Tres mil años de agricultura
La agricultura se inició en Venezuela hace algo más de tres mil años, no en una zona en particular del territorio que hoy ocupamos, sino en varias.
Se desconoce la razón por la cual, más o menos simultáneamente, varias etnias decidieron abandonar la recolección itinerante de frutos y se dedicaron al cultivo de determinadas especies.
Diversos rastros obtenidos por paleontólogos y paleobotánicos expertos han permitido descubrir que hace tres milenios, aproximadamente, se intensificó el cultivo de yuca, papa, maíz y algunos otros vegetales.
La yuca se cultivó en Guayana y la región nororiental; la papa y el maíz en los Andes y en la zona del piedemonte que hoy ocupa el estado Barinas.
DEL MISMO AUTOR: LA SIMULTANEIDAD Y EL CEREBRO HUMANO
Deporte otomaco
Mucho se ha hablado de los juegos de pelota precolombinos de los mayas y los aztecas como remotos antecedentes del basquetbol, pero muy poco se ha dicho de las competencias deportivas que realizaban nuestros indios otomacos, los antiguos habitantes de las regiones bañadas por el Orinoco.
Al respecto, existe el testimonio del padre catalán Joseph Gumilla, autor de El Orinoco Ilustrado, quien en la primera mitad del siglo XVIII observó un juego de pelota entre los otomacos que, según describió, se jugaba entre dos grupos de 12 individuos cada uno.
Usaban una pelota grande de caucho que con un leve toque rebotaba tan alto como la estatura de un hombre.
Este tipo de competencia, en el que solo estaba permitido tocar la pelota con el hombro derecho, era un deporte muy popular entre la comunidad otomaca.
Lamentablemente, la etnia de los otomacos hoy está totalmente extinta y, por ello, su llamativo juego de pelota se ha hundido en el olvido.
Venenos coloniales
En los días de la Colonia, y con el propósito de liberarse de la esclavitud a la que se veían sometidos, muchos indios e indias de servicio asesinaban a sus amos envenenándoles las comidas o las bebidas.
Esta práctica se hizo común en las poblaciones conocidas entonces como encomiendas, no solo como el único modo de lograr la libertad, sino para vengar los frecuentes raptos de indias que hacían los encomenderos.
El veneno fue también la salida para muchos esclavos africanos, pero no para tantos como los indios, pues los esclavos del llamado Continente Negro no estaban muy familiarizados con las plantas venenosas de nuestro país.
También hubo casos de envenenamiento entre colonizadores o blancos criollos, pero solamente se trató de hechos aislados.
Barrica de petróleo y no barril
El primer barril de petróleo que fue enviado desde Venezuela a algún lugar en el mundo salió de nuestro país el 30 de abril de 1539 con rumbo a España.
No fue un barril como los que conocemos, sino una barrica de madera, de las usadas en España y en el resto de Europa para transportar vino.
Esa barrica de petróleo –una sola– partió a bordo de la nao Santa Cruz, enviada por don Francisco de Castellanos, tesorero de Nueva Cádiz (Cubagua), para aliviar la gota de Carlos I, rey de España y emperador de Alemania, nación en la cual su nombre cambiaba a Carlos V.
El medicamento como que no le hizo efecto porque, entre 1555 y 1558 –el año de su muerte–, el mismo mal obligó a Carlos I a abandonar los cinco tronos que detentaba: el de España, el de Alemania y los de Flandes, Brabante y Sicilia.
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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
Ciudad Valencia / RN / Foto del autor Gerardo Rosales











