En el panorama de la poesía venezolana contemporánea, la voz de Simonny Azul Urdaneta emerge en su honestidad descarnada y precisión lingüística. “Quédate”, antología personal publicada por Ediciones Madriguera, con una nota prólogo de Laura Antillano, es una compilación de 42 textos y un mapa íntimo y a la vez colectivo, que recorre los espacios de la pérdida, la vigilia, la mentira y la resistencia cotidiana.

El lenguaje, de una aparente sencillez cercana al habla, es en realidad el fruto de un cuidado artesanal que bebe de la tradición poética valenciana más vigorosa, depurándola hasta convertirla en un instrumento de filosa inmediatez.
La obra de Azul Urdaneta se inscribe con naturalidad en lo que teóricos y poetas como José Carlos de Nóbrega, Enrique Mujica y yo mismo hemos señalado como “poesía del decir”.
DEL MISMO AUTOR: POEMA Y LECTURA DE JOSÉ CARLOS DE NÓBREGA
Esta corriente, más que una escuela, es una actitud frente al lenguaje: un esfuerzo por despojar al poema de todo ornamento superfluo para alcanzar una elocuencia a través de lo esencial. No se trata de un realismo simple, sino de una concentración expresiva donde la palabra, desnuda y precisa, la imagen, carga con el peso total de la emoción y la idea. Es un decir que, paradójicamente, encuentra su mayor potencia en el señalamiento de sus propios límites y en los silencios que lo rodean.
Los poemas seleccionados para esta nota son bastante significativos para comprender este proyecto estético. En Poema allanado la metáfora se convierte en el eje de una reflexión sobre la escritura y la intimidad bajo sospecha. El deseo por un “poema claro / ausente de metáforas / que puedan comprometerme” es su manifiesto del decir.
La palabra quiere ser “huella digital”, única e identitaria, pero al mismo tiempo reconoce que ya ha sido “allanado y bajo vigilancia”. La tensión culmina en el verso final, de una ironía: “aunque sé / que tengo derecho a guardar silencio”. El poema ejerce ese derecho al declararlo, haciendo del acto de callar una forma superior de decir.
Este cuestionamiento de la utilidad del oficio poético se ahonda en Como una costumbre. Aquí, el “decir” choca contra la crudeza del mundo: “escribo poemas de amor / mientras los niños mueren”. La escritura se vuelve un ritual inútil, una costumbre que se practica a pesar de la evidencia de su irrelevancia frente al dolor ajeno.
El poema no ofrece consuelo; se limita a constatar su propia incapacidad: “éste poema no tiene / ni siquiera una respuesta”. Es la honestidad que se autocuestiona, que se expone en su fragilidad.
La mirada hacia los otros, como espejo fragmentado, se explora en Busco repetirme en los otros. El “decir” aquí es un acto de búsqueda identitaria a través del reflejo en la hija, en los amantes, en los poemas mismos que “soportan / aburridos y en silencio todas las visiones / que les muestro de mí misma”. La voz poética no se afirma, sino que ensaya y se dispersa, encontrando su relato en la mirada del otro.
Poemas como En esta ciudad una mujer espera y Salida de Emergencia muestran la dimensión urbana y existencial de este decir. En el primero, el ritmo acelerado de la ciudad contrasta con la pausa de una mujer que espera “el pedazo de silencio que le falta / para poder llorar”. El decir no es ruidoso; es la paciente articulación de un vacío.
En el segundo, la voz se desprende de las marcas tribales (“no pertenezco a pandilla alguna”) para situarse en un “cerco”, un “borde”, un espacio liminal donde “ya ninguna acequia dice tu nombre”. Es un decir que nombra la desconexión y la espera de un turno ante “la brasa” de la vida.
Finalmente, el texto He dicho tantas mentiras lleva la poética del decir a su paradoja más íntima. La mentira, aprendida como un arte, se internaliza hasta corroer la certeza de la propia identidad: “no sé si pueda encontrar ese pedazo de cuerpo donde me escondo”. El cierre, “también de una mentira nació la hija”, es un golpe demoledor que cuestiona los orígenes mismos del ser y el relato que nos contamos, demostrando que a veces el decir más verdadero es el que desnuda la falsedad de nuestros cimientos.
“Quédate”, en su conjunto, es un libro necesario. Simonny Azul Urdaneta, desde su labor como docente en la Universidad de Carabobo, también nos entrega una poesía que no pretende adoctrinar ni embellecer, sino testimoniar con lucidez y valor.
Es una poesía del decir que, al nombrar los silencios, las dudas y las grietas, termina por decirnos algo profundamente verdadero sobre lo que significa estar vivos en este tiempo y en esta ciudad. Una antología para quedarse, para releer y descubrir en cada lectura una nueva capa de su honesto y conmovedor mundo.
Prólogo de Laura Antillano a la antología «Quédate»
El prólogo de Laura es un ensayo lírico que dialoga con la poética de Azul. Ella estructuró su texto como un mapa de lectura que anticipa y descifra los principales registros y obsesiones temáticas que el lector encontrará en el libro. Se inicia definiendo la experiencia de la lectura poética como una «placidez» que contiene «lo inesperado».
Esta aparente contradicción es fundamental. Señala que la poesía de Azul Urdaneta opera en ese espacio liminal entre la serenidad y la conmoción, ofreciendo una «emotividad renovadora».
No se trata de un consuelo simple, sino de un hallazgo que «levanta el ánimo» a través del asombro. La idea de que el poema es «el recuerdo de algo que consideramos habíamos vivido ya» conecta con la teoría platónica de la anámnesis, sugiriendo que esta poesía revela verdades profundas que ya habitaban, latentes, en nosotros.
Laura destaca con acierto esa la cualidad sensorial y cercana de esta poesía. Habla de un «hallazgo intenso de sensualidad y cercanía».
La «cercanía» no es solo temática, sino formal: un lenguaje que se acerca al habla, pero tallado con precisión. Antillano subraya cómo la autora toma «caminos cotidianos» para abrir «puertas a otras vibrantes imágenes», es decir, cómo lo ordinario se transfigura en revelación poética sin perder su raíz terrenal.
El prólogo identifica con claridad el tema central de la antología: Antillano no lo reduce al romanticismo convencional. Por el contrario, amplía su espectro para incluir «el encuentro con los otros» y «la convivencia plena».
Esta lectura es especialmente pertinente para poemas como Como una costumbre, donde el acto de escribir poemas de amor choca con la crudeza del mundo, mostrando una faceta más conflictiva y desencantada del amor. Al mencionar «el estallido rítmico del encuentro y el desencuentro», Antillano capta la naturaleza dialéctica y a veces dolorosa de las relaciones en la poesía de Urdaneta.
Como buen prólogo para una antología, Antillano sitúa la obra en el tiempo. Señala «la progresiva madurez de la escritura de la autora», indicando que el libro no es una mera suma de textos, sino un «viaje de verdadero poder emocional constitutivo». Esta perspectiva diacrónica permite al lector apreciar la evolución de la voz poética de Urdaneta, desde sus primeros libros hasta los más recientes, entendiendo la antología como un organismo coherente donde se «sedimenta» una visión del mundo.
El prólogo de Laura Antillano proporciona las claves interpretativas esenciales para adentrarse en el libro. Laura perfila a Simonny Azul Urdaneta como una poeta de lo sensorial y lo inmediato, cuya obra se construye sobre la paradoja de encontrar lo extraordinario en lo cotidiano y explorar el amor en todas sus facetas, desde la más ardiente hasta la más desgarradora.
Su texto es, en sí mismo, un fragmento de crítica literaria elegante y penetrante que valida la importancia de esta antología dentro del panorama poético venezolano contemporáneo.
Cuatro poemas de Azul Urdaneta
Salida de Emergencia
No pertenezco a pandilla alguna
mira mis nalgas sin las marcas del fierro mira mis ubres firmes y vacías
apenas ornamento de días soleados
en este cerco en este borde de la tarde aguarda expectante el alma
este medio círculo
círculo completo
qué cosa escribe en el cielo
duérmete allí
donde no hay noche sino grillos duérmete ahí de pie no más
pedazo de carne fresca
que la brasa siempre espera
el turno de cada cual
y ya ninguna acequia dice tu nombre tampoco el río.
(Halo y otros poemas, 2021)
Como una costumbre
Como una costumbre
escribo poemas de amor
mientras los niños mueren
en las calles de algún pueblo
Como si fuera una costumbre publico libros
para lectores ausentes mientras los árboles caen
bajo el peso del metal
se ha vuelto tan inútil
este oficio de escribir
donde guardo el eco de las voces que callaron
en qué verso intimista lo soporto éste poema no tiene
ni siquiera una respuesta
(Como una costumbre, 2010)
Poema allanado
Intento escribir un poema claro ausente de metáforas
que puedan comprometerme un poema huella digital
que diga tu nombre de manera única que se sepa allanado y bajo vigilancia intento
escribir
un poema
aunque sé
que tengo derecho a guardar silencio
(Como una costumbre, 2010)
Busco repetirme en los otros
los hombres que me vieron tienen algo
que recuerda
lo que fui
ensayo en
el espejo de mi hija
la cara en la que quiero que me miren
sobre todo
estos poemas soportan
aburridos y en silencio todas las visiones
que les muestro de mí misma
(Los cuentos de hadas no hablan de sexo, 1997, 2002)
***

Luis Alberto Angulo [Rivas], nació en Barinitas, estado Barinas en 1950. Desde 1972 reside en Valencia (Carabobo). Poeta y articulista.
Bibliografía directa: Antología de la casa sola, Una niebla que no borra, Antípodas, Fusión poética, La sombra de una mano, Antología del decir, Coplas de la edad ligera.
Premios: “IV Concurso Internacional de la revista Poesía (UC)”, así como de los certámenes nacionales de poesía “Francisco Lazo Martí” y “Rómulo Gallegos”.
Antólogo de: San Juan de la Cruz, Miguel Hernández, Enriqueta Arvelo Larriva, Ana Enriqueta Terán, Gelindo Casasola, Ernesto Cardenal; “Rostro y poesía, poetas de la Universidad de Carabobo”, “El corazón de Venezuela, patria y poesía”.
Coautor con Luis Alberto Angulo Urdaneta de “Viento barinés”; con Luis Ernesto Gómez de “Poetas venezolanos en solidaridad con Palestina, Irak y Líbano”; con Nereida Asuaje de “Lubio Cardozo, Del lugar de la palabra”.
Textos suyos aparecen incluidos en las antologías: “Jóvenes Poetas de Aragua, Carabobo y Miranda” (Fundarte 1978), de José Napoleón Oropeza; “Poetas de Venezuela (Revista Poesía UC), de Reynaldo Pérez Só, y “Barinas, cien años de poesía” (1995), de Leonardo Gustavo Ruiz.
Ha sido invitado en varias ocasiones al Festival mundial de Poesía de Venezuela y a la Feria Internacional del libro de Venezuela (Filven).
Ciudad Valencia / RN












