En el vasto archivo de la memoria carabobeña, existen relatos que trascienden el papel amarillento de los documentos oficiales para encarnarse en la voluntad de su gente.

Hoy, «Vestigios del Pasado» se sumerge en la biografía de una mujer que desafió los límites biológicos y las expectativas sociales: María Magdalena Villalba de Báez. A sus casi cien años de vida, su historia no es solo una cronología de fechas, sino un testimonio de cómo la adversidad de una infancia rural y los desafíos de la salud pueden transformarse en una trayectoria deportiva de alcance mundial. Ella representa la prueba fehaciente de que el envejecimiento no es un punto de llegada, sino una etapa de nuevos y vigorosos comienzos.

 

​El camino de la constancia: Raíces en los Valles de Montalbán (1926)

La historia comienza el 22 de julio de 1926 en el municipio Montalbán. Hija de Rafael Alfonso Villalba Conde y Josefa Dolores Marvez de Villalba, María Magdalena nació en el seno de un hogar humilde. Siendo la mayor de sus hermanos (Elvia, Alí, Nelis, Ana, Ligia y Rafael «Timocenco»), recuerda una infancia marcada por la pobreza extrema, pero también por una resiliencia temprana que le permitió sobrevivir y forjar su carácter en el campo venezolano.

 

​Formación y servicio (Juventud)

Buscando mejores horizontes, dejó su tierra natal para trasladarse a Caracas gracias a una beca del gobierno de los Estados Unidos. Durante seis meses, participó en un curso intensivo de artes y oficios diseñado para mejorar la calidad de vida en las zonas rurales. Allí aprendió técnicas de costura, cocina, conservación de alimentos y mejoras para el hogar, conocimientos que reflejaban el espíritu de progreso de la época.

María Magdalena Villalba de Báez

​El encuentro con el agua (1983)

El destino de María Magdalena cambió radicalmente a los 57 años. Tras un diagnóstico de diabetes, el doctor Miguel Sampedro le prescribió ejercicio como parte vital de su tratamiento. Fue una vecina quien la llevó al Ynca, donde conoció al profesor Polo, director de la institución. Bajo la tutela de entrenadores como Rudy Galea y Diego Galea, lo que comenzó como una necesidad médica se convirtió en una pasión. El agua no solo controló su enfermedad, sino que le otorgó una nueva vitalidad.

 

 

El salto al alto rendimiento (Misael Delgado)

Su destreza natural la llevó a participar en competencias internas donde su talento no pasó desapercibido. Fue captada por el equipo del Polideportivo Misael Delgado en Valencia. Allí comenzó su vínculo con Jhojan Montilla, su actual entrenador y a quien ella considera un segundo hijo, quien la guio profesionalmente hacia el éxito internacional.

 

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Una embajadora en el mundo

A partir de los 60 años, María Magdalena inició una gira de éxitos que la llevó a cruzar fronteras. Su primer viaje internacional fue a Puerto Rico, donde alzó su primera copa fuera del país. A este le siguieron hitos en México, Brasil, Cuba, Argentina, Colombia, Estados Unidos, Perú y un campeonato mundial en Australia. Su colección de medallas llegó a ser tan vasta que, según relata, se contaban por docenas y docenas, ganando hasta cinco medallas por competencia en diversas pruebas.

María Magdalena Villalba de Báez

El presente de una campeona

Aunque el paso del tiempo ha ajustado sus ritmos —pasando de nadar 800 metros continuos a completar series de 100 metros—, su presencia en la piscina sigue siendo constante. María Magdalena continúa nadando, demostrando que la disciplina y la dieta, combinadas con la pasión, son el verdadero elixir de la larga vida, aparte del verdadero amor, atención, cuidado y cariño que sus familiares puedan dar todos los días, como lo hace su único hijo Orlando Báez quien cuida de ella junto a su esposa, Nelly Carpio Monsalve acompañándola a sus prácticas de natación varias veces a la semana.

La trayectoria de María Magdalena Villalba de Báez es un pilar fundamental para entender y concientizar sobre la longevidad y como una buena calidad de vida puede ser posible bajo cualquier circunstancia, siempre y cuando se quiera con voluntad propia.

El mérito no reside únicamente en las medallas pérdidas o ganadas, sino en el mensaje de inclusión y motivación que proyecta hacia el adulto mayor. Nos enseña que el cuerpo, lejos de ser una limitación, es un vehículo de superación si se cultiva con determinación. Para todo el estado Carabobo, María es un vestigio vivo de dignidad; una mujer que, nacida en la humildad de Montalbán, logró conquistar las aguas del mundo, recordándonos que nunca es tarde para lanzarse a la piscina y empezar de nuevo.

 

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Ciudad Valencia/RM