadas tecnologías.
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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
Ciudad Valencia / Foto del autor Gerardo Rosales









